Abbas Kiarostami
Abbas Kiarostami - REUTERS

Adiós a Abbas Kiarostami, el inventor del cine iraní

El cineasta que estuvo a punto de ganarle la Palma de Oro a «Pulp Fiction» y la mereció tres años después ha fallecido a los 76 años de edad

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Dos o tres películas antes de que el cine iraní existiera para el mundo, Abbas Kiarostami [director que acaba de fallecer a los 76 años] era ya un cineasta de perfume entre cinéfilos. Cuando estuvo a punto de ganar la Palma de Oro en Cannes con «A través de los olivos» en 1994 (Guillermo Cabrera Infante y los otros miembros del jurado decidieron finalmente dársela a Tarantino y «Pulp Fiction», algo que la historia del cine tampoco les reprochará), Abbas Kiarostami cerraba con esta mágica película una trilogía maravillosa y con la que se inventó precisamente el cine iraní, no una cinematografía de un lugar, sino un modo de narrar las historias por el hueco que dejan… «¿Dónde está la casa de mi amigo?», «Y la vida continúa» y «A través de los olivos», cuyo larguísimo plano final era el resumen, la rima de una inverosímil y candidísima historia de amor, son tres películas arrancadas a la realidad antes y después del terremoto terrible que asoló Irán en 1990.

Pero Kiarostami sólo tuvo que esperar tres años para sacarle al Festival de Cannes la Palma de Oro que le debía, y fue con «El sabor de las cerezas», un guiño a las fresas de Bergman, pero sobre todo una de las mayores señales de golpe de vitalidad que se han hecho nunca, pues trata de los problemas de un hombre que se va a suicidar para encontrar a alguien que entierre su cadáver a las afueras de Teherán, pero del árbol que se va a colgar coge unas cerezas, y ese sabor agridulce, lo que es la pura vida, le proporciona una coartada para cambiar de planes.

A partir de Kiarostami, del cine iraní de Kiarostami, cualquier Festival de Cine sintió la ineludible necesidad de programar cine iraní, y no sólo programarlo, sino también apreciarlo y premiarlo. Tras él, cineastas como Jafar Panahi, Asghar Farhadi, Mohsen Makhmalbaf, su hija Samira, Bahman Ghobadi… le acabaron de dar forma al invento, una o dos generaciones de directores de cine que podrían competir en brillantez con la de la época dorada de Hollywood.

El prestigio de Abbas Kiarostami, cimentado fundamentalmente en los Festivales de Cine y en las Cinematecas de todo el mundo, es enorme, a pesar de que sus éxitos en la taquilla de las salas comerciales han sido más bien escasos. Su estilo narrativo, su manera de entender el arte cinematográfico lo hacía más atractivo para el concepto «pantalla de museo» que el de Multisala, aunque a su modo supo alternar la ficción, el documental y la poesía en películas más narrativas, como «El viento nos llevará», y en películas más experimentales y sin una narración al estilo clásico, como «10 on ten» o «Shirin». Probablemente su mayor éxito en salas comerciales fue su film de 2010 «Copia certificada», una preciosa e intrigante historia rodada en la Toscana y protagonizada por Juliette Binoche y William Shimell, y cuyo argumento parte de una idea sencilla de entender pero muy difícil de aceptar: una buena copia es mejor que un mal original, y que se acercaba en espíritu al «Te querré siempre» de Rossellini.

La ambición artística de Kiarostami estuvo encauzada también a esas zonas más vanguardistas del lenguaje cinematográfico, y su presencia en Museos y en las más diversas exposiciones e instalaciones fue constante durante la década pasada, desde que en 2006 hizo junto a Víctor Erice la exposición«Correspondencias: Víctor Erice y Abbas Kiarostami», un intercambio de cartas redactadas en formato vídeo digital que ha recorrido el mundo entero. Alguien podría pensar ahora que el cine iraní no hay quien lo entienda…, y es cierto, el cine iraní no se puede entender sin la figura de este gran cineasta que hoy ya es historia.