Montaje, en la 31ª edición de la bienal de Sao Paulo, del Archivo F. X. de Pedro G. Romero
Montaje, en la 31ª edición de la bienal de Sao Paulo, del Archivo F. X. de Pedro G. Romero - abc
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En Sao Paulo se piensa en español

El sur también existe y, en el mundo del arte, tiene un foco de reflexión fundamental en la Bienal de Sao Paulo. El pasado sábado 6 de septiembre abrió al público general su 31ª edición. En ella, los autores españoles tienen un protagonismo especial

javier díaz-guardiola
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Su lema es rotundo, pero también muy poético: «Cómo hablar sobre las cosas que no existen». Sus responsables invitan a «desarticular» los conceptos de este eslogan: «Como título de la bienal pensamos en una frase cuyo primer verbo pudiera cambiar. Ese hablar de la pregunta podría también ser pensar, escribir, luchar, imaginar, mostrar… La diversidad de acciones refleja una diversidad de operaciones posibles. Por su parte, con las cosas que no existen queremos abrazar una gran variedad de modos de existencia y defender aquellos que no se acomodan a los esquemas dominantes: aquellas cosas, personas, actitudes e ideas invisibles, de las que no se habla o se prefiere no hablar, que aún no existen o no del todo…».

La 31ª entrega de la bienal de Sao Paulo, una de las citas artísticas más importantes del otro lado del Atlántico, ya está en marcha y, en esta ocasión, propone que el arte se eleve como herramienta con la que acorralar a los lenguajes dominantes. Y lo hace, según los comisarios, «en cuatro direcciones o ideas fuerza»: Colectividad, conflicto, imaginación y transformación.

Según Enguita y Lafuente, no es bueno pensar en términos de pasaporte Esta no será una edición cualquiera. De hecho, no cuenta con un comisario estrella que invite, por ejemplo, como hiciera Ivo Mesquita en 2008, a vaciar su sede, el Pabellón Ciccillo Matarazzo, aquel que construyó Oscar Niemeyer dotándola de una energía y una personalidad especial. De hecho, esta será la primera cita tras el fallecimiento del arquitecto. Para 2014 se ha optado por un equipo curatorial de siete personas en el que, y casi como si de una excentricidad se tratara, los españoles son mayoría.

Trabajo colectivo

Así lo explican ellos, Nuria Enguita Mayo, la que fuera responsable de exposiciones en la Fundación Tàpies en Barcelona, y Pablo Lafuente, con el que colabora (junto a uno más de los curators, Charles Esche) en la revista Afterall: «Desde el comienzo decidimos actuar como un equipo horizontal, sin jerarquías. Al equipo de cinco miembros que conformábamos junto a Esche, Galit Eilat y Oren Sagiv, se añadieron otras dos de Sao Paulo: Luiza Proença y Benjamin Seroussi. La intención era que todos actuáramos juntos en base a unas ideas y objetivos comunes, aunque con responsabilidades diferentes. Algo así como una cabeza y un cuerpo colectivo, como respuesta a una tarea de un tamaño y complejidad enorme, pero también a los modos habituales de actuar en el arte, en el que se privilegia demasiado la autoría individual de artistas y curadores. Ese énfasis no sólo no es fiel a la práctica real, sino que es estratégicamente errático. Un trabajo colectivo permite una posición más fuerte en relación a estructuras que no siempre son favorables».

Lanceta, Val del Omar, Pedro G Romero... Son los españoles de esta ediciónEnguita y Lafuente restan importancia a la coincidencia. «No nos parece esencial pensar en términos de pasaporte, tal vez porque los lugares donde la gente nace no son tan determinantes como aquellos donde vive o trabaja actualmente, o los lugares donde quiere hacerlo». Ellos recuerdan que otros dos componentes del equipo son israelíes, y el resto, un británico, un francés y un brasileño, pero de todos ellos, el propio Lafuente vivió 15 años en Londres, como Esche lo hizo otros diez en Holanda o Seroussi siete en Brasil, «y todos hemos pasado los últimos doce meses en São Paulo». En su opinión, el mundo del arte contemporáneo es caprichoso en sus circuitos e invitaciones y no estaría de más revisar el discurso: «En los últimos tiempos ha habido comisarios españoles en grandes citas e importantes instituciones internacionales».

Lo que no se nos escapa es que esta edición de la bienal –la que apostará por el trabajo colectivo que implica a otros agentes, no siempre del mundo del arte (pedagogos, docentes, dramaturgos, coreógrafos...); la que no quiere oír hablar de modernidad sino de presente; la que hace una relectura de las posibilidades expositivas del pabellón– cuenta asimismo con una presencia destacada de artistas españolesentre los cien autores convocados: De Teresa Lanceta y sus telares con los que aborda los límites de la realidad a los documentales de Val del Omar o las aportaciones de Asier Mendizábal...

Escapar de la cara más banal

Precisamente uno de ellos, Pedro G. Romero, que presenta parte del Archivo F. X. bajo el título La Escuela Moderna, no lo considera una casualidad, sino consecuencia del modelo de trabajo en red de la bienal: «Todo ha sido muy horizontal. El curador invitado llama a otros con los que trabaja generalmente y estos siguen con sus colaboradores. Sin grandes aspavientos y sin que esto se convierta en el jurado de un reality show o el cásting de un concurso».

Para el onubense, la «colaboración amplia» tiene consecuencias muy positivas. En su caso, le permitirá participar en las presentaciones que Miguel López hará de la figura de un personaje tan peculiar como el Ocaña de la Transición o editar una edición de La Escuela Moderna de Ferrer i Guardia en Brasil, donde llegó su influencia.

Ninguno de los artistas minimiza formar parte de una bienal como estaPor su parte, Juan Pérez Agirregoikoa participa en esa «visibilización de lo que no existe» rodando los pasajes de El Evangelio de San Mateo que hacen referencia al capitalismo y que Pasolini, quizás por el contexto de la época («que siempre ha servido para justificar muchos actos del pasado») prefirió omitir en su cinta de 1964. Al artista vasco «no le parece mal» que el mayor número de artistas españoles en la nómina de Sao Paulo se deba a la presencia de comisarios procedentes de nuestro país: «Lo extraño –apunta– es encontrar comisarios españoles en las grandes citas».

Ninguno de los dos minimiza formar parte de una bienal como esta. Para Agirregoikoa lo más destacado no es sólo la visibilidad que aporta, sino también los medios que pone a disposición de los creadores. Para G. Romero, la cita escapa de la cara más banal de la globalización de la práctica artística, aunque no cree que, pese a su autoridad y prestigio, se haya librado de la fiebre banalizadora de los últimos años: «El efecto de las bienales sobre un contexto artístico frágil es demoledor. El ejemplo más claro es el de Sevilla».

Los comisarios, que han luchado por «construir desde la experiencia más que desde la biografía», esperan que la presente edición sirva, sobre todo, para experimentar con modos de creación distintos destinados a audiencias que no están familiarizadas con el arte, poniéndolo en relación con otros ámbitos de la actividad humana. Tenemos hasta el 7 de diciembre para ver si se logra.