El profeta de Galilea muerto y resucitado es, según Gomá, el modelo de «ejemplaridad perfecta». En la imagen, Cristo Pantocrátor de Santa Sofía (Estambul)
El profeta de Galilea muerto y resucitado es, según Gomá, el modelo de «ejemplaridad perfecta». En la imagen, Cristo Pantocrátor de Santa Sofía (Estambul)
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Javier Gomá: más allá de la ejemplaridad

En torno al sol de la ejemplaridad ha construido Javier Gomá toda una constelación de ensayos. Aquí explica la génesis de su «Tetralogía», el mejor exponente de la filosofía que hoy se escribe en español. El volumen llega a las librerías el 29 de octubre

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Todo empezó por un amor de juventud. En esa edad tan impresionable, un periodo particular de la historia de la cultura, la Grecia arcaica, me cautivó sin remedio. A través de la epopeya homérica, la teogonía de Hesíodo, la poesía de los líricos, la cerámica de figuras negras y rojas, la estatuaria de los kuroi o las vidas de los siete sabios entré en contacto por primera vez con el ideal de la ejemplaridad, ya realizado históricamente si bien todavía sin conciencia de sí mismo. ¿Qué es lo justo, lo bueno, lo útil, lo santo, lo noble, lo bello, en definitiva, lo humano? Lo que hacen y dicen los héroes ejemplares. ¿Qué es el ser? El ejemplo personal. ¿Qué es la verdad? Su imitación. He aquí la almendra de aquella temprana intuición. Cuanto vino después es sólo desarrollo de aquella visión originaria.

Por halago de la Fortuna, se ha cumplido en mi vida el lema que Goethe puso a su Poesía y verdad: «Lo que la juventud desea, la vejez lo concede con creces». Tras veinte años en vilo por la emoción del descubrimiento, sobrevino de pronto la definición. La gravedad infinita que había dominado esas dos décadas liberó su peso y se tornó productiva cuando, mudando mi intención primera, me resigné a no presentar la idea en un solo libro y en lugar de ello me formé un plan de cuatro.

En la década siguiente, incluso antes de que la juventud me desamparase del todo, me fueron naciendo los libros, uno detrás de otro, con curiosa puntualidad: Imitación y experiencia (2003), Aquiles en el gineceo, o aprender a ser mortal (2007), Ejemplaridad pública (2009) y Necesario pero imposible, o ¿qué podemos esperar? (2013). Cada título anuncia el siguiente y el posterior se refiere con frecuencia a los anteriores para que el lector advierta las conexiones sistemáticas que los inspira, explícitas en las introducciones de cada uno de ellos. Si puede hablarse de un plan es porque el ciclo entero ofrece, con diferentes perspectivas, una misma visión de la ejemplaridad, sol en torno al que rotan los cuatro planetas del sistema.

Aquiles se dirigió a morir a Troya. ¿Por qué tomó esta decisión?

El «universal concreto» del ejemplo

Si la concepción fue sistemática, la composición, en cambio, siguió un ritmo orgánico. No sólo cada libro es, por su contenido, plenamente autónomo y, por tanto, de lectura independiente, sino que además uno se diferencia del otro por su forma toda vez que, en su escritura, se dejó que fuera la naturaleza del tema la que eligiera en cada caso el tono y el estilo más convenientes al asunto.

Así, Imitación y experiencia, el primer título, se propuso establecer los fundamentos de una teoría general de la ejemplaridad, con su parte pragmática y su parte metafísica, poniendo así los cimientos de la construcciónque habría de levantarse en los otros tres. Este empeño pedía una extensa investigación de hechura académica. Porque un pensamiento que aspira a poner en el centro de su meditación el universal concreto del ejemplo debe justificar con buenas razones su pertinencia a la vista de las tendencias dominantes de la filosofía contemporánea, que caen casi sin excepción dentro del paradigma del universal abstracto del lenguaje.

