El colectivo Boamistura empapa de pintura el mercado de la Cebada de Madrid
Javier Serrano y Rubén Marín, dos de los miembros de Boamistura, sobre la cúpula del mercado - ignacio gil
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El colectivo Boamistura empapa de pintura el mercado de la Cebada de Madrid

La intervención del colectivo Boamistura en el Mercado de la Cebada de Madrid lo baña en color y da lugar al mayor mural de arte urbano en España. El proyecto alberga una sorpresa escondida entre sus características cúpulas

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Esta es una de esas pequeñas historias construidas en torno a grandes conceptos. El del TIEMPO sería el primero. En 2009 se decreta el derribo del Mercado de la Cebada, uno de los centros de abastos más emblemáticos de la ciudad –en La Latina, uno de los barrios más castizos de Madrid–, inaugurado en 1875 por el Rey Alfonso XII y que ya en 1956 vivió su primera demolición. Pese a que esas obras comenzaron a llevarse a cabo (y afectaron a lo que hoy se conoce como «Campo de la Cebada», un solar que ha terminado siendo ocupado por los vecinos y al que se le da los usos culturales más variados), la crisis y la falta de finaciación congelaron el proyecto. A día de hoy, y de alguna forma, de manera extraoficial, el mercado no existe. No es. Se le ve y presiente, pero no está. Eso facilitaba su intervención, la que ahora se da por concluida en sus cúpulas y sus fachadas.

Un cambio que se pide a gritos

El segundo de los conceptos que manejamos, pues, sería el de VISIBILIDAD. En mayo, tres agentes dispuestos a sacar al mercado de su ostracismo unen sus fuerzas. De un lado, los representantes del emblemático mercado, que piden a gritos un cambio, pero no tienen los medios. De otro, una firma comercial, J&B, que tiene los recursos y ganas de meter la cabeza en el mundo de la cultura (como ya lo hiciera en 2012 con otra intervención en otro espacio de marcada personalidad de la capital como es la Estación del Norte). Por último, Boamistura, un colectivo de artistas urbanos expertos en estas lides y catalizadores del cambio.

«Esperamos que esta intervención funcione como un grito del mercado, de su deseo de continuar»«Cuando nos acercamos por primera vez al mercado para determinar cuál podría ser nuestra intervención allí, reparamos en que las cúpulas era el elemento con más personalidad del edificio, por lo que había que resaltarlo –nos cuentan los integrantes de Boamistura–. Una vez arriba nos dimos cuenta de que nos encontrábamos en uno de los lugares más mágicos en los que habíamos estado nunca: un extraño y poco común paisaje de espacios semiesféricos que competía con los tejados y el "skyline" de la ciudad: el Palacio Real, la catedral de la Almudena, San Francisco el Grande... Y, sin embargo, las cúpulas del mercado, en sus tonos óxidos, estaban tan interiorizadas, que nos parecía que habían desaparecido. Recuperarlas era el desafío».

COLOR. Ese es nuestro siguiente capítulo. Comienza el debate: ¿intervenir una cúpula? ¿dos? ¿tres? «Si confiáis en nosotros, dejadnos trabajar sobre las seis», plantearon los artistas. Y así estas comenzaron a teñirse cada una de un color: rojo, amarillo, verde... Sin embargo, no toda la superficie se cubría de forma homogénea con la misma tonalidad. En cada una, empezaban a reservarse superficies blancas. ¿La razón? «Para responder a esa pregunta hay que subir a la cúpula azul. Desde allí, en un punto determinado, la mirada aplana todo el paisaje circular y convierte los trazos blancos de las seis cubiertas en una palabra: «Color». Se trata de una técnica conocida como anamorfosis (que también puede encontrarse en el trabajo de autores como George Rousse) muy común en la labor de este colectivo (que han empleado también en las jornadas de creación Scarpia en Córdoba o en las favelas de la periferia de Sao Paulo) y con el que se sienten muy identificados.

Desparramarse por las paredes

Este es un proyecto que se construye de arriba abajo: «Es como si las cúpulas fueran el germen de un color, que en las alturas se verbaliza y desde allí comienza a resbalar y a desparramarse por las paredes del mercado», imaginan sus creadores. Porque ahí no acaba la intervención de Boamistura: dos de las fachadas del edificio también han sido intervenidas («se trata de la principal, dividida en dos paños, y una de las laterales, la que comunica con el Campo de la Cebada, y donde para nosotros era fundamental que nuestra apotación "mordiera" ese uso tan interesante que los vecinos dan ahora a este entorno»), contagiándose de esos colores de las cúbiertas, que a su vez se inspiran en los tonos, los olores, los sabores y la vida que tiene lugar en su interior. Ello ha dado lugar a un mural que cubre una superficie total de 6.000 metros cuadrados, el mayor en España en su género. Y envolviéndolo todo, una frase, asímismo muy del gusto de Boamistura: «Llena la vida de color». OPTIMISMO, otro concepto.

«Estamos rodeados de palabras negativas –sentencian los artistas–. La crisis, en general, y la situación del mercado, en particular, no invitan al optimismo. Y Madrid necesita salir de su letargo. Por eso este era el lema del proyecto». Y el color, en su opinión, es la forma más rápida de transmitirlo, porque su impacto en el paisaje es inmediato. La de MEZCLA sería otra parada obligada. El propio colectivo Boamistura lo es –«Un arquitecto (Javier Serrano), un ingeniero (Rubén Martín), dos diseñadores (Pablo Ferreiro y Juan Jaume) y un publicista (Pablo Purón), vecinos del barrio de la Alameda de Osuna, unidos por el graffitti desde 2001, que, acabadas sus carreras, vieron en la creación urbana una salida»–. También su labor, en la que convergen la gráfica, la pintura, la escena urbana... la relación con la gente.

Trabajar y que no te multen

«Este es nuestro proyecto más ambicioso hasta la fecha. No solo por su envergadura –cada cúpula son 800 metros cuadrados intervenidos–, sino por los medios que ha movilizado (lo que incluyó a un equipo de seis escaladores, para ayudarles con las labores en las cubiertas), sino por tener lugar en un escenario mítico, un emplazamiento envidiable. También es nuestro primer trabajo ejecutado en Madrid sin problemas», bromean, ellos que se han visto en alguna ocasión multados por sus intervenciones en determinados entornos de la ciudad.

Este es el proyecto más ambicioso de Boamistura, con un mural de 6.000 metros cuadradosRESISTENCIA. El de Boamistura no deja de ser un proyecto con fecha de caducidad.«El mercado vive en la cuerda floja desde hace años. Su derribo está ahora paralizado, algo de lo que nos alegramos. Y esperemos que esta intervención funcione como un grito, que sea la materialización de una lucha, de la constatación de que se renueva y quiere continuar», explican. «En cualquier caso, para nosotros, mientras dure, estará bien. Estamos acostumbrados a trabajar en la calle, y, allí, tu "enemigo" es la lluvia, la nieve, otro grafitero o el ayuntamiento, que es el peor grafitero de todos. Nada está hecho para durar siempre. Eso lo rodea hasta de un halo romántico».

¿Y qué les han dicho los vecinos?: «El feedback es muy bueno. El miedo al cambio es lógico, pero lo que hemos escuchado ha sido todo muy elogioso. Y aunque alguien encontrara inadecuado o feo el proyecto, también nos sentiríamos triunfadores, porque ha significado que esa persona ha hablado del mercado, lo ha hecho visible», lo que nos lleva a uno de los primeros de esos conceptos con los que estaba construida esta pequeña y circular historia. El mérito, de Boamistura.