Michelle Jenner, en el papel de Isabel la Católica, en la serie de Televisión Española
Michelle Jenner, en el papel de Isabel la Católica, en la serie de Televisión Española - TVE

La última regla del ajedrez

Un documental rastrea un libro perdido de Francesch Vicent que recopilaba en 1495 las nuevas normas del juego, surgidas en tiempos de Isabel la Católica

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El 15 de mayo de 1945 se imprimió en Valencia el primer tratado del ajedrez moderno, «Llibre dels jochs partitis dels scachs en nombre de 100» («Libro de los juegos y partidas del ajedrez en número de 100»). Se sabe que su autor fue Francesch Vicent, un erudito que más tarde encontró refugio como profesor de Lucrecia Borgia tras el éxodo de talento e intelectuales que supuso la expulsión de los judíos de la Península Ibérica.

Estos hechos están documentados y a los investigadores, con José Antonio Garzón a la cabeza, les consta que la obra de Vicent ayudó a popularizar el nuevo poder que adquirió la dama (o reina) en tiempos de Isabel la Católica, aunque se citan otras influencias, como María de Castilla y otras monarcas occidentales. En cualquier caso, aquella pieza conocida hasta entonces como alferza, de alcance limitado, se convirtió en la más poderosa del tablero, suceso trascendente del que ya se había hecho eco el poema «Scachs de amor», datado en 1475. Garzón, en concreto, considera que la figura de Isabel la Católica como modelo real de la nueva dama del ajedrez goza de consenso internacional. «El investigador holandés Govert Westerveld es quien estudió y acreditó la cuestión», asegura.

Lo que nadie ha conseguido, por el momento, es hallar un solo ejemplar del libro de Vicent. La búsqueda de este «Santo Grial» del juego de reyes guía la película documental «La dama del ajedrez», de Agustí Mezquida, que poco a poco llega a distintas ciudades españolas casi al mismo ritmo con que los judíos expandieron por el mundo las nuevas reglas enraizadas en España. El cambio no fue menor: las partidas se agilizaron y la popularidad del ajedrez creció aún más.

La historia contiene otras paradojas. Curiosamente, el nuevo poder de la dama, de un feminismo radical, alejó a las mujeres del juego. «La lentitud original tenía sus ventajas», cuenta Mezquida. «Venía bien para los intereses de las mujeres, que a su vez enseñaban a los niños. Y era una de las artes que debían aprender antes del matrimonio. El ajedrez, que siempre se consideró un juego intelectual, propiciaba además encuentros entre ambos sexos; era la excusa para pasar el día entero alrededor del tablero». Con los cambios, «la mujer dejó de jugar, el ajedrez se volvió más competitivo, más profesionalizado y perdieron interés». «Prácticamente no se han vuelto a recuperar», asegura el director de «La dama del ajedrez».

Política, sexo y religión

Las nuevas reglas eran pocas, pero revolucionarias. De repente, el peón podía convertirse en reina. Consideraciones políticas aparte, había un problema de transexualidad evidente que los italianos resolvieron llamando «peona» al nivel más bajo de aquellos ejércitos monocromos. La denominación también cambió para siempre de unos países a otros por motivos religiosos, explica Mezquida. «En el mundo católico se llama dama y en el protestante, reina». Por último, la posibilidad de coronar varios peones y tener más de una dama conllevaba conflictos de aparente poligamia. «Era algo perverso y por eso en España también se prefirió la palabra dama», añade el investigador.

La alferza, una pieza de poder limitado, fue sustituida por la poderosa dama o reina
La alferza, una pieza de poder limitado, fue sustituida por la poderosa dama o reina

Agustí Mezquida ha buscado el libro de Vicent por todo el mundo. Una de las última esperanzas era la majestuosa biblioteca pública de Cleveland, en Estados Unidos, que en su día donó John G. White, un importante abogado enamorado del ajedrez. «Apenas tenía familia y buscó material por todo el mundo», cuenta el director del documental. «Lo compraba todo: cartas, artículos, libros, piezas... Tenía una colección impresionante, con juegos del siglo XI, que legó antes de morir. En la biblioteca, una planta entera está dedicada al ajedrez. Llegamos con expectativas, pero nos garantizaron que no lo tenían, aunque en los registros tenían constancia de su existencia».

¿Por qué no queda ni un ejemplar? «Hay tres posible motivos», señala. En primer lugar, «era un manual de uso, como los libros del colegio, que se estropean más». También existe la posibilidad de que permanezca oculto con otra cubierta, «algo más remoto pero posible, ya que otros manuscritos se han descubierto así». Por último, «al ser el autor judío y estar escrito en valenciano, pudo sufrir persecución e incluso acabar en la hoguera, como ocurrió con la Biblia valenciana, también del siglo XV, de la que solo se conserva un ejemplar, en la Spanish Society de Nueva York». La búsqueda continúa.