Marina Abramovic «activa» uno de sus objetos en el CACMálaga
Marina Abramovic «activa» uno de sus objetos en el CACMálaga - abc
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Marina Abramovic: «Cuando aprendí a hablar, mi primera palabra fue “El Greco”»

Para saber quién es hoy Marina Abramovic es fundamental saber antes quién fue. Ese es el cometido de su retrospectiva en el CACMálaga. Una cita con la que calentar motores antes de su última «performance», en la Serpentine de Londres

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Su rueda de prensa en Málaga fue una auténtica master class (y allí dejó claro que en el mundo hay dos tipos de personas: las auténticas y las que las imitan; que su única influencia viene de la Naturaleza; que no cree en el feminismo...). Y su inauguración, todo un baño de masas. Marina Abramovic regresa a España en forma de retrospectiva, antes de dejarse ver en la Serpentine de Londres, donde desarrolla desde esta semana su última performance.

Ha comprobado que es una artista querida y admirada en España. ¿Por qué, entonces, se ha tardado tanto en organizar una exposición como esta?

Siempre ha sido maravilloso venir. Tengo una conexión especial con ustedes. Los españoles son emocionales, y mi trabajo, también lo es. Si hemos tardado en hacer algo así es por una cuestión de agendas, y porque el del CACMálaga ha sido el primer director de museo que me lo pidió.

¿De verdad?

Así es. He estado en colectivas en el Museo Reina Sofía, pero nunca de forma individual. Una vez un crítico en EE.UU. me dijo que odiaba mi trabajo porque le hacía llorar. La mayoría de los críticos siempre han intentado entender mi obra intelectualmente, pero no emocionalmente. Y el público en España es emocional e intelectual, lo cual es una combinación estupenda.

Me interesa esa emotividad. Cuando presentó su proyecto en el Teatro Real habló incluso de la cercanía a los toros...

«Hay mucho dolor en este mundo. Yo doy amor incondicional»

Viene de lejos. En 1965, durante el primer curso en Bellas Artes, fui premiada como una de los mejores alumnos de ese año. El premio era un viaje en autobús de Belgrado a España. Aquello se hizo eterno. En Madrid, en pleno franquismo, nos quedamos en una pensión, un lujo, teniendo en cuenta que hasta esemomento habíamos dormido en el autocar. Hasta allí se desplazó un chico de nuestra edad preguntándonos si éramos de Yugoslavia, comunistas. Le respondí que sí. Entonces dijo que él también y nos preguntó si podía invitarnos a cenar. Accedimos y, a las siete en punto ¡llegaron seis limusinas a recogernos! Nos llevaron a un sitio increíble en las afueras que era de su padre. Eran aristócratas. Habían leído a Lenin, a Stalin, a Trotski, pero entre tanto lujo. No dábamos crédito: «¿Esto es el comunismo en España?». Esta fue mi primera visita. Pero antes, cuando era niña, mi madre, partisana como mi padre, empezó a estudiar Historia del Arte. La primera palabra que yo pronuncié no fue «mamá» o «papá», sino «El Greco». Uno de los trabajos de los que estoy más satisfecha es The Kitchen, dedicado a Santa Teresa. Era una mujer que me fascina.

Clasifica las artes en forma de pirámide, y coloca la «performance» en el segundo nivel. La música es el escalón más alto. ¿Por qué eligió el «plan B»?

En la vida tienes talento para una cosa, y, por desgracia, yo no lo tengo para la música. Es básico encontrar el medio desde el que expresarte. Una cosa que hay que tener para hacer performances es carisma. Eso no se desarrolla. Y eso sí lo poseo.

Ha conseguido aunar como nadie arte y vida. ¿Qué es lo que hace, entonces, que una conversación como esta no sea una «performance»?

Contestándole, estoy sirviendo a la sociedad. El arte es un servicio, y es importante alejarte de tu ego, de tu comodidad, estar disponible y ser humilde, asegurarte de que tu trabajo se entiende. En este momento de mi vida tengo más responsabilidad que nunca.

¿Y por qué era tan complicado mantenerle la mirada a Marina Abramovic en el MoMA?

Porque no me miraban a mí. Es mirarse a uno mismo lo que es difícil. Uno nunca se sienta en su casa a hacerlo. Y allí no tenían donde escapar, así que entraban en su interior y encontraban un montón de cosas. La gente está muy sola, es muy desdichada, tiene muchos trastornos. Es terrible. Hay mucho dolor en este mundo, y yo doy amor incondicional.

Uno de sus hitos en torno a la «performance» es haber conseguido hacer del espectador un elemento activo. ¿Cuál es la responsabilidad de este?

La performance no existe sin el público. Nunca la haría en mi casa. ¿Por qué? Pues porque necesito al público porque utilizo su energía, la traduzco y se la devuelvo. Con los años he conseguido crear experiencias individuales que se suman a las del grupo, y la duración es importante porque necesito tiempo para lograr cierto estado mental. Solo entonces la comunicación es fuerte e inmaterial. Por eso es una forma de arte difícil, pues tiene que ver con los sentimientos. Por eso lo comparo con la música.

Pero ha habido algunas en las que no había espectadores.

«La performance es difícil, pues tiene que ver con los sentimientos. Por eso la comparo con la música»

Sí. Y por eso creé los «objetos transitorios». Quería crear algo que pudiese producir en ellos un estado mental similar.

La «performance» nació como reacción a la objetualización del arte. Sin embargo, ha llegado a mostrarse indignada con su no aceptación por parte del mercado. El que no sea así hace que los actos performánticos, según usted, se vean copiados en la MTV, en la danza contemporánea...

Si me muriese hoy, sería responsable de tres cosas. La primera, haber creado la infraestructura para que la performance se convierta en una forma de arte normal, como la foto o el vídeo. La segunda es que he introducido las reperformances: que sea posible representar de nuevo obras históricas. Y la tercera, que he desarrollado las performances de larga duración. Con estas tres cosas he contribuido a la Historia del Arte.

Sigue sin decirme cuál es la relación hoy entre mercado y «performance».

No demasiado grande. Nadie se cuestiona que un bacon se venda por 146 millones. La gente todavía no piensa que haya que pagar por las performances. Saben que hay que pagar por los grupos pop, pero no por las performances. Les gusta tener algo de ellas como el vídeo o la foto, pero no tienen un precio en el mercado.

Mencionábamos a la MTV. Ahí están sus colaboraciones con Lady Gaga, Jay Z, Antony... ¿Es el pop el futuro del arte?

No. El pop es el pop, y el arte es el arte. Es solo que es interesante traspasar fronteras y colaborar entre nosotros. Una cosa no puede sustituir a la otra. Las colaboraciones, si son buenas, permiten llegar a gente diferente.

¿Tiene sentido una exposición de Marina Abramovic sin Marina Abramovic?

Creo que sí, porque mi obra tiene muchas dimensiones. Cuando hago una foto, por ejemplo, es porque creo haber llegado a un determinado estado mental, y considero que se carga de esa energía. Y cuando se trata de objetos, es el público el que tiene que poner su propia energía.