La Gran apadrina Serendipia, el nuevo «espacio para lo inesperado» en Madrid
Alicia M. Hevia y Ana María Fenoy, responsables de Serendipia - j. d.-g.
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La Gran apadrina Serendipia, el nuevo «espacio para lo inesperado» en Madrid

«La irrupción de lo inesperado» es el título de la exposición comisariada por la editora de objetos artísticos La Gran en Serendipia, nuevo espacio artístico en el Barrio de las Letras

javier díaz-guardiola
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El neologismo «serendipia» se utiliza para describir a todos esos descubrimientos u hallazgos afortunados y siempre inesperados que se producen mientras se trataba de encontrar algo diferente. El término define a la perfección la llegada de las arquitectas Ana Mar Fenoy y Alicia M. Hevia al mundo del arte. Por eso, su galería, que esta tarde abre sus puertas en la calle Infante, en pleno Barrio de las Letras, tenía que llevar ese nombre: «En menos de un año decidimos lanzarnos a la piscina y darle un giro de 360 grados a nuestra vida. El resultado es este espacio expositivo en el que queremos que ocurran cosas, desde mostrar exposiciones comisariadas, hasta la producción de talleres y la venta de objetos de artista y libros ilustrados», explican sus responsables.

algo mejor estaba por llegar

Desde su luminoso escaparate y su cierre metálico, las intervenciones del artista Mr Zé (autor del logo de la nueva firma) nos invitan a sumergirnos en un espacio creativo cuyo emplazamiento también nació de la casualidad: «Habíamos barajado un local en la calle Menorca, con mucha personalidad. Incluso tenía hasta un pozo antiguo. Pero no pudo ser. Eso no nos desanimó. “Si este sitio no es para nosotras es porque algo mejor está por llegar”, nos dijimos. Y así fue». El nuevo local sorprende también al visitante por su belleza arquitectónica. «Esto era una antigua academia. Cuando llegamos aquí, estaba todo tapiado, con falsos techos. Como somos arquitectas, decidimos llevar a cabo la reforma nosotras mismas. Y cuando empezamos a retirar elementos aparecieron esas fantásticas vigas de madera que ahora son parte de la esencia del espacio».

Fenoy y Hevia son conscientes de ser unas recien llegadas al mundo del arte –«esperamos que nos acojan bien», bromean–. En cualquier caso, para poner en marcha el espacio, cuentan con unos padrinos de lujo: la editora de objetos de artista La Gran, a cuyos promotores, Pedro Gallego de Lerma y Marta Álvarez, les unen importantes lazos de amistad: «Este es el tercer proyecto expositivo que organizamos –nos explican– los cuales se derivan de la necesidad lógica de dar contexto a los artistas con los que trabajamos y a otros con los que se relacionan. Además, en un momento en el que no hay dinero para producciones, la organización de muestras es la mejor fórmula para poder seguir haciendo cosas».

La irrupción de lo inesperad» es el título de la exposición con la que Serendipia se da a conocer, un espacio, no obstante, que realizó una «preinauguración clandestina» el pasado 25 de abril, con una intervención colectiva site-specific coordinada por Arturo R. Castillo, David Rodríguez, Álvaro Vicente García, Teresa Palomo y Mikel Oibar, titulada The Office: «Lo que une a los doce artistas de la muestra actual es el ser autores con los que trabajamos habitualmente y a los que les hemos pedido que nos presenten una obra en la que inciden en la idea de casualidad». Los comisarios han querido ser muy didácticos –añaden– «dada la naturaleza de este lugar, que no es una galería al uso, y la corta trayectoria de sus dos responsables». Por eso las obras se acompañan de «unos textos que aportan pequeñas historias para entender mejor los trabajos» y se ha tendido a artistas «con una importante carga narrativa».

