La polémica salpica en la venta de «La esclusa», de Constable
Fragmento central de "La esclusa" de Constable, el cuadro de la polémica - abc

La polémica salpica en la venta de «La esclusa», de Constable

La subasta del célebre cuadro de la colección de la baronesa revela imprevisión del Estado y aviva la guerra de los Thyssen

madrid Actualizado:

No es bueno que las instituciones culturales, como el Museo Thyssen, estén sometidas a tanta tensión. Desde que, en febrero de 2011, se planteó por primera vez la posibilidad de que la viuda del barón pusiera a la venta el cuadro «La esclusa» de Constable, quedó patente que la decisión provocaría un pequeño terremoto. Por su complejidad, porque el patronato de la Fundación Thyssen-Bornemisza se cimenta en un equilibrio harto inestable y porque la posible, o futura, o deseable, adquisición de la colección de Carmen Thyssen por parte del Estado se parece cada vez más a un laberinto sin salida.

Todo es tristemente legal, burocráticamente impecable

Hace doce años que la baronesa cedió su colección por once años y luego se amplió a un plazo mayor. Pero la crisis económica y los recortes del gasto público hacen imposible que el Gobierno pueda adquirir la colección a medio plazo a pesar de que se amplió todo el museo para acogerla (cuándo dejará España de hacer museos sin colección). En estas condiciones, el contrato de cesión permite la venta hasta del 10% de su valor. Todo es tristemente legal, burocráticamente impecable. Pero resulta difícil de aceptar.

Un problema de gestión cultural

Al final, el problema es muy concreto. Es un problema de gestión cultural. Un cuadro importante, para algunos fundamental, de las colecciones que dieron lugar a la institución va a dejar de estar accesible. Además, no es el único cuadro de la colección del barón que, en vida o por testamentaría, acabó en la colección de Carmen Thyssen. Esos regalos y esa herencia coinciden con lo mejor que muestra en sus salas.

¿Por qué no se hizo una lista de cuadros que no se pueden vender?

¿Cuántos ministros de Cultura ha habido en doce años? Son los encargados de la gestión cultural estatal. ¿Por qué ninguno de ellos hizo una lista de mínimos que delimitase la parte de la colección que no se podría mercar sin que el conjunto perdiese su peso y su diálogo con la colección del barón, cuya adquisición fue una de las grandes operaciones de la postransición? ¿Hemos de temer ahora, debido a una negociación imperfecta, la «pérdida» o la cancelación de opciones para que más obras maestras (Gauguin, Friedrich, Simone Martini...) acaben definitivamente en uno de los museos más queridos de la ciudad?

Papel estelar de la baronesa

Porque hablamos de eso. De una cultura que los españoles hemos aprendido a querer y a aceptar como propia. Y no de cualquier manera sino por el esfuerzo colectivo y la inteligencia que nuestros servidores públicos de entonces pusieron en su empeño para adquirirla como un valor indudable para España (con un papel estelar de la baronesa). Y todo esto merecía mejor continuación.

El Ministerio no ha tenido previsión, o medios, para evitar este desgaste

Ahora, los gestores culturales han dejado que ocurra este pequeño terremoto de más grave alcance de lo que se ve. La grieta es sutil, aunque profunda. La guerra de los Thyssen añade un frente y da la impresión de que el Estado no ha tenido previsión, medios o capacidad para evitar este desgaste. Paga la cultura, en su mejor acepción, con una erosión institucional innecesaria. Y el cuadro se venderá hoy en subasta, esfumándose sin remedio de la conciencia colectiva que contaba ya con él pegado a los muros del Thyssen.

A lo mejor la razón asiste a quienes piensan que el caso no es para tanto, sobre todo en medio de tantos problemas. Que es legal y punto. Pero ese es un pensamiento inflamable cuya proyección pondría en entredicho buena parte de lo que somos, la cultura que somos. Cuesta pensar que debamos conformarnos con las malas noticias. Y esta, sin duda, lo es.