Panorámica de la espectacular vitrina de 40 metros en la sala que acoge el «Tesoro del Delfín» en el Prado ERNESTO AGUDO

El «Tesoro del Delfín», la nueva estrella del Prado

El museo estrena en la segunda planta del edificio Villanueva ocho salas para la colección de pintura flamenca y holandesa del siglo XVII

MadridActualizado:

El Prado continúa reordenando sus colecciones: los espacios del edificio Villanueva se están recuperando íntegramente para exposición permanente. Es la llamada «otra ampliación», tras la llevada a cabo en 2007 con el edificio Moneo y el Claustro de los Jerónimos. La salida del histórico edificio de oficinas, talleres y almacenes ha permitido que muchas obras vean la luz y otras se expongan de forma más novedosa, al tiempo que se pone en valor la arquitectura original de Villanueva. En los próximos meses, coincidiendo con el bicentenario de la pinacoteca y a la espera de que comiencen las obras del Salón de Reinos, concluirá la reordenación con la Galería Jónica Norte (albergará escultura) y tres salas contarán a los visitantes la historia del Prado.

El museo ha incrementado su oferta expositiva un 10% con ocho nuevas salas (de la 76 a la 83) en la segunda planta del ala norte de Villanueva, destinadas a la pintura flamenca y holandesa del XVII: siete a la flamenca y una a la holandesa, cuya colección es escasa en cantidad, pero no en calidad, con obras tan destacadas como «Judit en el banquete de Holofernes», de Rembrandt, y «Gallo muerto», único bodegón autógrafo de Gabriël Metsu. En 2004, por necesidad de espacio, estas salas estuvieron dedicadas a almacenes temporales, despachos administrativos y taller de restauración de soportes.

José Pedro Pérez-Llorca, ayer durante la presentación en la sala 79, donde cuelgan las obras que Rubens hizo para la Torre de la Parada por encargo de Felipe IV
José Pedro Pérez-Llorca, ayer durante la presentación en la sala 79, donde cuelgan las obras que Rubens hizo para la Torre de la Parada por encargo de Felipe IV - ERNESTO AGUDO

Belleza, sufrimiento y deseo sexual

Ahora lucen espléndidas en ellas las obras de los maestros flamencos, con Rubens a la cabeza, de quien el Prado atesora la mejor colección del mundo. En la sala 79 –«pura poesía visual», según Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca del museo– cuelgan las mitologías que Rubens pintó por encargo de Felipe IV para la Torre de la Parada, que exudan belleza, violencia, sufrimiento, dolor y deseo sexual. De los 120 cuadros encargados, Rubens diseña 60 y pinta 14. «Esta es una de las grandes salas de la pintura europea», dice Vergara. En la sala 78 cuelga el Rubens en pequeño formato. Se incorporarán sus bocetos pintados una vez acabe la exposición que el museo les dedica. Algunas obras de Rubens, Van Dyck y Jordaens se han reordenado en la Galería Central y en la sala 16B.

También destacan las salas monográficas dedicadas a Jan Brueghel (83), con joyas como la serie de «Los sentidos» que pintó con Rubens, y a David Teniers (76). En ésta cuelga «El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas», cuadro en el que Velázquez se inspiró, tres años después, para pintar «Las Meninas». Entre los insignes inquilinos de estas nuevas salas, los bodegones de Frans Snyders y Clara Peeters (con sus autorretratos reflejados en los objetos). El coste de las obras y equipamientos asciende a 751.818 euros. Con una superficie total de 736 metros cuadrados, acogen 120 obras, de las cuales se incorporan 83 gracias a esta nueva ampliación.

Tres de las piezas del «Tesoro del Delfín»
Tres de las piezas del «Tesoro del Delfín» - ERNESTO AGUDO

El «Tesoro del Delfín»

Por otro lado, la sala circular que rodea la cúpula de la rotonda de Goya Alta es el lugar escogido para exhibir el «Tesoro del Delfín», desde 1989 relegado a la sala acorazada del sótano. En 2015 se encargó al arquitecto Javier Cort un proyecto para recuperar este espacio (tiene protección antisísmica), con el asesoramiento de Rafael Moneo y Valerio Canals. La propuesta para el nuevo montaje museográfico fue adjudicada a una UTE: YPunto Ending S.L.-Jesús Moreno y Asociados, Espacio y Comunicación S.L. Lo más espectacular de la sala, de 188,87 metros cuadrados, es una vitrina curva de cristal de 1,73 metros de altura y 40 metros de longitud, compuesta por 26 módulos, cuyo prototipo fue sometido a todo tipo de pruebas y ensayos. En su interior, 170 exquisitas y refinadas piezas; nueve, en vitrinas exentas.

