Sexo, sangre y escatología en Es Baluard
«Petit Monument Odessa» (1990), de Boltanski

Sexo, sangre y escatología en Es Baluard

El Museo de Arte Contemporáneo de Palma de Mallorca se ocupa en «La opción desamable» de algunos de los trabajos más comprometidos de los coleccionistas del archipiélago balear

JAVIER DÍAZ-GUARDIOLA
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De que el sexo, la muerte o lo escatológico venden, no hay ninguna duda. Otra cosa es enfrentarse a estos conceptos en forma de obra de arte. ¿Cómo se reacciona ante unos excrementos que dan vueltas en el inodoro? («Planets», 2003, vídeo de Wilfredo Prieto). ¿Es legítimo fotografiarse cual modelo en un camposanto? («En el cementerio del Sur. Manila», 2002, foto de Miguel Trillo); ¿Se mira de igual modo el desnudo de una persona corriente que de aquél que sabemos que es un religioso? («Los encantos del monje», imagen de JAM Montoya). Carlos Jover, que reúne en Es Baluard (Palma de Mallorca) veintiséis de estos trabajos firmados por artistas internacionales de primer orden, los define como «opciones desamables», y así titula la exposición.

Jover, que ha estudiado a fondo el fenómeno del coleccionismo, sitúa como tesis de la muestra (abierta hasta el 5 de septiembre), la adquisición de unas obras que, bien por sus características técnicas, dimensiones o excesivos cuidados en su mantenimiento, bien por sus contenidos, dificultan su emplazamiento en un ámbito privado, en dfefinitiva, la casa de su comprador: «Normalmente –explica Jover–, el coleccionista dispone de la piezas que mejor se adaptan al espacio de su vivienda; otras opta por el mero equilibrio estético; en ocasiones se inclina por determinadas obras por su relevancia y porque marcan su estatus frente a sus visitas». El conflicto surge –y sobre ello quiere hacer reflexionar al espectador– cuando se adquieren otras «con las que la convivencia es imposible». Esta muestra, con trabajos de Joseph Beuys, Pepe Espaliú, Bruce Labruce, Andrés Serrano, Joan Morey, Teresa Margolles, Boltanski Jonathan Meese, o Juan López, el actual Premio ABC de Arte, entre otros, subraya estas contradicciones.

Blasfemia y pornografía

Sin lugar a dudas,

el

sexo, la religión, la muerte o la escatología

Para el recorrido, el comisario ha concebido el museo como si de un ataúd se tratara. En él se entra de golpe, en la sección llamada «Mórbido y morboso», donde dialogan la foto mencionada de Montoya o el vídeo de Regina José Galindo que denuncia la violación de mujeres embarazadas en las revueltas guatemaltecas («Mientras, ellos siguen libres», 2007). La zona central, «Petición de rescate» se ocupa de las instalaciones, a priori no tan agresivas, pero de difícil cuidado o montaje («The Blood Machine», de Montse Carreño, o el tríptico de más de cuatro metros de Meese). Finalmente, en el espacio «Zona Cero» la sexualidad y la violencia campean a sus anchas, lo que incluye la cabeza jibarizada de un ser humano del pasado siglo de Papúa-Nueva Guinea, y el desasosiego provocado por el vídeo de Gregor Schneider.

«La opción desamable» es a su vez el segundo capítulo de la serie «En Privado», un conjunto de muestras cuyo objetivo es dar a conocer las obras de coleccionistas privados de Baleares –donde se ubica el museo– o que de alguna manera están vinculados al archipiélago. El ciclo arrancó en 2008 con una cita que se ocupaba de las colecciones de fotografía. En la actual participan más de dieciséis amantes del arte, entre ellos, Juan Redón, que narra sus experiencias en el catálogo.