Danny Boyle: «Goya fue el primer gran pintor de la mente humana»
Danny Boyle, esta semana en Madrid - EFE

Danny Boyle: «Goya fue el primer gran pintor de la mente humana»

El director de «Slumdog Millionaire» estrena «Trance», una película sobre la avaricia, la hipnosis y que tiene un cuadro del pintor aragonés como eje principal de la trama

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Un cuadro del genial artista de Fuendetodos, «Vuelo de brujas», es el objeto sobre el que gira la trama de «Trance», la vuelta a la gran pantalla del oscarizado director Danny Boyle después de la espectacular realización de la apertura de los Juegos Olímpicos de Londres. La pintura en cuestión, cuyo original descansa en los depósitos del Museo del Prado, sirve como metáfora perfecta de uno de los protagonistas, James McAvoy («X-Men», «El último rey de Escocia»), quien aparece «retratado» en el cuadro, como nos explica el propio director, durante una charla con ABC en medio de su visita a Madrid.

«El cuadro de Goya es un objeto de deseo -económico- para Simon (McAvoy), y también es una preciosa representación del dilema que sufre el personaje». Boyle hace un paralelismo de este papel con el protagonista del lienzo, que está «tapado con una manta y no sabe lo que está ocurriendo a su alrededor». Una representación enigmática que tiene fascinado al realizador: «Lo maravilloso de Goya es que con el paso del tiempo sus cuadros generan más preguntas que respuestas, como ocurre en este caso. Él fue el primer gran pintor de la mente humana».

«Vuelo de brujas» fue copiado por el equipo de la película en Madrid, con la asistencia de especialistas del Prado, quienes aconsejaron sobre los materiales que se debían emplear en la reproducción, para que quedara perfecta (Goya pintaba con blanco de plomo, una pintura tóxica que hoy no se comercializa). «Fueron muy amables», puntualiza Boyle, quien se declara visitante asiduo de la pinacoteca: «La visitaré de nuevo esta misma tarde».

Este cuadro no es el único lienzo de Francisco Goya al que se hace referencia en la película, en la que abundan obras de arte robadas de grandes artistas como Rembrandt o Van Gogh. También «La maja desnuda» guarda un «secreto» crucial en la trama: «Es importante porque causó furor en su momento, al representar por primera vez la belleza de la mujer de forma natural, sin idealizar», detalla Boyle. El cuerpo «ideal» que aparece desprovisto de toda vestimenta en la pantalla es el de Rosario Dawson («Death Proof», «Clerks II»), otra de las protagonistas de la cinta junto con el francés Vincent Cassel. Para ella, el Goya representa algo más valioso que el dinero, lo que el espectador irá descubriendo a medida que se desenreda la madeja del vertiginoso argumento: «Aunque pudiera parecer la clásica ‘femme fatale’, descubrimos que su historia tiene que ver con una respuesta diferente a una situación extrema», dice Boyle.

Hipnotizar al espectador

Dawson es en la ficción Elisabeth, una hipnoterapista que usa la técnica de dormir a sus pacientes para ayudarles con sus traumas. Simon solicitará sus servicios y a partir de ahí comenzarán los trances que narra la trama. «Percibimos la película a través de estos trances, y hay un momento en el que es difícil diferenciar lo que es real de lo que no lo es. Esa incertidumbre es muy interesante y sucede en las escenas gracias a que nos hemos ayudado de la hipnosis», puntualiza Danny Boyle.

«Aunque parece una técnica benigna, la hipnosis es algo muy peligroso y poderoso para el 5%-10% de la población, la más sugestionable. Puedes llegar a recovecos en su mente que están fuera de su control». Aunque el director afirma que nunca se sometería a una sesión de hipnoterapia por ser «un fanático del control», sí que admite que la película plantea un juego al tratar de «hipnotizar al espectador para que pierda el control y pueda tener una reacción visceral a lo que están viendo, que se entregue a esa historia».

La película, que se rodó aprovechando un descanso que concedió el COI al director antes de las Olimpiadas, supuso un contrapunto perfecto a la realización del inicio de los Juegos: «La ceremonia nos llevó una preparación de dos años y medio, y el tono era muy optimista, como una película de Disney, para toda la familia», explica. Por el contrario, «Trance» representa «la oscuridad» que Boyle deseaba sacar de esa época, de todo lo que tenía en su mente.

El director, que ya tiene en la cabeza como próximo trabajo una secuela de su primer gran éxito comercial «Trainspotting», comenta otro de los temas omnipresentes en el metraje, la codicia de los personajes, algo que, sin embargo, Boyle cree cada vez menos presente en nuestra sociedad: «La avaricia es una fuerza que siempre nos ha impulsado, es un hilo conductor de nuestro comportamiento», explica para luego añadir rápidamente: «No estoy seguro de que, en la actualidad, los jóvenes se preocupen tanto por el dinero. Miro a mis hijas y no están interesadas en él, no quieren amasar grandes cantidades, solo quieren tener lo justo para sobrevivir. Durante los últimos 30 años nos insistieron en que invirtiéramos en pensiones, y ahora vemos que no valía para nada. La gente joven lo ha visto: no quieren que les engañen».