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Críticas de los estrenos del 8 de febrero

«Gangster Squad», «Mamá», «No», «Las ventajas de ser un marginado» y «Muertos de amor», novedades de la semana

Críticas de los estrenos del 8 de febrero
Jessica Chastain, de morena en la terrorífica «Mamá» - abc
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«GANGSTER SQUAD» **

OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE

La mayor gracia de este sucedáneo está, precisamente, en su originalidad a la hora de que cada actor está bien ligado a su personaje y cada personaje suscrito a un tópico: el poli guaperas, Ryan Gosling; el poli tosco, Josh Brolin; el mafioso despiadado e insufrible, Sean Penn..., lo cual facilita aún más las cosas a ese vigía que suele llevar dentro el espectador: ¡barro a la vista! La historia está espléndidamente enfocada a la época, el lugar y el género, un policíaco brutal en Los Angeles durante los años cincuenta, y muy llena del aire «De Palma» y sus Intocables o de aquella Brigada del Sombrero que nos contó Lee Tamahori. Tanto el argumento como su estilo y personajes suenan en la pantalla como un eco, aunque podría considerarse como novedad el hecho de ver a Sean Penn mucho más desagradable, patán y despendolado de lo habitual en su encarnación del mafioso Mickey Cohen, alguien que le hubiera hecho vomitar a Edward G. Robinson, de puro feo y maquillado.

No se busca y, por lo tanto, no se halla ni la menor sutileza en el desarrollo y giros del guión, aunque el director, Ruben Fleischer (dos ecos al tiempo de grandes cineastas), consigue una magnífica ambientación gangsteril y negra en aquel Hollywood de technicolor, un ritmo de velocista en una carrera de fondo y unas escenas de acción llenas de ruido y metralla, y con cierta tendencia a la cámara relamida y lenta. La tesis es tan vieja como actual: o se le pone freno a la corrupción como sea (ese «como sea» suele aportar a la tesis su dosis de controversia) o poco a poco va devorando a todas las instituciones, desde la policial a la judicial.

Aunque «Gangster squad» no se preocupa en exceso en argumentar sus tesis, sino en que embadurnen la pantalla de violencia, venganza, degradación y un discutible sentido del valor (y de los valores) que relacionan el fin de la guerra (mundial) con el principio de la batalla (moral). Los dos protagonistas, Gosling y Brolin, son ex combatientes y sus amarguras y desesperanzas los empujan a una huelga vital, que ellos hacen a la japonesa, una guerra persistente por el «bien» de la comunidad, de la familia, del amor.

«MAMÁ» **

O. R. M.

La corpulencia cinematográfica de Guillermo del Toro empujó a Andrés Muschietti a convertir su corto «Mamá» de tres minutos en un largometraje de cien, el primero que hace y cuyo estreno en Estados Unidos sorprendió a críticos, contables y taquilleros. El corrimiento de géneros, entre el terror y el fantástico, es probablemente la causa de esos efectos, aunque también lo será quizá el hecho de que esté protagonizada por Jessica Chastain y Nikolaj Coster-Waldau... La causa de los efectos, sí, pero también de sus defectos: en el desvío que la historia toma hacia lo fantástico hay tanta manga ancha como en un blog de apuntes de Giorgio Armani, y desde luego lo más aterrador de la película es la traza y aderezo del personaje que interpreta Jessica Chastain, tan rockera y cómoda con una guitarra en las manos como Bogart con un «piercing».

El arranque es sobrecogedor y terrible, así como la primera mano de cartas de su argumento: el padre, las niñas, la casa aislada, la presencia... En ese terreno de la tensión y la incertidumbre consigue Muschietti y especialmente su cámara y el modo de acentuarlas mantener al espectador sobre la uña de un pie, aunque la película se desliza (aunque con indudable talento visual) hacia otros paisajes más tópicos, más calcados y vistos: con la certidumbre se posa en el suelo de la película el polvo levantado, y el susto, o eso, se apodera de la función.

A la historia de «fantasmas» no le falta el inevitable tono gótico y el clima necesario de un pasado que pasea chirriante su zarpa por la pizarra del presente, lo que le permite al director lucirse en la ambientación y en la puesta en escena, y darle mucha presencia y anchura a las dos niñas que portan el «macguffin», interpretadas con caritas de Bette Davis y Joan Crawford por Megan Charpentier e Isabelle Nélisse, probablemente las únicas que entienden el qué, el cómo y el cuánto de lo que tienen que hacer. Muschetti tiene, sí, las armas, pero aquí se le ha quedado corta la munición.

«NO» ***

O. R. MARCHANTE

El director Pablo Larraín consigue encuadrar una época crucial del pasado reciente de Chile con su gran manejo de la historia, los materiales físicos y sentimentales y con un sorprendente grado de identificación entre lo documental y lo ficticio. El argumento se sitúa en la campaña que organizó el general Pinochet en 1988 para «blanquear» su dictadura mediante un plebiscito, aunque centra su mirada en la franja publicitaria que autorizó a los impulsores del «No» y en el ingenio, el riesgo y la inteligencia propagandística y divulgativa que tuvieron que asumir y desplegar los encargados de la campaña, y en especial el protagonista que interpreta con acento justificado Gael García Bernal.

Impecable en sus fondos, en los estados de ánimos y en su doble sentido del humor y de la moral, este «No» sorprende aún más por lo incómodo y acertado de su aspecto desaliñado, como hecho con materiales despreciables y de forma apresurada, pero que consiguen meter hasta el fondo al espectador y conciliar todo el celuloide filmado con el de archivo.

«LAS VENTAJAS DE SER UN MARGINADO» ***

J. CORTIJO

El debutante Chbosky se guisa y se come la adaptación de su novela encendiendo las 16 velas del «melo» teen en una película de la categoría «más allá»: Emma Watson demuestra estar más allá de Hogwarts, Ezra Miller más allá de «Tenemos que hablar de Kevin» y el filme se alza más allá de tan manoseado subgénero. ¿O no? Aquí los mozos también adoran a The Smiths y la bulimia (sic), meriendan brownies de marihuana y gastan tendencias suicidas y gays. Pero, por casualidad o intuición, el conjunto tiene encanto y honestidad contagiosa. Aunque Hermione haciendo el «Titanic» con el «Heroes» de fondo, mientras sus compis se «sienten infinitos», casi flirtea con el desastre.

«MUERTOS DE AMOR» **

JOSÉ MANUEL CUÉLLAR

No hay indicio alguno de que estemos ante un retrato excepcional de los celos, ni siquiera que sea un intento serio. La sensación que se tiene es la de haber buscado una caricatura más o menos divertida de un caso que tiene poco de irrisorio. Lo que se logra principalmente es mantener un cabreo permanente hacia un protagonista que, llevado a un caso extremo, aparece como un enfermo de armas tomar.

Cogido en su vertiente cómica, la película pasa desapercibida, con numerosas erratas (principalmente una música bobalicona). La que no pasa de puntillas es, claro, Marta Hazas, uno de esos rostros que enamoran a la pantalla, a cualquier pantalla, y que come espacio y terreno a quien sea.