De izquierda a derecha, Gabriel García Márquez, Toni López Lamadrid, Beatriz de Moura y Mercedes Barcha en la sede de Tusquets en 1997.
De izquierda a derecha, Gabriel García Márquez, Toni López Lamadrid, Beatriz de Moura y Mercedes Barcha en la sede de Tusquets en 1997. - abc
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Beatriz de Moura: «Me gustaría volver a leer para saber qué me ha sucedido»

Tras cuarenta y cinco años dedicada a la edición, Beatriz de Moura, el alma de Tusquets, echa la vista atrás. Toda su trayectoria y un catálogo impecable caben en las páginas de «Por el gusto de leer». «Ahora me dejo vivir», confiesa

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Que Beatriz de Moura es una gran lectora se nota porque incluso al hablar respeta los signos de puntuación: se detiene, como marcando las comas, modula la voz, hace exclamaciones. Con la sinceridad que la edad suele imprimir en aquello que uno dice, contesta, a veces, «no lo sé». Esta mujer de setenta y cinco años, rubia y vestida de rojo, sentada cómodamente en el hall del hotel Wellington de Madrid, confiesa que, después de cuarenta y cinco años dedicada a la lectura, ha dejado de leer.

Fundadora de la editorial Tusquets, representa una manera de hacer edición que va desapareciendo. Por el gusto de leer (Tusquets), un libro de conversaciones con el periodista Juan Cruz, recoge su historia.

¿Pero, qué es lo que le pasa?

Que no me interesa leer. Y estoy un poco inquieta, no se crea que estoy feliz.

¿Esto le causa desasosiego?

¡Es que no estoy acostumbrada!

¿Ahora mismo no está leyendo nada?

Leo algo de ensayo, pero paso muchos ratos sin hacer nada. Gozo mucho de esos momentos, del instante. Simplemente estoy ahí, se me cruzan ideas, sin mucha continuidad ni mucha coherencia... Estoy en un período raro, que no sé a qué corresponde; quizás cuando lo sepa escriba algo, no lo sé. Ahora me dejo vivir. Y me he aficionado a las series.

«El mundo editorial está como yo, confundido»

Usted ha construido con Tusquets un catálgo de referencia a partir de las lecturas que le atraían. ¿Qué descubre de sí misma al repasar los libros de los que se ha rodeado?

Descubro, por ejemplo, qué clase de curiosidad tengo. Me gustan las novelas de intriga, porque es en ellas donde, por excelencia, la curiosidad se pone en marcha. Yo a veces voy más allá de las respuestas que me da el libro. No tengo el don de escribir, pero sí una imaginación que me sostiene muchísimo.

Una de las escritoras que han marcado su catálogo es Marguerite Duras. ¿Cómo era cuando la conoció?

Era muy vieja, o al menos estaba envejecida. Acababa de salir de una cura de alcohólica profunda, con lo cual era tremenda, porque hablar con ella era muy difícil. Como todos los alcohólicos, se hunden en silencios y no sabes cuándo saldrán. Con Marguerite empezabas una conversación y de pronto se paraba, entonces tú te parabas y sobrevenía el silencio. Claro, esto si estás en un restaurante, con el novio que ella tenía en aquella época (que era un jovencito adorador), y Toni [Antonio López Lamadrid]... Era de lo más anticlímax del mundo. Además, no podía beber y nos pidió que nosotros tampoco lo hiciéramos para que así ella resistiera a la bebida. ¡Imagínese!

También «tuvo el atrevimiento» de publicar a Woody Allen, que se dio a conocer en España antes como autor que como cineasta. Lo vio por primera vez en Las Vegas, ¿verdad?

No llegué a conocerlo. En un espectáculo de Harry Belafonte abarrotado de señoras llenas de plumas, ¡pum!, cae una cortina marrón, sube un micrófono, se enciende un foco, y él empieza a contar chistes en yiddish neoyorquino. El público de Las Vegas es raro, no sé cómo describirlo, pero es lo más lejano posible a Woody Allen. Empezaron a silbar.

«A Sor Juana hay que leerla a fondo. ¡Está ocultando lo que quiere decir!»

Afirma en «Por el gusto de leer» que con Beckett aprendió a disfrutar de una literatura más críptica. ¿Hay que hacer un esfuerzo lector para acceder a los mundos que encierra la literatura?

Mire, ahora me van a hacer un homenaje en México, muy hermoso, en la Cátedra Sor Juana Inés de la Cruz. Ella es una grandísima escritora, del período barroco, y un personaje muy especial. Al leer hoy la poesía de sor Juana, que es tremenda, encuentras vericuetos muy sorprendentes y muy poco propios de una monja. Pero el lenguaje es barroco, complejo, que oculta bastante a través de las palabras y de la colocación de las mismas en el verso. ¡Ella está ocultando lo que quiere decir! Y entonces hay que leerla muy a fondo. Con Beckett sucede lo contrario: lo críptico es casi como una instantánea; a través de dos imágenes puestas una al lado de la otra captas inmediatamente el sentido.

