«Así es como la pierdes»: el último Junot Díaz baila al ritmo de bachata
Como los personajes de «Así es como la pierdes», Junot Díaz llegó a Nueva Jersey desde República Dominicana
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«Así es como la pierdes»: el último Junot Díaz baila al ritmo de bachata

Entre el español y el inglés se mueve Junot Díaz en sus novelas. La última, «Así es como la pierdes», retrata, mezclando comedia y tragedia, la realidad hispana en Estados Unidos

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«Así es como la pierdes» pertenece a esa estirpe de obras que desnudan al crítico de argumentos útiles mediante los que valorar su mérito. Libros como este dinamitan las viejas pautas de la escritura que servían para medir el rango que correspondía a su calidad literaria. El estilo o la invención son nociones que no sirven, tan viejas e inapropiadas como creer que el valor de un cuento o una novela está en su moraleja.

La novedad de las obras de Junot Díaz nos interroga sobre las posibilidades que en el futuro ofrecerá la narrativa latina que se escribe en Norteamérica. En un mundo predominantemente mestizo, el de esta literatura lo es aún más; su prosa tiene el ritmo de la bachata o el «reggaeton» y el vocabulario sorprende por la libertad con que transita entre el español y el inglés. A la tercera página, la lengua de «Así es como la pierdes» ha obligado al lector a cambiar el chip: los amigos son «panas» y los jóvenes, «tígueres». Yunior es un «cuero loco» que «pega cuernos» a su novia y sale por las calles de la ciudad a «hanguear».

Y siempre será así

Posiblemente su atrevimiento consiste en haber despreciado los parámetros comunes por los que el lector admira una novela y sacudirlo hacia los límites aprovechándose de las apariencias y disfrazando los propósitos que secretamente persigue su autor, quien finge que la serie de historias que se reúnen en este libro podrían ser una autobiografía erótica de un dominicano que vive en Estados Unidos y en cada capítulo –con una única excepción– relata una etapa de su vida a través del episodio amoroso que corresponde a ese tiempo de su azarosa y precaria existencia.

Adicto al sexo y las drogas, el protagonista sortea la solemnidad de la literatura

Pero las historias, que aparentan ser independientes y subversivamente procaces, son en realidad el relato de un joven latino que busca integrarse en la sociedad norteamericana y no encuentra el camino. Cada capítulo pone en evidencia que el fracaso y la decepciónson el destino de sus protagonistas. Y no únicamente por culpa del hermetismo de la sociedad en la que tratan de insertarse, y que relega a la miseria y la marginación a quienes no pertenecen a la etnia angloparlante y caucásica.

El retrato que Junot Díaz hace de la sociedad norteamericana es un retrato «in absentia», la sociedad de los angloparlantes apenas aparece en el libro, sus personajes son casi completamente latinos que se relacionan con otros desterrados de su patria, reducidos al gueto en el que tratan de sobrevivir en Nueva Jersey, Nueva York o Boston. Y siempre será así. Para el padre, que como avanzadilla de la familia se anticipó a buscar trabajo y un medio de subsistencia que le permitiera reunirse, más tarde, con los suyos. Para los hijos, que a una edad muy temprana dejaron la patria y la lengua y se vieron obligados a acomodarse a la nueva vida sin conseguir nunca rebasar el límite de ciudadanos legales. Tolerados en una sociedad intolerante.

El «brave new world»

Si hay un mensaje lacerante en la biografía de Yunior es el de su resentimiento final, cuando después de décadas de miseria, ya profesor universitario que merodea por el campus de Harvard, protesta por el trato vejatorio que recibe de la policía, que le detiene y registra varias veces al día, o por los grupos de blancos que le insultan y amenazan, cuando no tratan de agredirle. En peores circunstancias se describe la situación familiar y laboral de las mujeres.

Todos viven a la espera de que el milagro de la felicidad se produzca, pero no llega

Ese panorama desolador no está enfocado desde el punto de vista que cabría esperar en un relato realista o naturalista, sino que la novedad de Junot Díaz consiste en haber sabido evitar el previsible tono conmiserativo mediante un enfoque trivial, liviano y hasta procaz. Es la manera de ver el mundo de un protagonista adicto al sexo y las drogas que sortea la solemnidad de la vida o de la literatura. El repertorio de sus amantes es todo un muestrario de situaciones cómicas entre las que van filtrándose algunos guiños trágicos. El cáncer terminal del hermano de Yunior se combina con un éxito casi prodigioso para acostarse con cuantas mujeres se encuentra.

El protagonista practica el sexo como para resarcirse de las escasas posibilidades que la vida le ofrece. Ajeno a cualquier norma ética, la única fidelidad que conoce es la que le garantiza su propio placer, y cuando entre sus amigos se percibe la sospecha de que se está enamorando, reacciona con premura justificándose: «Es sólo sexo». Pero se trata de un goce insuficiente, porque las historias que aquí se reúnen tienen siempre un fin frustrante. Todos viven a la espera de que el milagro de la felicidad se produzca, pero este no llega, aunque su situación económica haya mejorado. En palabras de una de esas dominicanas que lo dejaron todo para llegar a ese «brave new world»: «No hay promesa que sobreviva a ese mar».