Hilma af Klint: la pintora como médium
Imagen de la muestra que le dedica el Museo Picasso de Málaga a Hilma af Klint (1862-1944) - abc
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Hilma af Klint: la pintora como médium

Apunten este nombre: Hilma af Klint. Quizá no les diga nada, pero esta artista sueca se anticipó a los grandes nombres del arte abstracto. Nos la descubre el Museo Picasso de Málaga

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Radicalmente desconocida para el gran público, y también para la inmensa mayoría de los historiadores y críticos, la sueca Hilma af Klint (1862-1944) ha venido a revolucionar en los últimos años gran parte de los presupuestos establecidos desde la historiografía artística, sobre todo en lo que se refiere al surgimiento y la consolidación del arte abstracto entre las vanguardias, acontecimiento atribuido tradicionalmente a nombres como Kandinsky, Mondrian, Malevich, Kupka…

El caso es que si nos guiamos estrictamente por las fechas, en efecto, Klint se anticipó a todos ellos; y lo hizo además con firmeza y seguridad sorprendentes, completo dominio de sus ideas y desde presupuestos singularmente personales. Pero ella era una mujer, y una mujer que, además, permaneció distanciada de la vorágine de ensayos que el arte más provocador de la época capitalizaba desde centros como Múnich, Berlín o París.

Sus pinturas, que ella previó para el futuro, cambian la conciencia del presenteEl distanciamiento con respecto a la representación figurativa, entendido como uno de los jalones más ambiciosos de sus coetáneos, organizados en los cenáculos del arte experimental durante las primeras décadas de siglo, también fue para ella un reto que vivió en insólita soledad y sin obtener en vida ningún reconocimiento. Jamás expuso una de sus abstracciones, ni vendió ninguna a lo largo de su dilatada carrera. De hecho, su legado resulta doblemente fascinante porque nos ha llegado íntegro e intacto, habiéndose mantenido unido en su totalidad. A su muerte, Hilma dejó a la familia más de mil obras y un conjunto apasionante de cuadernos (que ahora se hace ya urgente sean volcados a nuestro idioma para completar el estupendo aparato documental que nos proporciona el catálogo editado), haciendo hincapié en que sus cuadros no se mostraran hasta veinte años después de su fallecimiento. Estaba convencida de que solo entonces su obra encontraría comprensión.

Nombres excéntricos

Y así ha sido. Sus pinturas, que ella previó para el futuro, empiezan a cambiar la conciencia del presente. Aunque me pregunto qué capacidad tendrán la evidencia, por un lado, y por otro la fundación familiar que atesora su legado completo –negándose a entrar en relaciones con el mercado–, de abrirse camino en el mundo de los grandes museos y su organización del discurso, ahora que el medio aparece dominado por una mercadotecnia aplastante. Baste recordar que hace solo unos años el MoMA, al organizar su ambiciosa revisión de los orígenes de la abstracción, rechazó la inclusión de su nombre. Y en cualquier caso, ¿cómo podrá esa institución mítica, o cualquier otra, contar desde sus fondos el relato completo de aquella historia si no hay museo en el mundo que disponga de obras suyas?

Lo más justo sería calificarla de visionaria de la abstracciónEn cualquier caso, se impone la necesidad de reescribir la saga de nuestras vanguardias heroicas tal y como la conocemos hasta la fecha. El caso concreto de Hilma af Klint, más allá de adelantar algo las fechas de surgimiento del arte abstracto, que no es poco, nos obliga a recordar algo que por inercia y comodidad metodológica nuestros manuales se empeñan en reprimir: los profundos lazos que ligan la vanguardia al complejo clima cultural de las últimas décadas del siglo XIX, plagado de nombres excéntricos y refractarios a cualquier clasificación, y de escuelas minoritarias apasionantes que, por pura convención, han quedado fuera del programa sedicentemente emancipador de la modernidad radical.

El cuerpo es capaz de elevarse

La artista, que pasó por la academia decimonónica, se mantuvo al corriente de las nuevas ideas y los descubrimientos técnicos más avanzados de su época. Así, desde los rayos X a las ondas electromagnéticas (¡lo invisible!), o desde el espiritismo, la teosofía y la antroposofía, fueron terrenos de su interés. Sus asombrosos experimentos colectivos con un grupo de cuatro mujeres en torno a la escritura automática, por poner solo un ejemplo de los muchos sorprendentes que ofrece la exposición, ya por sí mismos nos obligan a revisar la genealogía del surrealismo. Pero la muestra se centra en su carácter como pionera de la abstracción, aunque más justo sería calificarla de visionaria en este terreno.

Hilma af Klint jamás expuso una de sus abstracciones, ni vendió ningunaY es que frente al espiritualismo, el racionalismo o las visiones panteístas de otras escuelas abstractas coetáneas ( Kandinsky y Mondrian mueren el mismo año que ella, Malevich nueve antes), Hilma af Klint parte de una idea de trascendencia –lo que se representa es algo supranatural, más allá desde luego de lo humano–, accediendo a ella mediante un inédito vaciamiento del yo. Es por ello por lo que entenderá que su persona, su cuerpo, su inteligencia y su misma sensibilidad no son sino el instrumento para que otras fuerzas superiores y extracorpóreas actúen en el plano de lo real. «El cuerpo es capaz de elevarse por encima de sus sujeciones terrenales cuando se abre a escuchar los poderes superfísicos», reza un pequeño dibujo de la serie «Átomo», salido de su mano en 1917.