John Waters, con su peculiar bigote
John Waters, con su peculiar bigote - abc
cine / libros

John Waters: «Puede que ya haya hecho mi última película»

Medio siglo de carrera no se cumple todos los días. El cineasta John Waters lo ha logrado. También ver «Carsick», su viaje en autoestop por EE.UU., entre los libros más vendidos allí. «Me confundieron con un indigente con delirios de grandeza», asegura

Actualizado:

John Waters es el mayor legitimador de la «cultura basura», un exquisito defensor del mal gusto y, además, un maníaco del control. Sólo bebe los viernes por la noche. Y si va a darse un atracón de caramelos lo planifica con semanas de antelación. Para un hombre así, lanzarse a hacer autoestop desde Baltimore a San Francisco es una aventura en principio inquietante.

Con 66 años (tiene 68) se fue a unos metros de su casa y empezó a hacer dedo. Fueron nueve días y veintiún viajes hasta que llegó a su apartamento de San Francisco. Con la experiencia hizo un libro, Carsick (Caja Negra), que ahora se publica en España. Con la experiencia y con la imaginación, porque las dos primeras partes son de ficción («Lo mejor que podría pasar» y «Lo peor que podría pasar»). Las más disparatadas, las más divertidas.

Waters escribe en «Mis modelos de conducta» que la ficción es la verdad. Pero en esa parte inventada tiene un encuentro sexual en la tercera fase con extraterrestres y, como consecuencia, su ano se vuelve mágico durante cuatro horas, lo que le permite cantar Lipstick on Your Collar a dúo con su adorada Connie Francis. «Se me ocurrió la idea de la parte de ficción antes de hacer el viaje real. Esa es muy parecida a mis películas. La parte de la vida real es sobre personas que probablemente no aparecerían nunca en mis películas», cuenta el director de cine a ABC Cultural en conversación telefónica desde Baltimore.

Cómo es Estados Unidos

La primera persona que lo recogió sabía quién era. «Me alegré mucho de que fuese una mujer sola con un niño, porque todo el mundo me dijo que una mujer sola con un niño nunca recogería a un autoestopista. Y sí, me reconoció totalmente.» Aunque no siempre fue así. «Al principio, esperaba que nadie me reconociese porque quería ver cómo era Estados Unidos. Pero después de estar esperando ocho o diez horas sin que nadie me recogiese, rezaba por que me conocieran y señalaba mi bigote. Resultó interesante ver cómo la fama nunca me perjudicó. Pero a veces, cuando la gente me preguntaba a qué me dedicaba y les decía que era cineasta, me miraban pensando que estaba loco, que era un indigente con delirios de grandeza.» Incluso hubo quien lo confundió con el actorSteve Buscemi.

Ese EE.UU. que quería conocer acabó siendo el de la gente normal. La mujer de un pastor, un joven republicano con un Corvette, un minero, un camionero o el grupo de rock Here We Go Magic, cuyos miembros tuitearon a Waters e hicieron viral el viaje. No lo recogió ningún pirado como esos que deseaba que lo pararan de adolescente cuando volvía del instituto en autoestop: «No, no me recogió ningún pervertido. Creo que tiene que ver con tener 66 años y no 18. Supongo que fue un poco decepcionante. Todo el mundo fue muy agradable y muy amable. Hay que recordar que la gente que recoge a autoestopistas no es una muestra representativa, ya que se sienten muy cómodos con otras personas, les gusta la gente y confían en ella.»

«No me recogió ningún pervertido. Creo que tiene que ver con tener 66 y no 18 años»

No llegó a darse su obituario deseado (o imaginado): «John Waters decapitado por un enfermo mental escapado de un manicomio». De hecho, además de las tediosas esperas, el peor momento fue uno en el que, estando con una pareja que lo había recogido, fue a pagar y no encontraba la tarjeta de crédito (John Waters llevaba dinero, tarjetas y un GPS para estar localizado). «Me entró el pánico y sabía que pensaban que les estaba acusando de habérmela quitado, pero nunca pensé que me la habían quitado. Perdí la calma. Fue el momento más embarazoso.»