Arranca el recorrido con el, según los comisarios, «artista más serendipity de todos»: Ignacio Pérez Jofre. En su serie «Todo lo que cae» plasma con sus dibujos las aleatorias formas que dibujan en su precipitación los elementos más anodinos como son unas cáscaras de pipas o unos tickets de compra. Elena Fernández Prada es su pareja sentimental (juntos constituyen el colectivo Los profesionales, cuyo Reloj dormido es uno de los objetos producido por La Gran y que ahora se puede adquirir en Serendipia). Ella está acostumbrada a ver a Ignacio acumular los más extraños objetos, que ahora la creadora reproduce en sus acuarelas, cortesía de La New Gallery, con la que trabaja.

Dos grandes descubrimientos comparten nombre: Laura Salguero y Laura Piñeiro. La primera (que ya colaboró con La Gran en una de sus participaciones en el festival Mirada de Mujeres) convierte sus acuarelas en el campo de batalla de los pensamientos que fluyen. La segunda transforma una labor, falsamente «delicada» y asociada a la mujer, como es la costura en una guerra: «A la artista le soprendía que le dijeran siempre que el resultado era sutil y bello. Cuando ella se miraba sus manos, estas habían quedado destrozadas. Por eso transforma dedales de costura en cascos listos para entablar una contienda bélica», nos cuenta Álvarez.

Para todos los bolsillos

Marina Núñez, Enrique Marty y Rosalía Banet constituyen la tanda de «consagrados» y habituales de La Gran presentes en la exposición. La primera ahonda en sus personajes explotados y deformes. Marty regresa a Madrid con unos collages que nacen de unos vídeos en los que «el final de la escena la marca la saturación de elementos en la misma». Los acrílicos de Banet, que tienen su origen en un proyecto reciente para Las Cigarreras, están poblados de las habituales delicatessen horneadas por sus Siamesas Golosas.

Volvemos a Mr. Zé, incluido en la muestra, para contemplar sus trabajos plásticos con los que reinterpreta sus propias poesías con textos e imágenes extraídas de revistas antiguas. Otra que se apropia de fotografías que no son suyas es Edurne Herrán. Esta vez son retratos de novias que ponen a la venta sus trajes en internet: «La vergüenza que esto les genera les lleva a distorsionar su rostro, cuando no a decapitar las fotos. Pero, algunas lo hacen con una creatividad alucinante». Aquí solo hay una pequeña selección de las 1.500 que conforman la serie «Modern Marie Antoinettes».

Los chispeantes encuentros de objetos de segunda mano efectuados por Julio Falagán llaman la atención del espectador en un rincón de la galería. Allí tienen lugar Los levantamientos de Goya: una pequeña figurita de plástico de Hulk Hogan que dobla una esquina de una copia de Los fusilamientos del pintor aragonés. Cierran el recorrido el onírico vídeo de Marta Serna y el libro de sal –una potente escultura efímera– de Elisa Terroba. Todas las obras están a la venta, y sus precios oscilan entre los 160 euros de Salguero a los 2.000 de las obras de Rosalía Banet. La exposición permanecerá abierta hasta mediados de septiembre.

¿Pero que más cosas puede adquirir aquel que se acerque al espacio de Fenoy y Hevia?: «Pues serendipias todo el rato. Lo que es muy importante para nosotras es que no vendemos objetos de artista al uso, sino trabajos que tienen una historia detrás». Como no puede ser de otra manera, abundan los firmados por La Gran, marca originaria de Castilla y León y que ahora cuenta con un espacio físico para distribuirse en Madrid de forma continuada: de los colgantes de Marina Núñez o Rosalía Banet a los tatuajes de Enrique Marty, por poner unos ejemplos. Nos informan las responsables que está a punto de llegar un paquete con productos de Arts Coming, una firma que realiza un trabajo similar al de Lerma y Álvarez, «y con la que al final acabaremos fusionándonos», bromean. Pero también hay cosas estupendas de marcas como Me Quiero Vivir (y sus tarros con las 28 razones por las que nos quieren) o los cuencos para el vino de Chichinabo Inc («que reflejan los cuatro sistemas de pesca no agresiva usados en Galicia»). Libros de artista completan el elenco de «hallazgos» que sorprenden al visitante en este nuevo espacio de Madrid.