Tiziano, el pintor revolucionario

Dicen de él que fue arrogante y avaro, que se enemistó con Bellini, Giorgione, Tiontoretto... Genio y figura, Alvise Zorzi retrata a Tiziano en «El color y la gloria»

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MADRID. Veneciano por los cuatro costados, Alvise Zorzi ama la ciudad de los canales (de cuya cultura e historia es una autoridad), como muestra su biografía: presidente de la Asociación de Comités Privados para la Salvaguarda de Venecia, ha escrito numerosos libros sobre ella. En esta ocasión es noticia porque ha publicado la biografía (no al uso, sino novelada) de uno de los grandes maestros de la Historia del Arte, Tiziano Vecellio, que trabajó y murió precisamente en Venecia. «El color y la gloria. Vida, fortuna y pasiones de Tiziano» (Debate) constituye un paseo evocador y sugerente por la Venecia del siglo XVI, por el Renacimiento italiano, deteniéndose en los grandes personajes de la época, siempre alrededor de Tiziano. No le interesan tanto los datos y las fechas como las relaciones personales y la propia ciudad.

De la figura de Tiziano, comenta que «no era un hombre extraordinario, sino normal: estaba casado y tenía dos hijos. Sin llegar a poseer el tormento o el éxtasis de Miguel Ángel y Caravaggio, fue, sin embargo, un gran revolucionario desde el punto de vista pictórico». Algunos de sus cuadros, apunta Zorzi, fueron un escándalo en la época. Es el caso de una «Asunción de la Virgen», que se halla en la iglesia de Santa Maria dei Frari de Venecia: él se atrevió a dar movimiento a la figura de la Virgen, algo impensable entonces. Los frailes, escandalizados, estaban dispuestos a pagarle para que se llevara el cuadro.

Fue el primer pintor elevado a la aristocracia por un rey (Carlos V le nombró conde palatino), enfureció a Giorgione con sus increíbles y fantásticas escenas, se enemistó con Bellini, su maestro (quiso ocupar su puesto), no le gustaba Tintoretto por su fuerte carácter, su faceta de dibujante no entusiasmó a Miguel Ángel (decía que no había suficiente dibujo en sus obras)... Considerado «el Apeles de su tiempo», se ganó la fama de arrogante y de avaro: solía reclamar insistentemente que se le pagara por su trabajo y una renta vitalicia que le dejó el emperador y que nunca obtuvo.

«Todo lo expresó con el color»

Pero en su trabajo deslumbró a partidarios y detractores: «todo lo expresó con el color. Se anticipó 300 años como precursor de los impresionistas». Afirma que admirar su «Anunciación» en la iglesia de San Salvador de Venecia es como «estar ante una pintura de Renoir». Es muy especial el «rojo Tiziano»: algunos creen que su obsesión por este color se halla en el incendio de Rialto, que presenció desde su taller». También fue pionero de los retratos ecuestres: de ahí parten los de Velázquez, Van Dyck... Fue un excepcional retratista, «capaz de percibir la violencia de los sentimientos». Tanto, comenta, que el cardenal Alejandro Farnesio, nieto del Papa Pablo III, que le encargó un retrato de familia, al ver tanta frivolidad y perfidia en su retrato, ordenó que encerraran el cuadro bajo llave.

Tras la presentación del libro, Alvise Zorzi hizo de guía de excepción por las salas de Tiziano en el Prado, el museo que atesora fuera de Italia la mejor colección de pinturas del maestro, con 35 obras maestras. Subrayó «la soledad del poder» en el monumental y psicológico retrato «Carlos V en la batalla de Mühlberg», la dualidad de Felipe II («un hombre muy pío, pero que al mismo tiempo le gustaban las mujeres»), la sensualidad de su «Dánae» (pintó a bellas modelos que convirtió en modelos de belleza por antonomasia) o el carácter frívolo y de buen vividor del duque de Mantua, que supo captar en su retrato.