Dos personas contemplan «La Tierra, Eneas y Pan», un fresco que Torres-García pintó para la casa que se construyó en Tarrasa
Dos personas contemplan «La Tierra, Eneas y Pan», un fresco que Torres-García pintó para la casa que se construyó en Tarrasa - FUNDACIÓN TELEFÓNICA

Torres-García, el artista que puso América patas arriba

Una retrospectiva con más de 170 obras revisa en la Fundación Telefónica la producción del creador uruguayo

MadridActualizado:

En 1943 creó una de las imágenes más emblemáticas del modernismo latinoamericano: un mapa invertido de América del Sur. Puso el continente patas arriba, reivindicando el Sur como Norte, toda una declaración de intenciones. Artista inclasificable, este uruguayo, que se pasó la vida emigrando (España, Francia, Italia, Estados Unidos... y vuelta de nuevo a su Uruguay natal), fue un vínculo permanente entre las dos orillas del Atlántico. Se codeó con los noucentistas de Els Quatre Gats de Barcelona y se convirtió en figura central para la modernidad canónica norteamericana: fascinó a artistas como Barnett Newman y Louise Bourgeois. Joaquín Torres-García (Montevideo, 1874-1949) se pasó la vida experimentando con un arte temporal y universal, constructivo y simbólico, abstracto y concreto.

Una selección de sus preciosos juguetes se exhibe en la muestra
Una selección de sus preciosos juguetes se exhibe en la muestra - FUNDACIÓN TELEFÓNICA

El MoMA se ha aliado con dos instituciones españolas para organizar una completa retrospectiva de toda su trayectoria. Tras su paso por el museo neoyorquino, la muestra llega ahora a la Fundación Telefónica, en Madrid, y en otoño recalará en el Museo Picasso de Málaga. Luis Pérez-Oramas, conservador de arte latinoamericano del MoMA y comisario de la exposición, subraya que este artista «sintetiza todas las formas de modernidad latinoamericana: el muralismo mexicano, la antropofagia brasileña, la abstracción constructivista...» Ha seleccionado 170 obras, cedidas por unas 70 colecciones públicas y privadas, que dan buena fe de la inmensidad de su legado y su figura.

Autorretrato de Torres-García y retrato de su esposa
Autorretrato de Torres-García y retrato de su esposa - FUNDACIÓN TELEFÓNICA

Un polémico encargo

El recorrido, cronológico, comienza con una sala donde cuelgan su autorretrato y el retrato de su esposa, junto a «La Tierra, Eneas y Pan», un fresco que pintó para la casa que se construyó en Tarrasa, «Mon Repòs», a la moda griega (su particular Arcadia), y bocetos de los murales que le encargo en 1912 Prat de la Riva, presidente catalán, para decorar el Salón de Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Uno de ellos, «Lo temporal no es más que un símbolo» –título tomado de una cita del «Fausto» de Goethe– se consideró herético. No acabó el encargo y fue marginado en Cataluña.

Un hombre contempla dos obras de Torres-García en la exposición
Un hombre contempla dos obras de Torres-García en la exposición - FUNDACIÓN TELEFÓNICA

A partir de ahí vamos descubriendo su producción en Nueva York (1920-23), con collages sobre la ciudad moderna que tanto le fascina, y, especialmente en Europa, uno de los momentos clave en los que pone especial énfasis la exposición: Italia, el sur de Francia, París... Su obsesión por la infancia le lleva a crear preciosos juguetes de madera de estructura transformable, que él concibe como un laboratorio de experimentación. Fundó la empresa de juguetes Aladdin. Junto a una selección de ellos, sus ensamblajes de madera pintada y los lienzos que le dieron fama universal. Dos de ellos se hallan entre las joyas de la Colección Telefónica. En 1929 Torres-García encontró al fin su estilo propio, marcado por un vocabulario de símbolos inagotable: peces, relojes, llaves, anclas, navíos...

Tres obras de Torres-García presentes en la exposición
Tres obras de Torres-García presentes en la exposición - FUNDACIÓN TELEFÓNICA

El segundo momento clave de la muestra son sus últimos años en Uruguay (1934-49), adonde este artista que proclamaba el universo como utopía regresa huyendo de la guerra y los totalitarismos que campan a sus anchas en Europa. Pérez-Oramas destaca su «eclecticismo libertario»; revisita sus propios estilos. Cierra la exposición su última obra, «Figuras con palomas», realizada apenas unas semanas antes de morir. Se cierra el círculo: de nuevo aparece la Arcadia, evocada en sus primeros años de carrera en Cataluña.