La colección lleva el nombre del Gran Delfín Luis de Francia (1661-1711). Hijo de Luis XIV y María Teresa de Austria, Monseigneur, como se le conocía, atesoró una fabulosa colección de «vasos ricos» en cristal de roca y piedras duras (ágata, jaspe, lapislázuli, jade), muchos de ellos con guarniciones de oro y plata con esmaltes y piedras preciosas. El Delfín nunca llegó a reinar. Su hijo Felipe V, primer Borbón español, recibió en herencia 169 obras, conocidas como el «Tesoro del Delfín». Eran muy apreciadas en la época: costaban cinco veces más que un Tiziano. En 1715 salen de París. Felipe V las lleva en 1724 al Palacio de La Granja de San Ildefonso, pero estuvieron almacenadas en la Casa de las Alhajas hasta que en 1776 Carlos III las traslada al Real Gabinete de Historia Natural de Madrid.

Madrid, 22 de septiembre de 1918. El robo del Museo del Prado. El presidente de la audiencia, Sr. Ortega Morejón ; el subdirector del museo, Sr. Garnelo; el jefe de la brigada de investigación, Sr. Fernández Luna, y el inspector Sr. Aranda, en la visita de inspección y comprobación en el Prado
Madrid, 22 de septiembre de 1918. El robo del Museo del Prado. El presidente de la audiencia, Sr. Ortega Morejón ; el subdirector del museo, Sr. Garnelo; el jefe de la brigada de investigación, Sr. Fernández Luna, y el inspector Sr. Aranda, en la visita de inspección y comprobación en el Prado - JOSÉ ZEGRÍ/ABC

Saqueo, robo y exilio en Suiza

Las obras del «Tesoro del Delfín» han sufrido una vida muy azarosa. Fueron saqueadas en 1813 durante la invasión napoléonica. Las llevaron a Francia sin sus estuches, por lo que muchas sufrieron graves deterioros. Once fueron extraviadas. El pintor José de Madrazo, director en 1839 del Real Museo de Pintura y Escultura (actual Museo del Prado), solicitó ese año a la Reina gobernadora María Cristina que el «Tesoro del Delfín» pasase a formar parte de su colección. En 1867 se exhibe en dos grandes vitrinas, en el lugar de honor de la pinacoteca, la Galería Central. Pero en septiembre de 1918 se detectó que habían desaparecido trece piezas y partes de otras que fueron desmontadas para venderlas al peso: guarniciones, asas, remates de oro... Se recuperaron solo unos restos.

El director de la pinacoteca, José Villegas, lo denunció. El comisario jefe de la Brigada de Investigación Criminal de Madrid, Ramón Fernández Luna, al que apodaban «el Sherlock Holmes español», resolvió el caso. En octubre de 1918 fue detenido Rafael Coba, un antiguo funcionario del Prado, al que ayudaron tres celadores del museo. Coba estuvo encarcelado seis meses. La crisis acabó con la dimisión del Patronato y el cese del director y el subdirector del Prado. El «Tesoro del Delfín» formó parte de la evacuación a Suiza de las obras maestras del Prado durante la Guerra Civil. Volvieron en 1939.

Una mujer fotografía «El nacimiento de la Vía Láctea», de Rubens
Una mujer fotografía «El nacimiento de la Vía Láctea», de Rubens - ERNESTO AGUDO

Depósitos incorporados

De las 169 piezas originales se conservan 144: 120 estaban en el museo. Se han incorporado diez de un juego de café de laca depositadas en el Museo de América y catorce de un juego de utensilios para preparar piezas de caza, que se hallaban en el Museo Arqueológico Nacional. Además, se exhibe una selección de los 124 estuches conservados, ricamente decorados. Se ha llevado a cabo la restauración y un estudio exhaustivo de todas las piezas, bajo la asesoría de Letizia Arbeteta, máxima experta en esta colección. A partir de fotografías de época de Clifford y Laurent se han podido identificar algunas piezas perdidas, que ha sido serigrafiadas en el interior de las vitrinas.

El coste total de las obras y el equipamiento es de 2.512.516 euros. Tanto esta sala como las de pintura flamenca y holandesa han sido financiadas con fondos propios del museo, aunque han contado con el apoyo de la Comunidad de Madrid, la Fundación Iberdrola España y Samsung, que se ha encargado del desarrollo e infraestructura de unas pantallas interactivas instaladas en la sala que aportan detallada información sobre las piezas y un audiovisual sobre la historia del «Tesoro del Delfín».