ARCO 2014: Coleccionistas, la «cuarta» pata del triángulo del arte
Adrián Piera observa «6 hours of light», de Marlene Stamm - r. r. w.
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ARCO 2014: Coleccionistas, la «cuarta» pata del triángulo del arte

Cuatro visiones muy distintas del coleccionismo comparten su manera de entender el arte en ARCOmadrid

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Libreta en mano anotan fervientes; con una cámara digital captan los pequeños detalles. Ese color, esa textura, ese mensaje o ese artista que les haga detenerse. Una mirada cómplice seguida de susurros entusiasmados con sus asesores basta para sacarle la sonrisa a un galerista ansioso en estos días de feria. Son los coleccionistas, nuevos mecenas del arte que recorren ARCOmadrid en busca de la pieza perfecta.

En los 35m2 que delimitan su piso, Antonio Lobo reúne las 50 obras que conforman Etra, su colección personal. Tras seis años, reconoce que ahora ha adquirido un tinte social. Hecho que queda sentenciado con su última compra: tres fotografías de la serie Time to Relax, del artista cubano Adrián Melis. La obra, expuesta en el estand de la galería ADN, capta la visión robada por los bancos tras un desahucio.

Pero Lobo no busca cualquier mirada a la sociedad. Confiesa que él solo compra a coetáneos, artistas que comparten su misma manera de entender nuestro mundo. A sus 46 años, Lobo rompe con todos los prejuicios que se tiene sobre los coleccionistas. Con un sueldo modesto, dedica unos 300 euros mensuales a nuevas piezas para su colección. «Cuando miro un cuadro, veo el viaje a París que han disfrutado otros», reflexiona.

Lobo destaca la propuesta de Guillermo Mora o José Hidalgo-AnastacioPese a llevar menos de una década como coleccionista, Lobo no peca de novato. «Nunca he comprado ninguna pieza exclusivamente en la feria». Antes de cerrar cualquier compra, se documenta a fondo sobre el autor y reconoce haber dejado escapar alguna pieza porque no encajaba con la visión de su colección.

Puede que ARCO’14 esté sólo en su ecuador pero Lobo ya tiene una pequeña lista de preferidos. Destaca la propuesta de José Hidalgo-Anastacio, Guillermo Mora, Ignacio Uriarte, entre otros.

Al llevar poco tiempo, Lobo confiesa sentirse muchas veces como un «polizón» en un barco de coleccionistas. Si así fuera, el capitán al mando sería sin duda Alain Servais, quien lleva coleccionando desde 1996. Para Servais, «el arte es una jaula que abre su corazón al otro». El «otro» entendiéndose como otra manera de vivir. Es una concepción emocional, no sólo intelectual.

Al enfrentarse a una pieza, defiende que lo primero de lo que debemos desprendernos es de la belleza, «porque es una estética adquirida». Para que una obra le cautive lo suficiente como para adquirirla debe ser «algo que queramos mirar dentro de 30 años».

Adrián Piera recomienda «mirar, mirar y no precipitarse»Él entiende el coleccionismo como un proceso en el que «tomamos las palabras que el artista está creando», desarrollando un lenguaje propio. Siendo así, el discurso que se desprende de su colección sería sobre la humanidad. Él busca que una pieza le hable de la sociedad pero sin ser obvia, que no sea estéticamente agradable, sino que le provoque.

Reconoce haber dejado pasar alguna pieza si no está de acuerdo con el alegato del artista; «pero yo nunca podría haber dicho así ese mensaje».

Sinónimo de pasión

Para alguien que ha visto crecer ARCO desde sus tiempos en el pabellón de la Castellana a la cita internacional que es hoy, Adrián Piera reconoce que es la pasión la que dicta sus decisiones. A él le gusta recorrer la feria en busca de «esa pieza que lo llama» pero siempre en tandas de pocas horas, ya que «emborracha».

Décadas rodeado de arte le han permitido desarrollar una técnica para discernir el arte del ruido: «Mirar, mirar y no precipitarse». Pese a ello, reconoce que alguna vez ha cometido alguna «locura» por una pieza, y confiesa, entre risas, haber comprado «por encima de sus posibilidades».

Frente a su experiencia, se define como un coleccionista «ecléctico» con un afán «pionero y de descubridor». «A mí me divierte apostar por gente joven», explica. Este año siente gran tentación por la propuesta de Marlene Stamm, 6 hours of light, expuesta en el estand de la galería Dconcept.

A veces basta con que una pieza cautive una única mirada. Otras, la obra tiene que encender la llama de la pasión en dos corazones distintos. Manuel Urbano y su mujer llevan 20 años trabajando en su colección conjunta: Urbana Colección. Él define el coleccionismo como «una pasión, no una inversión» y busca piezas que «le hagan sentir». Eso sí, a diferencia de los demás, no cree que su conjunto no desprenda ningún discurso concreto. Para los coleccionistas primerizos tiene un claro consejo: «Cuanto más arte veas, más te gusta».

Los coleccionistas cierran el cuarto eje que componen el cuadrado del arte. Junto con los artistas, los comisarios y los galeristas, forman el grupo de «privilegiados» a los que alude la artista visual Dora García: «El arte es para todos, pero sólo una élite lo sabe».