Decca: la quinta de las hermanas Mitford
La familia Mitford en Asthall en 1921 - abc
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Decca: la quinta de las hermanas Mitford

«Nobles y rebeldes» eran todas las hermanas Mitford. Quizá por eso Jessica (Decca) tituló así sus memorias. En ellas está su paso por nuestra Guerra Civil y los disgustos familiares

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Al igual que Noël Coward o P. G. Wodehouse, Nancy y Jessica Mitford consideraban a la clase alta inglesa una fuente inagotable de comedia. Al contrario que Coward, hijo de un vendedor de pianos, y P. G. Wodehouse, hijo de un juez de distrito, ellas practicaban el noble arte de la burla desde dentro, como hijas de un par del Reino. Nancy, desde la ficción (A la caza del amor, 1945, y Amor en clima frío, 1949) y su ensayo sobre qué palabras son U o no U (por upper class). Jessica, Decca, desde sus memorias, Nobles y rebeldes (1960).

Nobles y rebeldes es el retrato de los Mitford y su primer matrimonio con un sobrino anarquista de Churchill. Y de cómo la sociedad inglesa se debatía en los 30 entre el fascismo y el comunismo. O de cómo su familia se dividió con la Guerra Civil. Nancy («rojilla de salón») se declaró republicana. Sus padres eran defensores de Franco. Pero no tanto como Deborah y Unity, que anunciaban emocionadas que el Führer había proclamado a Franco «ario honorario».

Fea impresión

También es el esbozo de la vida en Swinbrook, la fea casa familiar. Y el recuerdo de su vida como la quinta de esas Mitford que nunca fueron a la escuela. En 1977 llegaría el segundo volumen, A fine old conflict, ya con McCarthy, su abandono del Partido Comunista y la lucha por los derechos civiles en EE.UU.

Jessica era la roja de la familia. También una de las dos buenas escritoras. Las memorias de Diana Mosley, A life of contrasts (1977), no tienen nada que ver con lo contado por Nancy y Jessica. Diana aborrecía Nobles y rebeldes (y cualquier libro de Decca). Hasta escribió una carta al Times Literary Supplement para defender a sus padres. A Evelyn Waugh, amigo y mentor de Nancy, tampoco le gustó: «No sólo da una fea impresión de la gente que la había agraviado, también de esos a los que presumiblemente quiere».

Nancy Mitford dijo a un periodista inglés: «Es bueno tener hermanas cuando una debe enfrentarse a las más crueles circunstancias de la vida». El periodista pidió después su opinión a Jessica: «Yo diría que las más crueles circunstancias de la vida son las hermanas».

Resulta impensable nombrar la vida y obra de una Mitford sin referirse a las demásUna puede escribir sobre Jane Eyre sin nombrar ni a Emily ni a Ann, sólo a Charlotte Brontë. Pero resulta impensable nombrar la vida y obra de una Mitford sin referirse a las demás. Así, se acaba recordando a Nancy (1904-1973), la más bruja, porque el wit y la mala leche tienen demasiado en común. A Pamela (1907-1994), la más rural. A Diana (1910-2003), la belleza fascista. A Unity (1914-1948), la frivolidad del mal, la amiga de Hitler que fue concebida en Swastika, ciudad canadiense. A Jessica (1917-1996), la comunista y periodista. A Deborah (1920), la duquesa de Devonshire, que adora a Elvis por encima de todas las cosas. (Hubo un hermano, Thomas, muerto en 1945 durante la Segunda Guerra Mundial.) Ni Pamela ni Unity escribieron libros pero forman parte del cuerpo literario de las Mitford porque lo que mejor las refleja son las cartas, como demuestra el extraordinario volumen de 833 páginas que editó Charlotte Mosley, The Mitfords. Letters between six sisters (2007).

Nobles y rebeldes es la respuesta de Decca a las novelas autobiográficas de Nancy. También intentó contestar al lenguaje U o no U con una investigación sobre L o no L (por Left Wing Usage, palabras de izquierda).

¡Pobre chica!

Nobles y rebeldes fue la primera obra de una carrera que, ya en EE.UU., tiró por el periodismo. Era «la reina de los muckrakers» (el muckraking es ese tipo de periodismo que destapa escándalos). Su libro más destacado es el delirante Muerte a la americana (1963), sobre la industria funeraria estadounidense. Llegaron a poner su nombre a un ataúd, al más normalito. Cuando A dos metros bajo tierra llegó, Decca ya estaba allí.

Con un estilo que Hitchens veía entre Trotsky y Wilde, Decca cuenta su pasado y cómo escapó del mismo. Cómo acabó en la Guerra Civil española. Entre el disgusto familiar, los telegramas de Anthony Eden y el escándalo en la prensa, las quejas de la niñera porque no se había llevado «ropa de combate». Y el lamento de Hitler cuando Unity le contó que su hermana se había fugado con los rojos. «Armes Kind» (pobre chica), dijo llevándose las manos a la cabeza.

Jessica mandó el libro a sus hermanas. Sólo contestó Nancy, la que (literariamente) le importaba. «Creo que es rematadamente bueno: fácil de leer y muy divertido.» La carta tardó seis semanas. No le parecía aristocrático enviarla por avión: «Es muy de clase media dar muestras evidentes de que tienes prisa». En España, con la obra de las Mitford, y teniendo en cuenta el retraso de su publicación, nos sentimos muy aristocráticos.