«Rayuela»: claves de lectura
Cortázar (a la izquierda), junto a su admirado Lezama. Comenzaron a escribirse antes de conocerse en 1963
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«Rayuela»: claves de lectura

Un puzle que el lector debe ir armando a medida que se adentra en sus páginas. Un territorio literario también. Eso es «Rayuela». Andrés Ibáñez nos ofrece sus claves

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Para vivir al estilo de «Rayuela»

Claramente basado en el modo de vida surrealista. Con el surrealismo comparte un deseo de ir más allá del «arte» para trabajar directamente en la percepción y en la experiencia.

1. Haga cosas absurdas con toda la seriedad del mundo. Por ejemplo, ponerse a buscar un terrón de azúcar en el suelo de un restaurante metiéndose debajo de las mesas. O guardar con devoción un huevo frito podrido.

2. No haga citas al modo habitual con sus amigos o amantes. Cítese en un barrio y confíe en el azar para encontrarse con ellos. Esto viene del modo de vida surrealista (ver, por ejemplo, «Nadja» de Breton). Tenga en cuenta que «la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico».

3. Nunca apriete desde abajo el tubo de dentífrico.

4. Actúe sin intención ni finalidad alguna. Por ejemplo: visite en el hospital a alguien a quien no conoce, o entre en el primer acto público que vea, ya sea concierto, conferencia, etc. Así podrá conocer a personas interesantes o a chiflados de aúpa, y en ambos casos lo pasará bien.

5. Escuche «jazz». Oliveira tiene gustos definitivamente clásicos: no soporta el «bebop». Céntrese en Armstrong (al que llamará «Satchmo»), pero compárelo desfavorablemente con Bix Beiderbecke.

6. Hable «glíglico». Idioma inventado por la Maga. El capítulo 68 está todo en «glíglico»: «Apenas le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes…».

7. No sea adulto. («No somos adultos, Lucía. Es un mérito que se paga caro.»)

Las tres «absurditis» de «Rayuela»

Para algunos habrá más, muchas más, y para otros estas tres no tendrán nada de absurdo.

1. El odio a Galdós. Se identifica a Galdós con autores de tercera fila como Vicki Baum y con una supuesta literatura «decimonónica» tediosa y vulgar. En el capítulo 34 se intercalan líneas de «Lo prohibido», de Galdós («una novela mal escrita») con las reflexiones de Oliveira.

2. El «lector hembra». No es el único rasgo machista de la novela. Es el lector pasivo, que se traga cualquier cosa y no tiene capacidad crítica.

3. La pedantería. El «namedropping». El reírse de los tontos y los ignorantes. A veces tiene efectos cómicos: «Ya estoy harto de decirte que leas un poco a Jung, che».

La teoría literaria de Morelli En 6 Noes

1. No novela: antinovela. («Una novela absolutamente antinovelesca, con el escándalo y el choque consiguiente.»)

2. No escribir: desescribir. («La fuerza con que trata de desescribir, como él dice, para ganarse el derecho (y ganárselo a todos) de entrar de nuevo con buen pie en la casa del hombre.» «Se trataba de encontrar un lenguaje que no fuera literario.»

3. No personaje. «El verdadero y único personaje que me interesa es el lector.»

4. No literatura. «¿Para qué sirve un escritor sino para destruir la literatura? Y nosotros, que no queremos ser lectores-hembra, ¿para qué servimos sino para ayudar en lo posible a esa destrucción?»

5. No lector hembra. (Ver nº 4.)

6. No psicología. (Ver el capítulo 62, de donde saldrá la novela 62, «modelo para armar».)

La sabiduría de «Rayuela» en 8 leyes

«Rayuela» como un libro esotérico e iniciático. Un «I Ching» urbano y posmoderno.

1. La mente racional y dualista nos impide comprender la realidad tal y como es. «Ojalá pudiéramos saber claro, entender claro al margen de la ciencia y de la razón. Vos sos mucho más que tu inteligencia.» Debemos renunciar «a la ilusión de entender».

2. La percepción nos engaña. Para percibir la realidad deberíamos despertar un «tercer órgano» en nuestro interior. «Vos querés decir que todo se junte en tu vida para que puedas verlo al mismo tiempo», le dice la Maga a Oliveira. «Quizá haya un lugar en el hombre desde donde pueda percibirse la realidad entera» (frase extraída de «El retorno de los brujos», de Louis Pauwels y Jacques Bergier. Citado en los «capítulos prescindibles»).

3. El ser humano es un proceso inconcluso. «El hombre no es sino que busca ser.» La verdadera historia del hombre no ha comenzado todavía: «Estamos en la prehistoria y en la prehumanidad. No soy optimista, dudo mucho de que alguna vez accedamos a la verdadera historia de la verdadera humanidad».

4. El ser humano es movido por fuerzas que no conoce. «Parecería que algo habla, algo nos utiliza para hablar. ¿No tenés esa sensación? ¿No te parece que estamos como habitados?» Estamos habitados por «fuerzas habitantes, extranjeras, que avanzan en procura de su derecho de ciudad; una búsqueda superior a nosotros mismos como individuos y que nos usa para sus fines».

5. Por eso nadie vive verdaderamente su vida. «La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.»

6. Existe otro lado, una dimensión desconocida, una especie de país dentro de nosotros. Es el «cielo» del juego de la rayuela. Se le llama «otro lado», «Edén», «tierra de Hurqalya» (Henry Corbin), «la conquista del reino» (Rubén Darío) o el «derecho de ciudad». «Esa verdadera realidad no es algo por venir, una meta, el último peldaño, el final de una evolución. No, es algo que ya está aquí, en nosotros.»

7. Para encontrar esa «verdadera realidad» debemos aprender a leer el mundo. «Ese mundo existe en este, pero como el agua existe en el oxígeno y el hidrógeno, o como en las páginas 78, 457, 3, 271, 688 y 456 del diccionario de la Academia Española está lo necesario para escribir un cierto endecasílabo de Garcilaso. Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla.»

8. Para lograr llegar a la verdadera realidad debemos romper los hábitos mentales (es lo que Morelli-Cortázar pretende con su literatura) y practicar la desescritura, la antinovela, las anticitas y las acciones gratuitas que rompen la malla de la costumbre.