Antonio Mingote cumple 93
GALLEGO & REY

Antonio Mingote cumple 93

En el día de su aniversario recordamos un reciente paseo por el Retiro junto a su alcalde honorario y genial dibujante

ANTONIO ASTORGA
MADRID Actualizado:

Antonio Mingote cumple hoy, 17 de enero, festividad de San Antonio Abad, 93 años, cincuenta y nueve de ellos en ABC, más de veintiún mil chistes diarios, las mismas sonrisas, a veces multiplicadas por lágrimas de emoción y ternura, un largo vuelo en La Codorniz, un buen puñado de libros, poemarios, novelas policiacas, del Oeste, un marquesado... y más de un millón de amigos. Antonio Mingote es para la gente como el tesoro de Alí Babá repartido en tinajas. Porque a la gente él la quiere de verdad, y la gente le quiere a él. Mingote vio la primera luz en Sitges, en casa de los abuelos, mientras por la calle de Jesús pasan los animales camino de la parroquia a recibir la bendición. Alguien sugiere que es buen augurio. Y así es.

Recientemente compartimos con Antonio e Isabel Vigiola, su esposa, orden, concierto y armonía, una jornada en el Parque del Retiro, un paseo sobre el esplendor de aquella hierba que él se conoce como la palma de su lápiz. A Isabel y Antonio, que es alcalde honorario del Parque, se les permite el acceso en coche al Retiro por orden del hoy notario mayor del Reino y ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, cuando era alcalde de Madrid. Isabel enseña la autorización al vigilante de turno y las puertas se abren de par en par, como el Mar Rojo, para ella y su esposo, de copiloto; nosotros, detrás, de polizones.

Bondad y ternura

Callejeamos y aparcamos junto al lago, como Alan Ladd en «Raíces profundas», cuando Shaneataba su caballo en aquellos parajes de los valles de Alabama. «Anthony Mask» —así firmó su novela policiaca «Ojos de esmeralda»— Mingote se mueve en el Retiro como Gary Cooper (Will Kane) en Hadleyville «Solo ante el peligro». Se lo ha pateado de arriba abajo, lo ha barrido de derecha a izquierda y, sobre la servilleta de un merendero, Mingote te dibuja un plano del Retiro de memoria, mientras suspira: «Este Parque es un regalo de la Providencia a Madrid, y los madrileños lo aprecian». Antonio Mingote ha historiado, escrito y dibujado este parque, se sabe de memoria su fauna y flora, si falta un titiritero o un gato, un cisne o un pato, un flautista o un guiñol. «El Retiro era un parque privado del Rey, que se adjudicó al pueblo de Madrid».

Hace algunos años le preguntaron a Antonio Mingote si tenía alguna ambición política. Él dijo que sí, que quería ser una cosa que no existía: alcalde del Retiro. Y entonces, el profesor Enrique Tierno le dio una vara de mando de alcalde honorario para gobernar el parque y guardar el Retiro. Mingote escruta cada pedazo del Retiro, que tiene su personalidad. Está, apunta, la cosa francesa del parterre, que es más o menos francés; de ahí hasta Alfonso XII está la parte más salvaje, nos dice, que crece a su aire, la parte romántica, no ordenada. «Eso es el romanticismo, el desorden». Luego están los jardines de Don Cecilio, la pura geometría, y que a él no le gustan nada, «pero es muy bonito y está muy bien hecho; yo nunca voy ahí porque tanta geometría...». Y el estanque, que es la zona más popular y madrileña; el Cerro de los gatos, al lado de O'Donnell, que sería el residuo isabelino, digamos. «Luego está ese palacete pequeñito, que es una cosa de rococó, que también es graciosa, de Carlos III», señala con su prodigiosa sabiduría. Duende y encanto en el Retiro. «Es un tesoro, un parque precioso», se enorgullece.

Bordeamos el Palacio de Cristal camino de un abeto que Mingote plantó hace décadas, y en el que aún se aprecian muescas de corazones tallados con flechas de amor. Si fuera árbol, Mingote pertenecería a la familia de las Abietáceas, que llega hasta los 50 metros de altura, porque don Antonio es bondad y es ternura absoluta e inalcanzable. Felicidades, maestro.