«Fue como estar muerto, como un funeral»

También es cierto que hacer autoestop no es una actividad extraña para Waters, ni siquiera ahora. Lo hace habitualmente en Provincetown, lugar en el que veranea por su devoción a Tennessee Williams. Allí conoció el dramaturgo a dos de sus mejores novios. Y a Tallulah Bankhead. Una vez, desde Provincetown, Waters hizo dedo a Longnook, su playa favorita en Truro, con su amiga Patricia Hearts, para pasmo del que los subió.

En 2014 se han cumplido 50 años de la carrera cinematográfica de John Waters, que empezó en 1964 con el corto Hag in a Leather Jacket. La Film Society of Lincoln Center le rindió un homenaje en Nueva York el pasado mes de septiembre. En la retrospectiva, Fifty Years of John Waters: How Much Can You Take?, se proyectaron doce películas. De Pink Flamingos a Cry Baby, pasando por Hairspray o Polyester, que se exhibió retomando las odorama cards para que los espectadores pudieran oler lo que estaban viendo en la pantalla rascando una tarjeta (diez olores sólo, diez momentos en la película). Otras joyas de la muestra fueron Mondo Trasho y Multiple Maniacs, películas de 16 mm de la colección personal de Waters, que estaba encantado. «Fue fantástico. Fue como estar muerto. Como un funeral. No voy a conseguir nada mejor que eso incluso después de que haya muerto. Fue un gran honor.»

El cineasta no ha dirigido una película desde Los sexoadictos (2004). Ahora se dedica a la literatura y otras actividades. La pregunta obvia es si volverá al cine «Mi libro ha sido un éxito de ventas, pero mi última película no fue un éxito. No sé si les gustó. Ahora estoy haciendo un programa de televisión. Y tengo un acuerdo de desarrollo para una película de Navidad infantil llamada Fruitcake. ¿Quién sabe? Puede que ya haya hecho mi última película. Pero está bien, escribo libros.»

Su obituario ideal: «J. W. decapitado por un enfermo mental de un manicomio»

Además, gana dinero con ellos. «Carsick fue un éxito de ventas en EE.UU. Estuvo en la lista de los libros más vendidos durante 10 semanas. Hago monólogos. Tengo un espectáculo en directo llamado This Filthy World. También hago un espectáculo de Navidad llamado John Waters Christmas y voy a hacer 17 actuaciones en 20 días en diciembre. Estoy bien.»

Sin sexo, eso es para niños

Sobre la posibilidad de que sus películas vayan más allá de la gran pantalla ( Hairspray es un musical de Broadway), tiene algunas ideas. «Quiero que todas funcionen, pero no necesariamente en Broadway. Creo que Los asesinatos de mamá sería una buena serie de televisión semanal. Y Pink Flamingos, si quitas todo el sexo, sería una buena película de animación infantil. Quería hacer un espectáculo sobre hielo. Quiero hacer que todas funcionen otra vez.» También haría una película o una serie conCarsick si se lo propusieran. «Protagonizándola yo o no.»

En su libro Majareta. Las obsesiones del autor de Pink Flamingos hay una legendaria conversación con Pia Zadora, la protagonista de La marca de la mariposa («la única estrella de cine viva a la que siempre quise entrevistar»). Hace unos meses, Pia Zadora, de 61 años, considerada la peor actriz de los 80, sufrió un grave accidente con un coche de golf que conducía su hijo quinceañero.

¿Sigue en contacto John Waters con su ídolo trash? «Le escribí una carta y no sé si está bien o no. Creo que resultó muy malherida. No lo sé. No he recibido respuesta. Estoy muy preocupado. Hablé con ella hace muy poco por primera vez desde hace mucho tiempo e iba a regresar a los escenarios. Había cantado en San Francisco e iba a actuar en Las Vegas. No sé si está bien y debería intentar averiguar cómo está porque me preocupa. Estoy nervioso.»