Antonio Fernández Alvira: «Mis dibujos son de cocción y recepción lenta»
El artista Antonio Fernández Alvira fotografiado en la azotea del Círculo de Bellas Artes - ernesto agudo
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Antonio Fernández Alvira: «Mis dibujos son de cocción y recepción lenta»

«Nobody said it was easy» es el título de la exposición en la galería Espai Tactel (Valencia) de Antonio Fernández Alvira. Un artista interesado en el poder y la violencia

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El dibujo como campo de batalla en el que se libra una guerra a muerte: la del individuo consigo mismo. A Antonio Fernández Alvira (Huesca, 1977), siempre le ha interesado cómo se construye la identidad, lo que deriva ahora en el estudio de los mecanismos de poder y violencia que conlleva. Sus últimas conclusiones entran en la galería Espai Tactel de Valencia.

Es cierto: Nadie dijo que fuera fácil.

La exposición habla de que no es fácil sobrevivir en la sociedad de hoy, en la que estamos continuamente siendo evaluados, juzgados y medidos según unas convicciones sociales y morales que promueven el uso de una violencia –y no solo física– como método para adquirir cotas de poder y proyectar ciertos idearios ante los demás, como el éxito, el prestigio, el honor, la valentía o la fuerza.

Me interesa su concepto de violencia «silenciosa».

Es esa violencia que no percibimos a simple vista, la psíquica. Camuflada, ha pasado a formar parte de la sociedad. Quien sepa hacer uso de ella, puede alcanzar grandes cotas de poder. Mis dibujos atraen en un primer instante por lo estético, lo armónico, lo preciosista, pero hasta que no se está delante de ellos, uno no se percata de que lo idílico no lo es tanto. Pero ya es tarde para no mirar.

Algunos definen su obra como «escultórico-arquitectónica».

Hay quien considera mi trabajo como un dibujo escultórico, ya que son una especie de construcción. Son composiciones formadas por muchas piezas pequeñas dibujadas, pintadas, recortadas, ensambladas y pegadas, recordando los «pop-ups» con los que éramos educados. Y acercándome a una mayor tridimensionalidad, a veces me salgo del marco. Me interesa el dibujo como instalación.

Es una técnica con mucho de manual y procesual. ¿Son sus ritmos una buena metáfora de cómo nos construimos?

Mi dibujo es de realización lenta, pausado, borrando y volviendo a hacer, rompiendo y empezando otra vez. Es una buena metáfora de cómo nos vamos autoconstruyendo. Cómo estamos atados por unos patrones, ya sea por el lugar que habitemos o el entorno social, los cuales nos van constriñendo.

Habló de atarnos. El bordado es su otra forma de dibujar.

El bordado se ha asociado siempre a lo femenino, de allí que lo use, de modo irónico, para hablar de ese hombre que se construye puntada a puntada, vivencia a vivencia. El hilo, de color rojo, el de los sentimientos y la sangre, conforma las figuras, siguiendo el dibujo previo preestablecido. Sin salirnos del patrón, para no ser señalados. Me gusta contraponer técnicas delicadas y sutiles, como el bordado o la acuarela, con las imágenes que representan, llenas de dureza o violencia.

¿El hogar es pues la primera trinchera o el primer campo de batalla?

Empieza siendo lo primero para transformarse en lo segundo. Un escenario que plantea un decorado idealizado de valores, en el cual somos educados, comparados y adoctrinados, y que se espera que repitamos de adultos. Pero al final, no deja de ser un backstage decadente, venido a menos, en el que nada es real.