«La segunda Lady Chatterley»: D.H. Lawrence, más crudo y brutal
D. H. Lawrence, autor de «El amante de Lady Chatterley» y de esta versión anterior, «La segunda Lady Chatterley»
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«La segunda Lady Chatterley»: D.H. Lawrence, más crudo y brutal

D. H. Lawrence escribió tres versiones de «Lady Chatterley». La segunda ve por fin la luz en español. Una novela no tan redonda como la tercera, pero dotada de un encanto propio

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D. H. Lawrence aparece en la novela «Contrapunto», de Aldous Huxley, criticando la «Oda a una alondra» de Shelley y diciendo que el pájaro de Shelley no es un verdadero ser vivo, sino una idea. Esta es la forma en que recordamos e imaginamos a Lawrence, como el defensor de la naturaleza y de la vida frente a la «pálida decoloración del pensamiento» (Hamlet). Sin embargo, no acabamos de ver a Lawrence, me parece, como ese gigante de la novela que algunos críticos anglosajones definen y defienden. «Aunque evidentemente no está de moda en nuestra época de dogmáticos sociales –escribe Harold Bloom–, sigue siendo un perenne novelista, ensayista, poeta y, en verdad, profeta, y su gloria e influencia volverán una y otra vez.»

Todo el mundo sabe de qué trata «El amante de Lady Chatterley», incluso los que no han leído el libro. Un resumen de su argumento puede evocar los escenarios de muchas películas porno y también de esas novelillas eróticas que publican las editoriales de novela rosa: la bella aristócrata insatisfecha, el marido impotente, el fornido y priápico guardabosques; la mansión georgiana, la cabaña del bosque. Sin embargo, la obra no se parece a su caricatura ni es, en casi ningún sentido, una novela erótica. Sus escenas de sexo son, en realidad, bastante abstractas y tenues, y el ardor de sus protagonistas curiosamente moderado.

La tercera versión es mejor, pero compararlas resulta fascinanteLawrence escribió tres versiones de su novela. La tercera y definitiva no se publicó completa hasta 1960. La segunda, que edita Funambulista bajo el título «La segunda Lady Chatterley», nunca vio la luz en su día y tampoco había sido traducida antes al español. ¿Merece la pena leer esta «Chatterley»? La respuesta es que sí, sin duda alguna, porque se trata de una novela muy distinta, posiblemente no tan redonda ni meditada como la tercera, pero dotada de un encanto propio.

Diferencia abismal

En «El amante de Lady Chatterley», Constance pierde la virginidad antes de casarse y más tarde, ya con su marido paralítico, toma con soltura un amante con el que tiene una larga relación antes de su encuentro con el guardabosques. Hay otras diferencias: el marido comienza a escribir y a hacerse un nombre en el mundo literario, mientras que el amante, Oliver Mellors, es un oficial retirado y no exento de refinamiento.

En esta «Segunda Lady Chatterley» todo es más crudo y más brutal. Clifford es un aristócrata a la antigua usanza y Connie es casi una virgen cuando se encuentra con Oliver, que es un hijo de mineros sin educación formal, de modo que la diferencia social entre ambos es abismal. No cabe duda de que la tercera versión es la mejor de las dos, aunque comparar una y otra resulta fascinante.

La traducción tiene que enfrentarse con un problema irresoluble: el del habla «dialectal» del guardabosques, que se resuelve haciendo decir a Oliver Parkins «cansao», «usté», «pa» y «mejó». Pero seguramente no hay mejor forma de hacerlo.