UN VERANEO SIN ALARDES

El botellón adulto

Se echan un poco en falta aquellos rebuznos con los que la juventud rebelde nos aderezaba las largas noches de botellón

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El ensueño es un dry Martini mecido suavemente por la brisa de altamar mientras el sol se aparea con el agua; pero, la realidad, en este verano sin alardes, es otra: el botellón… Esta innoble prueba de resistencia que consiste en pimplar de un vil plástico el brebaje resultante al mezclar cualquier alcohol sin homologar con algún líquido que libera gas al abrir la botella, se ha convertido en el método habitual de alternar este agosto. Otros años, el botellón era de uso exclusivo de los más jóvenes y sedientos, pero la climatología económica ha forzado el paisaje hasta tal punto de que, en pueblos y localidades típicamente veraniegas, las nuevas generaciones de botelloneros han tenido que ceder terreno ante la presencia masiva de sus mayores pimplando también de las garrafillas en las calles.

En cualquier pueblo con tradición de gran verano, como por ejemplo Comillas, a partir de la una de la madrugada se llenaban sus calles más nobles de sufridos jóvenes con la misión de mantener la vida nocturna al precio que fuese, aunque para ello, los pobres, tuvieran que soportar el hacinamiento en la calzada, esas bebidas indigestas y la misma música maquinera que les «pinchan» a las gallinas ponedoras en esas granjas «afterhours». Pues, el verano de 2010 será el verano del cambio en este sentido con la irrupción de otras edades y otras conversaciones en el interesante botellón nocturno… Sin moverse de la cama, puede uno escuchar los lamentos de empresarios arruinados, financieros en las últimas, parados y prejubilados que hacen ruleta con la litrona y que analizan la actualidad a las cuatro de la mañana, un par de horas antes de que llegue la prensa y de que ramoneen las tertulias radiofónicas, con lo cual, que uno está al cabo del mundo antes aún de que llegue el alba. Se echan un poco en falta aquellos graznidos y rebuznos con los que la juventud rebelde nos aderezaba las largas noches de botellón.