Es Noticia

Al otro lado de los muñecos del «Futbolín» de Campanella

Una película de dibujos animados y la presencia de Annette Bening marcaron la jornada inaugural del Festival de Cine de San Sebastián

Al otro lado de los muñecos del «Futbolín» de Campanella
El director argentino Juan José Campanella en San Sebastián - afp
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Tal vez pueda parecer extraña la decisión del festival de inaugurarse con una película de dibujos animados, y más bien para niños, con el poco juego que dan los monigotes a la hora de los «flashes», aunque para esa hora ya tenían previsto los astutos responsables del certamen que ese lugar lo ocupara Annette Bening y otros notables invitados y protagonistas de la ceremonia, como Cayetana Guillén Cuervo y Unax Ugalde, que la presentaban.

Las películas del argentino Juan José Campanella suelen tener dos dispositivos muy útiles en su interior, el actor Ricardo Darín y una prosa muy campanuda y atiborrada de sentimientos. La película presentada aquí, «Futbolín», sólo tiene ese segundo dispositivo (Darín no se querría prestar, con buen criterio, a entrar en el juego), pero lo utiliza con la generosidad de un barman con recursos: «Vale, no tenemos ginebra, pero fíjese en la cantidad de tónica que le pongo a su gintonic». Una de las pocas cosas buenas de ser adulto es que no es imprescindible disfrutar ni descubrir grandes ideas con las películas infantiles y basta con que la disfruten y las descubran los que no pagan entrada pero la hacen pagar.

«Futbolín» es un cuento, el que le narra un padre a su hijo para que deje un rato de machacarse los dedos con los juegos de pantalla y se fije en un modesto y épico futbolín, o sea, el neandertal…, y allí se va Campanella en un jugoso prólogo, pues se divierte en un ingenioso remedo del hueso de «2001» que se convierte en nave espacial, pero con los mismos monos que lanzan al aire un cráneo redondo que se convertirá en balón de fútbol… Así habla Campanella, como Zaratustra, pero de guasa.

Espíritu de barrio

Sin entrar mucho en lo menudo del argumento, muñeco bueno y muñeco malo, lo cierto es que la película invoca algunos de esos valores tan apreciados por el mundo infantil, como la honradez, la solidaridad, el esfuerzo, el amor, la pasión y el respeto, que, por otra parte, son habitualmente tan despreciados por el mundo adulto, más inclinado a valorar la fama, la chulería, la apariencia y el negocio.

No hay, pues, sólo 3D en «Futbolín», y aspira a una cierta dimensión extra al ofrecer ese escaparate lleno de productos que los niños aún valoran y los adultos se reprochan por haber olvidado. Insiste también este director en esa especie de «espíritu de barrio», o de pueblo, que unta su cine, y exprime su facilidad para el «cliché» (muy especialmente con los monigotes porteños, graciosos y redichos) y para la precisa colocación de cada sentimiento en su lugar.

Además, y sin ser Pixar, Campanella demuestra solvencia técnica y, especialmente, gracia en la descripción visual de los «elementos» del pueblo metidos a futbolistas de ocasión, con algún instante glorioso como el robo de cadenita de oro en pleno remate de cabeza o la vaharada de aliento fétido al contrario.

Entre lo romántico y lo patético

Y de vuelta a Annette Bening, conviene aclarar que no estaba aquí para sustituir en las fotos a los muñecos de futbolín, sino como acompañante de la película «The face of love», convenientemente traducida como «La mirada del amor», que es la del personaje que interpreta muy en melodrama Bening, que pierde a su marido, Ed Harris, en un accidente en el mar y, tras años de desesperación, encuentra a un amante, Ed Harris, que guarda un sorprendente (para ella, pero no para el espectador, que se conoce el nombre y la filmografía del sujeto) parecido con su marido muerto.

La ha dirigido Arie Posin, y es un buen ejercicio si lo que a uno le gusta es navegar entre las aguas de lo romántico y lo patético. Hay un buen montón de «flash-back» equívocos, pero qué sería de esta historia sin ellos.