Unos de los salones nobles del palacio, inundado de obras surrealistas. En primer plano, «Rueda de bicicleta», de Duchamp
Unos de los salones nobles del palacio, inundado de obras surrealistas. En primer plano, «Rueda de bicicleta», de Duchamp - ABC

Los sueños y deseos que forjaron el dadaísmo y el surrealismo

El Palacio de Gaviria de Madrid muestra 180 obras, cedidas por el Museo de Israel en Jerusalén

MadridActualizado:

El Palacio de Gaviria de Madrid, que ha cambiado de propietario (pasó de manos privadas a un grupo empresas) sigue siendo la sede elegida por la firma italiana Arthemisia para organizar exposiciones en la capital. Ya lo hizo con Escher y Mucha. Según sus responsables, ambas muestras fueron visitadas por cerca de 400.000 personas. Cifra que sorprende en una ciudad con tanta oferta cultural y teniendo en cuenta que el precio de la entrada general actualmente es de 13 euros. Su fórmula, que ya han exportado a otras ciudades (la próxima será Nueva York): organizar exposiciones en espacios privados, normalmente con fondos de una sola colección. En este caso, una colección pública, la del Museo de Israel en Jerusalén, que ha cedido 180 obras.

Una sala del Palacio de Gaviria. A la izquierda, «El castillo de los Pirineos», de Magritte
Una sala del Palacio de Gaviria. A la izquierda, «El castillo de los Pirineos», de Magritte - ABC

Famoso por sus colecciones de arqueología prehistórica –incluyendo los Rollos del Mar Muerto–, también atesora importantes fondos dadaístas y surrealistas gracias, sobre todo, a la donación del poeta y galerista Arturo Schwarz. El museo israelí recibe de Arthemisia una compensación económica por el «alquiler» de las obras. Dalí, Duchamp y Magritte son los reclamos publicitarios de la exposición (en sus laberínticos espacios hay piezas célebres de todos ellos, como la Sala Mae West, «Rueda de bicicleta» y «El castillo de los Pirineos», respectivamente), aunque son muchos más los artistas presentes en ella: Man Ray y sus retratos de Meret Oppenheim y Kiki de Montparnasse, musas de la modernidad, además de su celebérrimo «Negro y blanco»; Nusch Éluard vista por Dora Maar; Dalí travestido como la Mona Lisa por obra y gracia de Philippe Halsman, su «fotógrafo de cabecera»; Miró, Picasso, Schwitters, Jean Arp, Brassaï, Max Ernst, Leonora Carrington, Rufino Tamayo, Masson, Yves Tanguy, Giorgio de Chirico, Dorothea Tanning, Delvaux...

«El rey jugando con la reina», de Max Ernst
«El rey jugando con la reina», de Max Ernst - ABC

La exposición explora las obsesiones que centran dos de los movimientos más revolucionarios del siglo XX: el dadaísmo, surgido en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zúrich y con Tristan Tzara como abanderado; y el surrealismo, que nació en París años después con Breton al frente. Obsesiones como el deseo (cuyas obras se exhiben en la sacristía del palacio, algo que hubiera fascinado a los surrealistas), el automatismo, la metamorfosis, lo onírico... Sus lenguajes son muy radicales: collages, ensamblajes, ready-mades, performances...

La muestra, que cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid y la embajada de Israel en España, ha recreado en el montaje la instalación «1.200 sacos de carbón» creada por Duchamp para la Exposición Internacional del Surrealismo de París en 1938. Al final del recorrido, un área para que los visitantes se hagan selfies ante las nubes de Magritte y con su inmortal pipa (aunque él insistiera en que no lo era). Si el belga levantara la cabeza...