Patrick Drahi
Patrick Drahi - EFE/ Justin Lane
Una historia plagada de polémicas

La última sacudida en la cúpula de Sotheby’s

Durante más de treinta años la casa de subastas había sido pública y cotizada en Bolsa hasta la adquisición del magnate Patrick Drahi el pasado 17 de junio

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Hacía mucho tiempo que Sotheby’s no tenía dueño, algo que cambió ayer con la adquisición de la casa de subastas por parte de Patrick Drahi. Durante algo más de tres décadas, la firma neoyorquina ha sido pública, es decir, cotizada en Bolsa. Ha sido una excepción en el mundo de las subastas, con el resto de entidades –empezando por su gran rival, Christie’s– en manos privadas. El hecho de ser una compañía cotizada impone mayores controles financieros y corporativos, pero eso no ha sido un inconveniente para que Sotheby’s haya tenido un buen número de escándalos relacionados con su cúpula. Buena parte de ellos ha tenido entre sus protagonistas a Alfred Taubman, un inversor estadounidense que participó en la adquisición de la firma, de origen británico, en 1983, y que en 1988 decidió sacarla a Bolsa. El gran escándalo ocurrió nada más estrenarse el siglo XXI. La casa de subastas vivía la resaca de la publicación de un libro y de un documental, «Sotheby's: The Inside Story», sobre la venta de tesoros artísticos expoliados o conseguidos de maneras ilícitas, cuando estalló una bomba todavía mayor: Diane Brooks, consejera delegada de Sotheby’s, la mujer con más poder en el mundo del arte, se declaraba culpable de arreglar precios con Christie’s para obtener mayores comisiones de sus clientes.

Brooks colaboró con la justicia y apuntó hacia arriba y hacia el lado: aseguró que lo había hecho siguiendo las órdenes de Taubman, entonces el principal accionista y presidente de la casa de subastas, y en coordinación directa con sir Anthony Tennant, su homólogo en Christie’s. Fue una conspiración que duró seis años, y con la que las casas de subastas extrajeron cientos de millones de dólares que se debían haber quedado en los bolsillos de sus clientes. Taubman lo negó y aseguró que era una estrategia de Brooks, su protegida y a quien ascendió a lo alto de la compañía, para quitarse la responsabilidad. El millonario, entonces de 78 años, pasó diez meses en la cárcel (sus abogados decían que era casi equivalente a cadena perpetua, porque viviría menos de cuatro años. Murió en 2015, a los 91). Tennant también fue imputado, pero EE.UU. no consiguió su extradición desde Reino Unido y el ejecutivo de Christie’s se limitó a decir adiós a todos sus cargos corporativos y evitó desde entonces la luz pública.

En los últimos años, la mayor preocupación de los accionistas con la cúpula de Sotheby’s eran sus resultados: de forma progresiva, Christie’s conseguía mejores obras, vendía más, pulverizaba récords. La distancia entre ambas se ensanchaba año a año y el precio de la acción de la casa de subastas se resentía. En 2013, uno de los inversores activistas de Sotheby’s, Daniel Loeb, exigió la salida del entonces consejero delegado, Bill Ruprecht, y menos excusas para reducir la ventaja de su gran competidora. Sus deseos se hicieron realidad en 2015, con la llegada de Tad Smith como principal ejecutivo. Un año después, Sotheby’s adquirió Art Agency, una consultora de arte reputada con la que pretendía ganar dinamismo y conseguir los mejores clientes. Los resultados no han sido los esperados –los ingresos fueron abultados el año pasado, pero todavía por detrás de Christie's– y con nuevos resbalones: hace tres años, la venta de una inmensa colección personal acabó en un fracaso financiero que lastró los resultados trimestrales, con una estimación desproporcionada y garantías de precios altos que no se cumplieron. La colección era de un viejo conocido: Alfred Taubman, fallecido un año antes. Su fantasma quería venganza.