Crowdfunding en arte: que no sea por dinero
Detalle del proyecto «Über Uns», de Javier Velázquez, financiado con «crowdfunding» - abc
ARTE

Crowdfunding en arte: que no sea por dinero

Cuando las inversiones públicas están paralizadas y los grandes inversores privados tampoco patrocinan proyectos, se impone el micromecenazgo en el arte. La unión hace la fuerza

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El pasado 14 de mayo se estrenaba la primera película española financiada a través del crowdfunding. El término, que en español podría traducirse como «micromecenazgo», hace alusión al sistema que permite financiar de forma directa proyectos de la más variada naturaleza (en este caso, uno cinematográfico) con la suma de aportaciones individuales. Cada uno de esos generosos «productores» pasan a denominarse «micromecenas», que reciben recompensas a cambio de sus aportaciones.

El de «El cosmonauta» (título de la cinta de Nicolás Alcalá), no es un caso aislado. De hecho, esta fórmula de captación de capitales está muy implantada en el ámbito audiovisual. Y poco a poco comienza a ser algo habitual entre los creadores plásticos. «Yo me decidí a apostar por algo así cuando el Casal Solleric me invitó a participar en el festival Miradas de Mujeres –cuenta Olimpia Velasco–. Sus responsables me explicaron que recibiría la cantidad que se paga en estos casos a los artistas, pero que no habría ni un solo euro para la producción. Estuve a punto de tirar la toalla, pero teniendo en cuenta que la instalación (que se llamó «Estar expuesto») estaría conformada por 50 cuervos («crow» en inglés), se me ocurrió que sería divertido servirme del juego de palabras: lo mío sería una «crow(d)funding». La iniciativa de Velasco llegó a buen puerto y, acabada en marzo, sus aves volaron desde Palma a los domicilios de sus mecenas. Era a lo que se había comprometido.

«Te ayudarán tus fans»

«Antes de que me lanzara a iniciar mi campaña para financiar el proyecto de foto y vídeo «Hielo quema» –explica ahora el vídeo-artista Juanma Carrillo– otros compañeros ya me habían hablado del sistema; incluso había recibido invitaciones de plataformas en la red que facilitan este tipo de iniciativas. “Te ayudarán sobre todo tus fans”, me repetían. Usaban con reiteración este término: “fans”. Siempre he prestado atención a las redes sociales, al contacto directo con mis seguidores, por lo que el crowdfunding era un paso lógico».

«Si el sistema del micromecenazgo funciona sobre todo entre cineastas y músicos es porque son los creadores que primero atendieron a instancias como Facebook o Twitter –nos relatan desde Verkami, una de las plataformas en internet a las que hacía referencia Carrillo. No es la única: también están la pionera Kikstarter o Goteo–. Quizás a los artistas les ha costado más entrar en el juego porque su ritmo hasta ahora ha sido otro, en solitario, esperando que la producción corriera a cargo del museo o la galería». Las reglas han cambiado.

Verkami nació hace poco más de dos años y se ha convertido en una herramienta muy útil en Europa para impulsar proyectos de micromecenazgo. Sus clientes son básicamente españoles, pero han apostado por ellos creadores de Italia, Grecia o Eslovenia. «El sistema arrancó en EE.UU., donde Kickstarter era la referencia. Pero su ámbito de actuación se limitaba a ese país. Nosotros pensamos en algo más ambicioso, con vocación más global y adaptado a los sistemas de pago en España». En la actualidad, la plataforma alberga 190 proyectos de todo tipo y puede anotarse el haber permitido que salgan adelante un premio Goya (la «Eva» de Kike Maíllo), una Concha de Oro («Los pasos dobles», de Isaki Lacuesta) y hasta un Oscar (por la participación en la banda sonora de «The artist» del compositor Albert Guinovart).