Debemos aprender a ser mortales para ser individuales

A este efecto el libro reúne y ordena el vasto material disponible recurriendo a fuentes heterogéneas y usando una bibliografía muy variada. Sitúa la teoría general en la tradición intelectual que la hace inteligible y dedica largo espacio a narrar su historia desde los orígenes hasta nuestros días distinguiendo entre cuatro clases de imitación y tres grandes etapas culturales.

¿La virtud o la barbarie?

En contraste con esta exposición objetiva de los principios generales, Aquiles en el gineceo cuenta el proceso subjetivo y existencial de formación de la ejemplaridad sirviéndose para ello de un bello mito griego. Aquiles pasó su adolescencia en un gineceo siendo inmortal como un dios y en determinado momento lo abandonó rumbo al campo de batalla de Troya donde sabía que iba a morir. ¿Por qué tomó esa decisión?

Aquiles elige ser mortal porque la mortalidad es el precio que debía pagar por llegar a ser verdaderamente individual y merecer el título del mejor de los hombres. Todos nosotros recorremos también ese mismo camino del gineceo a Troya y, como Aquiles, debemos aprender a ser mortales para ser individuales. Pero individualidad y mortalidad no nos las podemos procurar por nuestros propios medios sino que son prerrogativas de la polis que esta otorga sólo al ciudadano virtuoso que imita la decisión trascendental del héroe mítico, paradigma de la ejemplaridad humana.

Llegados así a las puertas de la polis, el siguiente paso, confiado a Ejemplaridad pública, consistió en elaborar una filosofía política para el presente periodo de la historia de la cultura, la democracia. Tras la crítica nihilista a las creencias y costumbres colectivas, la polis contemporánea ha renunciado a los instrumentos tradicionales de socialización del individuo –que tan integradores y movilizadores demostraron ser en el pasado– sin haberlos sustituido de momento por otros igualmente eficaces. En esta situación, ¿por qué razón el ciudadano debe aceptar las limitaciones y deberes inherentes a una civilizada vida en común? ¿Por qué optar por la virtud y no por la barbarie?

Sólo la fuerza del ejemplo virtuoso puede promover la emancipación del ciudadano

El libro propone el ideal de la ejemplaridad pública, igualitaria y secularizada, como principio organizador de la democracia en la convicción de que, en esta época postnihilista, en la que autoritarismo y coerción han perdido definitivamente su poder cohesionador, sólo la fuerza persuasiva del ejemplo virtuoso, generador de costumbres cívicas, es capaz de promover la auténtica emancipación del ciudadano.

Mortalidad prorrogada

Los tres libros citados conforman una trilogía de la experiencia de la vida. Tratan de delimitar el marco de toda experiencia humana posible, cuyos límites se hallan fijados de modo inmutable por la estructura misma de la realidad. La experiencia de la vida contesta a la pregunta sobre qué expectativas reales podemos hacernos, en general, de este mundo nuestro, incluso antes de haber empezado a vivir. El concepto es solidario de la idea de ejemplo porque llamamos hombre experimentado precisamente a quien acumula experiencias ejemplares, aquellas cuya regla es válida más allá del caso singular en que surgió. Esta persona distingue lo que es posible de lo que no lo es y sabe subsumir la nueva situación presentada en las reglas de vida ya probadas en el pasado domesticando y humanizando así parcialmente la potencial peligrosidad del mundo.

Pero no del todo. Al final, el mundo exhibe una estructural injusticia con el individuo, dotado de una dignidad incondicional y, sin embargo, abocado a la indignidad de la muerte. Por eso es completamente natural que el yo moderno se interrogue sobre la posibilidad de una continuidad de lo humano más allá de la destrucción y corrupción finales. He aquí la cuestión de la esperanza en una supervivencia individual que Necesario pero imposibletrata de recuperar para la filosofía, que la había abandonado después de Kant.

El libro emprende primero la tarea de «civilizar el infinito», pues tal esperanza había llegado a la conciencia moderna envuelta en un universo simbólico privado de veracidad para ella. A continuación plantea sobre bases renovadas la posibilidad de una tal supervivencia y para ello, recurriendo a la última investigación sobre el Jesús histórico, vuelve la mirada a su precedente canónico en época histórica, el profeta de Galilea muerto y resucitado según sus seguidores y a quien estos, además, recordaron como un modelo de ejemplaridad perfecta. En continuidad con Aquiles en el gineceo, que estudia cómo ser individual en este mundo, Necesario pero imposible reflexiona sobre la esperanza de seguir siéndolo fuera de él.

