«Bluebeard», de O. Flandrois, una de las piezas de la muestra «To Shave or Not to Shave», en la Alianza Francesa de Málaga
«Bluebeard», de O. Flandrois, una de las piezas de la muestra «To Shave or Not to Shave», en la Alianza Francesa de Málaga
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Cogido por los pelos: tres citas artísticas en Málaga

El 24 y 25 de enero se celebró la primera edición de Art&Breakfast en Málaga. La feria contó con un programa paralelo del que sobreviven algunas citas. Un asunto «peliagudo»

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Recordaba en una conferencia en el Thyssen-Málaga la historiadora Lucinda Hawksley que, antes de que Conchita Wurst ganara Eurovisión (y ahora no me vengan con que no saben de quién les hablo), un grupo de «ortodoxos» ortodoxos la pusieron de vuelta y media por cantar vestida de mujer luciendo una cuidada barba. «Es como si nadie se hubiera dado cuenta de que a la austriaca la atacaban unos señores que llevaban barbas y faldas más largas que las suyas», bromeaba.

Y resulta curioso que esta defensa de una «barbuda» la haga precisamente ella. Ella, que sufre fobia al vello facial... Sí, sí. Ese trastorno existe y tiene un nombre sonoro: pogonofobia. El mismo que llevó en su día a esta tataranieta de Charles Dickens (y cuyo abuelo se empeñaba en acompañar los christmas y tarjetas de cumpleaños con mechones de su barba. ¡Normal que ella las odie ahora!), a escribir el volumen Moustaches, Whiskers & Beards, basado en su experiencia en la National Portrait Gallery de Londres, conviviendo con cientos y cientos de históricos melenudos.

Martín Bermejo ha pasado por la barbería a grandes prohombres

To Shave or Not to Shave, la muestra de la Alianza Francesa, es un capítulo más de ese libro que recorre el influjo que el vello facial ha tenido en la Historia, de Mesopotamia a Eurovisión 2014. Ahora es el turno de los jóvenes artistas, que ilustran el sentido de tanto pelo, como símbolo identitario, de poder y de género.

El enlace con el pasado (Herodoto escribió contra la depilación) se plasma en la pieza de Ignacio Estudillo, con la que arranca una muestra pequeña y abigarrada, pero curiosa. Para algunos creadores, la barba (por no decir lo hipster) es un invento 2.0, y de ello se mofan Ricardo Cavolo y Alfonso Casas. Para otros, aunque suene raro, el trabajo se centra de forma casi exclusiva en el vello facial ( Olivier Flandrois o Ildefonso Martín).

Hacer la peineta

Más interés tiene cómo, a lo largo de los siglos, perillas o bigotes se convirtieron en símbolo de estatus (y ahí tenemos a faraonas como Hatshepsut, que se los colocaron de peineta) y, por lo mismo, de virilidad. Esta queda subvertida en los trabajos de A. Gillet & T. Montamat o Manuel A. Domínguez. Y si hubo autores como Van Dyke que, en inglés, han dado nombre a una forma de arreglarse la barba, en la época de los selfies y cada uno con su estilo, J. L. Puche y David Catá se autorretratan con ella.

Pelo (en cara o pecho) como metáfora de poder en Antonio Fernández Alvira y Eugenio Merino, mientras que la misma repulsión que Lucinda siente por él es la que puede que experiemente el espectador que ve al chico que sufre hipertricosis y que fotografía Carlos Aires.

Un último apunte. La intervención de Javier Calleja en Casa Sostoa

En el otro lado de la balanza y para que Hawksley se sienta cómoda, a Los Interventores se les ocurrió un bonito homenaje: regalarle una Historia del Arte a su medida. Para tal fin (y excluído de To Shave...), Guillermo Martín Bermejo ha pasado por la barbería a grandes prohombres de todos los tiempos y ha reinterpretado sus retratos icónicos en «bellos» dibujos sin «vello»: «Al hacerlo -reconoce- la aparente broma se ha convertido en un trabajo lírico brutal. Ha supuesto despojarles de su identidad, de sus atributos de poder, poner en duda su sexualidad». Zeus se transforma en efebo; Felipe II, en un muchachete; Rafael y su modelo, en amantes... Las imágenes de la muestra se han recogido en un delicado libro de artista, mientras que en la habitación que las alberga se habilitó una cama para que Hawksley, por primera vez en su vida, pudiera dormir plácidamente rodeada de la historiografía con la que trabaja.

Un último apunte. La intervención de Javier Calleja en Casa Sostoa. Él no habla de barbas, pero, como tiene una, lo incluímos. Si no conocen este espacio, deberían. Su generoso propietario cede su vivienda a los artistas para que la intervengan. No dejen de perderse por las estancias de Long Way Home y descubrir las sorpresas preparadas por el malagueño. Los pelos como escarpias.