Bob Wilson, mirón

Bob Wilson, mirón

FÉLIX IGLESIAS | VALLADOLID
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La capital castellana y leonesa es la única ciudad española en la que se puede ver, hasta finales de mayo, la exposición «Woom Portraits» de Robert Wilson, un compendio de más de un centenar de videos realizados por el dramaturgo norteamericano. En las tres salas municipales vallisoletanas -Las Francesas, La Pasión y San Benito- se presentan 24 retratos de personalidades del mundo de las artes, personajes anónimos y animales, todos ellos absolutos protagonistas de la construcción visual elaborada por Wilson.

Esta muestra, promovida por el Ayuntamiento de Valladolid, presenta la excepcionalidad creativa de Robert Wilson, cuya inquietud renacentista vuelca en los retratos, algunos filmados de sus obsesiones artísticas, que le convierten en uno de los creadores más singulares de las últimas décadas.

En «Woom portraits» hay tragedias bíblicas (Rembrandt), escenas medievales, viñetas de cómic y de terror (Corman), guiños cinematográficos (Hitchcock) y homenajes a creadores coetáneos (Viola). Basta recorrer las tres salas de la muestra -reactivas de estas obras de arte- para entrar en una parada de monstruos, en los que la belleza retoza con el terror, la risa con la mueca de dolor y el impactante color con un deslumbrante blanco y negro.

Concepto escénico

Wilson vuelca en la pantalla de los 24 retratos presentes en Valladolid su personal concepto escénico, insertando en los retratados la imaginería de una representación en la que el espectador activa la acción. Como bien subraya el autor, sus obras no tienen significado premeditado, cediendo a los ojos del público la interpretación. Claro que el dramaturgo estadounidense maneja unos códigos perfectamente trabajados, dejando claves repartidas como minas a estallar.

Estos videos requieren de una mirada de curiosidad, a la vez inocente y perspicaz, pues a pesar del estatismo de alguno de ellos matices mínimos desatan un discurso de una inquietud provocadora hasta la desazón en la que, necesariamente, cada uno debe seguir con ese discurso. La contemplación de estos videos, donde los retratados realizan acciones con una parsimonia cuasi ceremoniosa, tiene mucho de mirón por ambas partes, desde la pantalla y desde el visitante.

Así, varias decenas de búhos de las nieves, en diversas posturas y actitudes, hacen un pasillo mitológico en la antigua iglesia de la Pasión, soltando inesperadamente un grito, un giro de cabeza, para conducir con sus miradas inquisidoras a los visitantes hacia otras dependencias, especialmente a la pretérita sacristía, donde Winona Ryder, entrerrada en un túmulo de tierra con un tocado de frutas tropicales, contempla el paso del sol ante sí, descubriendo y ocultando según gira objetos como un revolver, un bolso y un cepillo de dientes. En este vídeo, con un fascinante y pausado ritmo, Wilson alumbra alguna de sus obsesiones, como es la luz como elemento activo en la dramaturgia.

También en esta sala, el también actor y director Steve Buscemi ironiza, ante una enorme pieza de carne, sobre los límites del asco y el humor socarrón simplemente masticando y moviendo un pie al ritmo de la música. Y es precisamente el elemento musical uno de los instrumentos imprescindibles de esta muestra, pues cada uno de los retratos cuenta con su propia banda sonora, remarcando los caracteres dramáticos o cómicos de las escenas. Así, la muñeca japonesa en la que se transforma Isabella Rossellini, el sonido multiplica los estridentes colores de la escena y los grotescos gestos de la actriz, irreconocible.

Visitar en varias ocasiones

Hay que visitar «Woom portraits» necesariamente en varias ocasiones, pues cada uno de los videos fagotiza al visitante como un fuego primigenio, como ocurre con una impresionante pantera negroazulada, tan hipnótica en la mirada que aterroriza con su humana animalidad o la vampírica Marianne Faithfull, colgada bocabajo, junto desafiante Brad Pitt, tan cercano a las videocreaciones de Bill Viola, aunque con la retranca de Robert Wilson.