Clotilde, la musa inmortal de Sorolla

El museo del pintor en Madrid rinde homenaje a su esposa, que legó la casa familiar y toda su colección al Estado español y fue la artífice de la creación de este centro

MADRID Actualizado:

Fue mucho más que su esposa y madre de sus hijos. Clotilde García del Castillo fue la musa omnipresente e inmortal en la obra de Joaquín Sorolla a lo largo de toda su carrera. Posó para él en innumerables retratos, se ocupó de la familia, de organizar la casa y de la administración de los bienes de su marido. Se ocupó de todo para que Sorolla se dedicara solo a pintar. Además, fue ella la artífice de la creación del Museo Sorolla de Madrid.

En 1925 hizo testamento y legó al Estado español la casa familiar y las colecciones que había en ella con el fin de hacer un museo dedicado a Sorolla. Clotilde murió en 1929, se creó una fundación en 1931 y un año después, Manuel Azaña, jefe del Gobierno de la República, inauguró el Museo Sorolla. Su primer director fue su único hijo varón, Joaquín. Ahora, el Museo Sorolla quiere rendir homenaje a esta gran mujer con una exposición, que ha inaugurado esta mañana el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle.

Se exhiben, hasta el 14 de octubre (después viajará al Museo de Bellas Artes de Valencia), 34 lienzos, 15 notas de color, 40dibujos -la mayoría inéditos, más de la mitad se han restaurado para la ocasión- y 49 fotografías, además de documentos, cartas y objetos personales de Clotilde. Excepto tres obras, el resto procede de las ricas colecciones del museo. A la entrada de la muestra, un busto de Clotilde, obra de José Capuz. En el primero de los cuatro apartados en que está dividida la exposición, Clotilde aparece retratada en la intimidad familiar: cosiendo, leyendo, con sus hijos...

Dibujos inéditos

También posa ante la cámara de su padre, el célebre fotógrafo valenciano Antonio García Peris. La vemos vestida de novia (curiosamente, como se estilaba en la época, viste de negro) y de fallera, como buena valenciana. Entre las obras expuestas en la sala, destaca un conjunto de dibujos inéditos y dos de los préstamos: «El primer hijo» (Clotilde da el pecho a su bebé) y un retrato de Clotilde con un fondo de flores. En una vitrina se muestra el certificado de matrimonio de la pareja, de 1888.

Una segunda sección está dedicada a Clotilde como gran musa de Sorolla. Cuelga un precioso carboncillo, «Estudio del natural» (1905), dibujo preparatorio para el gran lienzo «Clotilde con vestido negro», del Metropolitan de Nueva York. En una de las paredes vemos en una fotografía, firmada por Franzen, a Sorolla pintando este cuadro con Clotilde posando para él. También destaca «Desnudo de mujer». Aunque no figura en ningún sitio que sea Clotilde la modelo, se sabe que es ella. Nos cuenta la directora del museo y comisaria de la exposición, Consuelo Luca de Tena, que ha pedido permiso a la familia para exhibirlo. El Museo de Bellas Artes de Valencia ha cedido «Clotilde conemplando la Venus de Milo».

«Un hombre tan completamente mío»

En 1900 Sorolla ya es un pintor de gran éxito. Ha triunfado y la familia disfruta de su ascenso social. Veranean en lugares de moda como Biarritz, San Sebastián, Zarauz, Ibiza... Hay muchas escenas familiares en la playa, tanto en retratos firmados por Sorolla como en fotografías salidas del álbum familiar. En una vitrina se muestran cartas que se enviaron Sorolla y Clotilde. Las del pintor a su mujer son conocidas, pues ya se habían publicado. No así las de Clotilde a su esposo, que ven la luz por primera vez y se publicarán en el catálogo de la exposición.

En una de ellas, que refleja muy bien el carácter de Clotilde y su devoción por su esposo, dice así: «Mi querido Joaquín. He leído y releído la tuya de hoy que por todas partes rebosa cariño y me hace ser muy dichosa, pues, aunque yo por ti siento el mismo cariño, no por eso deja de asombrarme siempre y hasta algunas veces asustarme el que teniendo yo tan pocos atractivos y valiendo tú tanto por todos conceptos, sientas por mí esa pasión y seas un hombre tan completamente mío». En otra vitrina se exhiben objetos personales de Clotilde: una camisa, que podría ser de Fortuny, con la que ella posa en un retrato; junto a un collar, pendientes, un broche con forma de paleta de pintor que le regaló su marido, o una hebilla de zapato con la que posa en «Clotilde con mantilla».

El rosal amarillo

La última parte de la exposición se centra en la muerte del pintor. En 1920 sufrió una hemiplejia. Tres años después murió en Cercedilla. Cuelgan aquí algunos de los últimos retratos que hizo de su esposa y su hijo, fotografías del multitudinario entierro en Valencia... En una vitrina se exhiben el testamento de Clotilde, el inventario de bienes legados al Estado español, así como el primer libro de actas del Patronato de la Fundación del museo. La muestra se cierra con el cuadro que pintó Sorolla del rosal amarillo que había en su casa. Contaba su hijo que ese rosal, que plantó el propio Sorolla, enfermó al fallecer éste, y murió del todo cuando desapareció Clotilde.