¿Es un mal contemporáneo el que todo el mundo se crea que es escritor muy rápidamente?

Un editor está obligado a leer una montaña de malos escritos. Hay un problema con la gente que manda manuscritos a las editoriales: todo el mundo cree que ha recibido el don del artista. Y, para escribir, además de tener las herramientas para expresar una idea, o un sentimiento, hay que saber contar una historia. Hoy existe algo, que es como un espejo maravilloso que le convierte a uno inmediatamente en escritor, que son los blogs. Esto no es de ayuda cuando alguien tiene algo similiar a un don. No se desarrolla porque, simplemente, están autosatisfechos. No hay exigencia.

En 1977 ve la luz la colección de novela erótica «La Sonrisa Vertical», dirigida por Berlanga. Un tema controvertido entonces... y sobre el que es difícil escribir bien.

Desde luego, muy difícil. Juan Marsé, que es un gran escritor, me dijo: «A mí me encantaría poder escribir un día una novela erótica». Al cabo del tiempo se lo recordé y me contestó: «Ya lo he intentado y es difícilisimo, creo que no voy a poder hacerlo nunca».

«La situación de Cataluña me deja desarmada. Me desarma»

¿Qué futuro le espera al mundo editorial?

El mundo editorial está como yo, confundido. La tendencia marca que sólo se podrá sobrevivir en el marco de los grandes grupos. Pero yo creo también en las pequeñas editoriales; siempre he creído en lo pequeño.

Ahora Tusquets pasa a formar parte de uno de los grandes grupos, Planeta. ¿No cree que supone arriar la bandera de la independencia? ¿No se verá afectado el carácter personal de su catálogo?

Vamos a ver. La independencia nunca existe del todo, de entrada yo nunca me sentí independiente. Nunca se es independiente porque la estructura de una editorial es una empresa donde hay personal, y tú eres responsable de esa estructura, de los compromisos que has adquirido. Yo tuve la suerte de tener a Antonio López Lamadrid a mi lado, que hacía esa parte empresarial. ¡Pero es que la una sin la otra no existe! La independencia está en el compromiso de hacer lo que te gusta siempre que no perjudique el bien general de la empresa. Y esto en un gran grupo es lo mismo.

¿Entonces me lo niega, la independencia es la misma?

De momento no se han metido con nosotros ni esto [y junta el pulgar y el índice con determinación].

¿Qué opinión le merece la situación de Cataluña?

La situación de Cataluña me deja desarmada. Me desarma. No entiendo cómo se puede seguir un impulso irracionalmente de esta manera. No lo entiendo. A mí me tendrían que explicar las cosas para que las entendiera.

¿No se siente cómoda?

Mire, incómoda yo, de una manera u otra, siempre he estado, también porque me he buscado situaciones incómodas. Pero lo que me sucede ahora es que mi historia no me sirve para entender lo que está pasando, es como si de pronto hubiéramos pasado a otra era.

¿Y qué piensa del nacionalismo como ideología?

Es que no lo concibo, simplemente. Para mí es irracional, y por lo tanto no puedo concebirlo. Yo nunca he seguido una tendencia porque sí... Tal vez soy así porque me hice una coraza desde muy joven. En la vida, cuando te sientes muy sola ante ciertas dificultades, piensas que tienes que fiarte de tu propio criterio.

«Ernst Jünger ha sido íntegro desde el primer canto al campo de batalla»

De Ernst Jünger dice que su escritura era gélida, pero verdadera. ¿Qué significa para usted «verdadera»?

Cuando Jünger escribe sus diarios, no oculta nada, ni lo bueno ni lo malo de sí mismo, y es independiente de las ideologías. Esto es algo tremendo precisamente en una época donde todo el mundo empezó a tener comido el coco por una ideología. Una persona que es tan auténtica consigo misma durante todo el siglo XX, que ha sido tan caótico y tan lleno de vaivenes (el chaqueteo del siglo XX ha sido espeluznante), merece mi respeto. Él ha sido íntegro desde el primer día, desde el primer canto al campo de batalla.

En el libro habla de grandes escritores que escriben poco pero dicen mucho. ¿Se publica demasiado?

No lo sé. Es que me coge en un momento en el que estoy poniendo en cuestión las cosas... quizás porque ya me he alejado del mundo editorial, y de las cosas que me cansaban, que hacían mella en mí mientras me alejaba. De nuevo, no sé cuáles son. En este momento, estoy observando, no he reflexionado sobre lo que me pasa. Me gustaría volver a leer para saber qué me ha sucedido.