Algunas de las obras que cuelgan en la Fundación March - EFE

El Sur también existe (en la abstracción geométrica americana)

La Fundación March revisa este movimientoa través de 300 obras de 64 artistas de 7 países

NATIVIDAD PULIDO
MADRID Actualizado:

En 1934, el uruguayo Joaquín Torres-García regresó definitivamente a Montevideo tras su periplo por tierras europeas y norteamericanas. En 1973, el venezolano Jesús Rafael Soto volvió a su ciudad natal, Ciudad Bolívar, para la inauguración de un museo con su nombre. Ambos viajes de ida y vuelta, de un continente a otro, acotan temporalmente la nueva exposición de la Fundación Juan March, que revisa la abstracción geométrica en Latinoamérica a través de 300 obras de 64 artistas de siete países (Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela, Cuba, México y Colombia). Advierte Javier Gomá, director de la fundación, que se ha pretendido con esta exposición «sacudir la asociación que hay de América con América del Norte y, particularmente, con Estados Unidos, denunciando dicha apropiación». Asimismo, se ha utilizado en el título de la muestra el adjetivo «fría» para desbaratar tópicos que vinculan América del Sur con lo tropical, caliente, caribeño, primigenio... Esta muestra reivindica también para Latinoamérica un arte racional, formal, conceptual. Y, por último, se incide en que no se trata de un arte latinoamericano, sino un arte en Latinoamérica, que es muy distinto. Un arte con claras referencias europeas —en París triunfaba el cubismo y en Rusia el constructivismo—, pero capaz de crear un lenguaje plástico con su propia idiosincrasia.

Utopías arquitectónicas

El arranque de la muestra, cuyo comisario invitado es Osbel Suárez, es muy potente, con un espléndido conjunto de obras de Torres-García cedidas por museos como el Pompidou y el MoMA, así como préstamos de importantes colecciones privadas como la de Patricia Phelps de Cisneros. Hay otros momentos intensos en el recorrido, como el apartado dedicado a las utopías arquitectónicas en Latinoamérica y a la fotografía, donde destacan las imágenes del colombiano Leo Matiz. También cabe reseñar obras de las dos grandes Lygias del arte brasileño moderno (Clark y Pape) o de artistas europeos que exportaron a América sus conocimientos: Albers, Calder, Vasarely o Mies van der Rohe. De este último resulta muy interesante su proyecto para un edificio de oficinas de Bacardí en Santiago de Cuba (1957), poco conocido, presente en dos obras cedidas por el MoMA. Hasta llegar a otro importante conjunto de piezas de Jesús Rafael Soto y el blaquísimo cuadro de César Paternosto «La piel más dulce», con el que concluye la exposición, que permanecerá abierta hasta el 15 de mayo. Manuel Fontán, director de exposiciones de la Fundación Juan March (Castelló, 77), subraya la extensa documentación (en parte inédita) que se ha incluido en el exhaustivo catálogo.