Dos visitantes contemplan la «Venus de Urbino». Sólo por ver este cuadro merece la pena la visita a la muestra. CHEMA BARROSO

La «Venus de Urbino» sale por vez primera de Italia

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Tratar de hacer una selección entre tanta obra maestra resulta tarea harto difícil, por no decir imposible. ¿Cómo escoger entre sus retratos, sus desnudos, sus pinturas mitológicas o religiosas? Pero hay algunos lienzos en los que merece la pena que nos detengamos, aunque sea brevemente. Es el caso de la maravillosa «Venus de Urbino», que la Galería de los Uffizi de Florencia ha permitido que salga por vez primera de Italia.

Preside una sala (la única temática de la muestra), que reúne siete desnudos femeninos tumbados: junto a la ya citada cuelgan una «Dánae» del Prado y otra del Museo de Capodimonte de Nápoles; «Venus y Adonis» del Prado, «Venus vendando a Cupido» de la Galería Borghese de Roma y dos obras más del Prado: «Venus recreándose en la música» y «Venus recreándose en el amor y la música». Los visitantes podrán disfrutar de una experiencia única: estar rodeado por la esencia de la Belleza.

Sobre la «Venus de Urbino», lienzo que ha despertado no pocas controversias, dice el comisario que ha dejado huellas tan importantes en la Historia del Arte como la «Venus del Espejo» de Velázquez, la «Maja desnuda» de Goya o la «Olimpia» de Manet. Pintor este último que tomará, precisamente, el relevo de Tiziano en el Museo del Prado, pues en otoño se le dedicará al artista francés una gran exposición.

Fuera ya de la sección dedicada al desnudo, es quizá el retrato la disciplina en la que Tiziano parece desplegar todo su genio. Ejemplos sobran en esta exposición: el Papa Pablo III (al que ya nos hemos referido); Federico de Gonzaga, duque de Mantua; Clarissa Strozzi, Ranuccio Farnese, Daniele Barbaro, Pietro Aretino, el hombre del guante (un espléndido préstamo del Louvre), la emperatriz Isabel de Portugal o los ya citados retratos de Carlos V y Felipe II. Una imponente galería de personajes salidos del genial pincel de Tiziano.

Como curiosidad, la exposición incluye el cuadro «El festín de los dioses», de Bellini, propiedad de la National Gallery de Washington. Una obra cuyo paisaje repintó completamente Tiziano y que formaba parte del famoso «Camerino d´alabastro» del Palacio Ducal de Ferrara.

Si nos detenemos en la pintura mitológica, lucen como antaño dos lienzos del Prado que han sido restaurados recientemente. Se trata de «Sísifo» y «Ticio», que custodian, cual ángeles protectores, el «sancta sanctorum» del Prado: la sala 12, donde se exhiben «Las Meninas» y otras obras mayores de Velázquez.

Finalmente, la pintura religiosa, ampliamente representada en la exposición, cuenta con grandiosos exponentes. El más espectacular, «El martirio de San Lorenzo», en su primera salida del Monasterio que lo custodia.