Un aliento ontológico que busca comprender el «ser» anima esta obra

La trilogía describe una experiencia que todo el mundo comparte y con la cual pueden contrastarse la validez de sus afirmaciones filosóficas. Dado que la monografía de la esperanza tiene por objeto, en cambio, una materia de la que nadie tiene experiencia, prefiere un modo de argumentar condicional, tentativo, enderezado, no a probar la verdad de una supervivencia individual post mórtem, sino a establecer las condiciones bajo las cuales sería creíble o razonable pensar en esa hipótesis, que no sería nunca la de una inmortalidad del alma sino en todo caso la de una mortalidad prorrogada. Trilogía y monografía conforman a la postre algo así como un teorema sobre la experiencia y la esperanza, uno en el que las proposiciones filosóficas sobre estos dos conceptos fundamentales se infieren del axioma de la ejemplaridad previamente asumido cuando este es llevado a sus últimas consecuencias.

Un peso alado

Ha sido un trabajo arduo sostenido durante largo tiempo pero la carga de llevarlo a cabo ha representado uno de esos pesos alados que, en vez de aplastar, elevan: pondus in altum. Ahora que ya está hecha y observándola con distancia, acierto a ver en ella algunos rasgos distintivos. Es uno de ellos que se trata de una obra eminentemente literaria porque responde a la particular visio poética de su autor. No formula una teoría científica susceptible de verificación empírica sino que dibuja una imagen del mundo que aspira a ser atractiva y convincente para el lector, como lo haría un novelista, con la diferencia de que la novela muestra esa imagen y la filosofía la define mediante conceptos. Y de igual manera que nadie escribe novelas para que las lean sólo otros novelistas, así estos libros no han sido escritos tampoco exclusivamente para satisfacer el gusto de otros filósofos sino para todos aquellos que viven y envejecen en este mundo roto en fragmentos y hallan placer, interés o consuelo en una imagen unitaria. En cuanto literatura filosófica para todo el mundo y sobre la totalidad del mundo, merece ser calificada doblemente de filosofía mundana.

Otro de los rasgos distintivos de esta obra es que la anima, en lo más profundo y vivo, un aliento ontológico que busca comprender el «ser» y la verdad a partir del universal concreto del ejemplo personal. El concepto del universal concreto es un ritornelo que se repite en cada una de las cuatro entregas mientras que se convierte en tema explícito en la primera y en la última. Y como un biombo con dos bastidores simétricos unidos por un mismo gozne, cuando el impulso ontológico se traslada a los dominios prácticos –ético, político y poiético–, entonces la obra no desenmascara la siniestra tradición occidental ni dicta sentencia contra la modernidad corrompida; no analiza tendencias culturales ni colecciona recetas útiles para ser feliz ni reglamenta sectores de la realidad; tampoco busca refugio en la brillante historia de la filosofía. Nada de eso.

La obra enuncia un ideal, a retropelo del escepticismo reinante

La obra enuncia resueltamente un ideal (la ejemplaridad). Y un ideal se define como una propuesta de perfección; no describe lo que es –ese es el cometido de las ciencias– sino lo que debe ser y señala un objetivo moral elevado, un prototipo superior de lo humano. En consecuencia, con alta probabilidad estos libros resultarán al lector intensamente normativos y prescriptivos, a redropelo del escepticismo ahora reinante en la literatura.

Evitando que el descreimiento general apague las fuentes del entusiasmo, hoy en estado latente por inhibiciones culturales que lo reprimen, esta obra reclama la ingenuidad de quienes todavía se dejan conmover por lo grande, noble y hermoso de este mundo. Nadie quiere que renunciemos a la lucidez. Esto sentado, la tetralogía en su conjunto puede ser considerada como una invitación a que, sin dejar de ser lúcidos, nos atrevamos a aspirar en todo a lo mejor.