Cuarenta días para alcanzar un fin

Javier Velázquez es otro de los creadores que han optado por esta plataforma para financiar «Über uns-Sobre nosotros», una performance que tiene que desarrollarse por su filosofía en Sttutgart, y a donde necesitaba viajar. Verkami tiene unas reglas claras: es necesario alcanzar al menos el total del dinero solicitado. De no ser así, el proyecto se cancela. De conseguirlo, la aplicación se queda con el cinco por ciento. Tienes 40 días para ello: «Al final he sumado cinco euros más de los que necesitaba, pero ha sido duro. Lo más complicado es fijar las recompensas para tus mecenas. Los artistas estamos acostumbrados a producir una obra y esto te obliga a diversificar el proyecto», relata Velázquez.

«Gratificar a los que han creído en mí era algo lógico –añade Velasco–. No quería pedir sin dar nada a cambio. Además, mi proyecto se convirtió en una campaña sobre la falta actual de financiación pública. Mi relación con mis seguidores ha sido muy personalizada. Quería que se sintieran parte de la obra. De hecho, cuando llegué al Casal, los cuervos ya no eran míos. Ellos me los prestaban».

Carrillo solicitaba 3.500 euros y consiguió 300 más («Si lo piensas, las recompensas son una ganga para el coleccionista. Yo he prometido obras mías por 120 euros. Eso puede ser incluso un problema para un artista con galería»). Velasco «vendió» sus cuervos a 50 euros. Velázquez alcanzó los 1.655. Pero lo más curioso es que instituciones como el Monasterio de Pedralbes también se hayan visto seducidas. Y que el suyo haya sido un éxito rotundo: Para restaurar los murales de la capilla de San Miguel se precisaban 150.000 euros. El ayuntamiento barcelonés sólo garantizaba 75.000. El museo intentó recaudar de forma anónima 25.000. A la llamada respondieron altruistas hasta dejar la cantidad en 31.000.

«Somos una institución pública, por lo que no podemos recibir dinero –apostilla Anna Castellano, conservadora jefe del Monasterio–. Hubo que recurrir a una fundación, que además tiene la posibilidad de ofrecer a los mecenas certificados de desgravación fiscal. La petición de ayuda a la ciudadanía no es nueva para nosotros. Así se restauró la iglesia en el siglo XIX. Ahora recuperábamos la tradición, aunándola con la modernidad de las herramientas digitales, porque lo local ya no existe. Y, por su valor, estas pinturas son universales. En Madrid se pueden sentir como propias, como nosotros sentimos así los murales de Asís».

De lo cercano a lo lejano

¿Y quién responde a este tipo de iniciativas?: «En mi caso, el setenta por ciento han sido desconocidos. Es bueno saber que siguen tu trabajo», dice Velasco. «Blogueros, galeristas, artistas... Muchos me dicen que no quiere nada a cambio. Y gratificar a los extranjeros sale caro, pero son las reglas del juego», agrega Carrillo. «Pocos son los que no me conocieran. No sé si repetiría. Tengo la sensación de que quemo a mis conocidos», concluye Velázquez.

En cualquier caso, son más ventajas lo que se enumera a la hora de hablar del sistema: «Aporta visibilidad y permite trabajar con independencia», responde el autor de «Über Uns». «Implicar a la gente ayuda a que entiendan mejor el arte –considera la mallorquina–. Además, tú controlas el proceso en todo momento. Te pagan por adelantado. Con las instituciones a veces tienes que esperar años». «Yo me emocioné con cada aportación. Era escéptico al comenzar, pero son muchos los que me han dicho siempre que les encantaba mi trabajo: ahora tienen una forma de ser parte de él», matiza Carrillo. Él está a punto de embarcarse en su primer largo («Islandia») y el crowdfunding es una posibilidad. Velasco sabe que repetirá. Desde Pedralbes, pioneros, son conscientes de haber abierto una brecha para los museos. El que lo prueba repite. Porque no es cuestión de dinero.