Los otros tesoros de la Catedral que no se llevó el electricista
Lámina del Tumbo «A», uno de los documentos más importantes de la Catedral de Santiago de Compostela - ABC

Los otros tesoros de la Catedral que no se llevó el electricista

Relicarios, piezas de orfebrería, manuscritos medievales… el Códice Calixtino no es más que la punta del iceberg de las innumerables obras de arte que posee el templo compostelano, «cuyo valor es incalculable… miles de millones de euros»

ISRAEL VIANA
MADRID Actualizado:

El Códice Calixtino robado por el electricista de la Catedral de Santiago de Compostela, José Manuel Fernández Castiñeiras, no es más que la punta del iceberg del amplio catálogo de obras de arte que posee el emblemático templo gallego. Retablos, relicarios, manuscritos o piezas de orfebrería de la Edad Media o el Barroco «susceptibles de ser robados y cuyo valor es incalculable, igual que el códice… miles de millones de euros», asegura a ABC el director del Museo de la Catedral, Ramón Yzquierdo, que habla de algunos de estos tesoros como «las piezas más importantes de diferentes escuelas históricas».

Estos son algunas de los más destacados, guardados tanto en mismo templo, como en el museo de la Catedral o el archivo, que podrían haber cabido en las manos de Fernández, tras más de 25 años trabajando como autónomo entre las paredes de la iglesia:

Tumbo «A»

El Tumbo «A» es el primero y más antiguo de los cinco libros que se conservan en el archivo de la Catedral de Santiago de Compostela, y que conforman el códice donde se agruparon los documentos jurídicos en los que se recogía la transmisión de derechos y bienes al famoso templo compostelano. Cada uno de los cinco libros de pergamino hace referencia a cada uno de los donantes: el Tumbo «A» es el de los Reyes; el Tumbo «B», de los cónsules; el Tumbo «C», de los arzobispos y obispos; el Tumbo «D», de los pequeños poderes o personas del pueblo, y el Tumbo «E» de los miembros de la familia eclesiástica compostelana.

Encargado por el primer Arzobispo de Santiago, Diego Gelmírez, a principios del siglo XII, este documento es considerado una autentica joya bibliográfica donde fueron recogiéndose los privilegios de la Diócesis de Compostela desde el siglo IX al XVII, así como una galería de miniaturas de reinas e infantas de Castilla y León. Es tan valiosa la información que alberga sobre la configuración territorial y política de la época y la ubicación de lugares relevantes, que ha sido empleado por muchos arqueólogos e historiadores para estudiar todo el Occidente tardoantiguo y altomedieval.

Breviario de Miranda

El Breviario de Miranda del siglo XV, de factura posiblemente flamenca, es otro de los grandes documentos de la Catedral de Santiago, que combina el texto litúrgico con representaciones iconográficas de numerosas fiestas religiosas. De una belleza y valor incalculables, durante mucho tiempo estuvo guardado en el mismo armario acorazado de las dependencias del archivo donde se encontraba el Códice Calixtino.

Los Breviarios eran unos libros de pergamino que incluían, de manera más o menos amplia, la descripción de los ciclos litúrgicos y sus distintas oraciones. En principio estaban en poder exclusivo de las altas jerarquías del clero, aunque con el paso del tiempo también pasaron formar parte del patrimonio de los Reyes. Lo que está claro que su precio era muy elevado, ya que incluían una esmerada caligrafía, costosos adornos de plata, y miniaturas exquisitas y, por lo general, únicas.

Busto-relicario de Santiago Alfeo

La cabeza de Santiago Alfeo (o Santiago el Menor), datada en 1322, es el más famoso de los relicarios del tesoro compostelano Esta cabeza labrada en plata sobredorada, en la que se reconoce al propio Santiago el Menor, se atribuye al orfebre Rodrigo Eáns. Desde el primer momento, este busto relicario se incorporó a las procesiones más importantes de las grandes solemnidades jacobeas, lo que realzó la importancia de la reliquia, pero también llevó a confundir su imagen con la de Santiago el Mayor.

Es tal la devoción sobre esta imagen que, a lo largo de la historia, se le fueron añadiendo piedras preciosas y gemas grecorromanas varias y que a partir de 1385 se ordenase, para su protección, que «en lo sucesivo no se sacase del Tesoro para salir al encuentro de ninguna persona, aunque fuera Rey, Príncipe o Prelado, y sólo se sacase en la procesiones claustrales de los días más solemnes», según contaba el canónico del cabildo compostelano Antonio López Ferreiro a finales del siglo XIX, que durante años realizó múltiples trabajos de investigación con los documentos del archivo de la catedral.

Retablo de Goodyear

Esta pieza fue ofrecida a la Catedral, en 1456, por John Goodyear, un párroco de la isla inglesa de Wight, tras realizar su peregrinación a Santiago. Realizado en madera con paneles de alabastro esculpido, policromado en oro y azul, esta reliquia representa la vida, el martirio y la traslación del Apóstol. Es un ejemplo perfecto de la producción artística de los talleres ingleses de Nottingham, Londres y York, que se extendió por buena parte de Europa.

El párroco inglés, para protegerlo, condicionó su donación a, entre otras cosas, que el retablo «no fuese vendido, empeñado, ni permutado, ni dado a otro lugar o santuario alguno» y que fuese emplazado «dentro del cuerpo de la iglesia y no fuera de ella». Finalmente estuvo colocado en el tesoro viejo y pasó, con las reliquias, a la nueva capilla.