Cultural

Cultura

Cultural / LIBROS

Eloy Tizón: «Ahora, además de escritores, se nos pide que seamos "disc-jockeys"»

Día 31/10/2013 - 19.23h
Temas relacionados

Con un poco de música y un poco de sangre, como él mismo dice, ha escrito Eloy Tizón «Técnicas de iluminación». Relatos que demuestran por qué es uno de nuestros mejores narradores

Eloy Tizón: «Ahora, además de escritores, se nos pide que seamos "disc-jockeys"»
ÁNGEL NAVARRETE
Según Eloy Tizón (en la imagen), el cuento posee una «precisión alucinada» que le fascina

Eloy Tizón (Madrid, 1964) lo tiene claro: «Tres son los motivos principales por los que uno escribe: para contar algo que te ha pasado, para contar algo que te gustaría que te pasara, o para contar lo que no deseas que te pase bajo ningún concepto, porque te aterra y quieres mantenerlo a raya, lejos de ti. De ahí que se diga, con razón, que la literatura es un exorcismo. Lo es». También tiene claro que escribe cuentos para librarse de ellos, pues son al mismo tiempo una felicidad y una carga. «Algunas historias duelen, duele escribirlas, pero hacerlo es la forma de aliviar un poco esa herida. No queda más remedio –asegura–. Los relatos se escriben con un poco de música y un poco de sangre.» Así nacieron los de «Técnicas de iluminación».

Usted debutó en 1992 con los cuentos de «Velocidad de los jardines». ¿Vuelve a sus orígenes?

Nunca me he ido. He seguido escribiendo relatos, bastantes, además de las novelas, porque para mí es un género muy querido, que mimo mucho, y en cuyas cualidades me reconozco: la concisión, la intensidad, la tensión verbal que lo aproxima a la poesía. El cuento posee una especie de precisión alucinada que me fascina.

Parece que la novela es siempre más y que el cuento, en cambio, es un género menor. ¿Está desprestigiado?

Yo no diría tanto. Es cierto que en España aún se valora menos, a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos o Latinoamérica, donde el relato tiene rango de género mayor, sin que a nadie se le ocurra ponerlo en duda. Por algún motivo, vivimos en la superstición del tamaño: superproducciones, megaconciertos, sagas hipertrofiadas… Sin embargo, para entender nuestro tiempo basta con leer un librito de apenas cuarenta páginas: «La metamorfosis», de Kafka. No se necesita mucho más. Ahí está todo, prefigurado con exactitud heladora.

«Hoy en día están de moda los autores que parecen anuncios de detergentes: no hay manera de distinguirlos. Todos hacen una espuma parecida», leemos en «Fotosíntesis». Menuda radiografía del panorama literario.

Es evidente que se trata de una exageración caricaturesca, aunque con un fondo de verdad triste. Ahora, además de escritores, se nos pide que también seamos relaciones públicas, modelos de pasarela, «disc-jockeys»… Eso me parece un disparate. El deber del escritor es escribir lo mejor posible, y todo lo demás es –o debería ser– secundario.

Sus cuentos dejan muchas cosas en el aire. ¿No le interesa saberlo todo?

No es lo esencial. Procuro no contarlo todo, porque contarlo todo equivaldría a banalizar la historia, reducirla a anécdota. El corazón del relato debe permanecer oculto. Tiene que latir en la sombra, como en el cuento de Poe. El relato se construye alrededor de una ausencia. Es preferible dejar cabos sueltos, sin explicar, y que sea el lector el que termine de atar el nudo: que ponga de su parte, que sea creativo y copartícipe del texto, que escriba también conmigo, mano a mano.

Ninguno de sus relatos se parece.

Esa es la única razón para seguir publicando: intentar decir algo nuevo, no conformarse, alcanzar alguna clase de nueva meta. Añadir algún aspecto –aunque sea un matiz, un leve cambio en la entonación, el punto de vista o la mirada– a lo que había dicho hasta ahora. Ese es el reto y la justificación moral. Si no es así, prefiero no publicar. ¿Para qué?

Eugenio Trías hablaba de la conjunción de lo bello y lo siniestro. ¿Su literatura es una combinación de ambos?

Me gusta mucho ese ensayo de Trías, que leí de joven y me marcó. Sí, hay que llegar a ese punto en que lo bello y lo siniestro se funden. Hay dos adjetivos que le cuadran a la vida: maravillosa y terrible. A veces domina uno y a veces domina otro, pero entre estos dos extremos oscila la vida humana y animal de este planeta.

«Escribir es estar más despierto de lo normal», afirma en «La calidad del aire».

Escribir es una sobreexcitación. No se escribe desde el nirvana budista ni desde la armonía contemplativa de las esferas. Lo siento mucho, pero es así. Se escribe desde lo roto y con los nervios alterados. Como en trance, bajo los efectos de un exceso de cafeína, de alcaloides, con la conciencia modificada. En síntesis: más despierto de lo normal.

Su primera vocación fue la pintura. ¿Por qué desistió?

Supongo que sería por falta de talento o de disciplina, que es otra vertiente del talento. No fue una decisión drástica que yo tomara de un día para otro, sino algo que ocurrió paulatinamente, con naturalidad: cada vez dedicaba más horas a escribir y menos a pintar, hasta que la escritura se impuso y barrió con todo. Son dos actividades absorbentes, y solo puedo obsesionarme con una, no llego a más. Dos obsesiones a la vez son demasiadas para mí; una exageración.

El cine es su otra gran pasión. ¿Qué permite el cine que no permita la literatura?

El cine es más físico que la literatura. Tiene esa cosa tremenda de la palpitación de la imagen, la luz, la pantalla grande, el cuerpo y la voz de los actores, la banda sonora, todo a la vez. Eso le da una plasticidad hipnótica, que a la literatura le cuesta más alcanzar. El impacto del cine es más inmediato, pero menos duradero. En contrapartida, la literatura deja una huella más honda.

Si no fuera escritor, ¿qué sería?

Quiero pensar que algo relacionado con alguna actividad artística: pintor, fotógrafo, algo así. O si no, todo lo contrario, alguien que no tenga nada que ver con el arte: recepcionista de hotel, vigilante nocturno o empaquetador de almendras garrapiñadas.

«Técnicas de iluminación»

Compartir

  • Compartir

Temas relacionados
publicidad
Consulta toda la programación de TV programacion de TV La Guía TV

Comentarios:
NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original
Cortos más vistos FIBABC 2014
«Mi momento»
«Mi momento»

Sigue ABC.es en...

Hoy en TV

Programación Televisión

Buscador de eventos
Búsqueda sencilla
Lo último...
Lo bello
lo útil

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.