La restauradora Susana Pérez señala un detalle del lienzo. A la izquierda, la radiografía
La restauradora Susana Pérez señala un detalle del lienzo. A la izquierda, la radiografía - GUILLERMO NAVARRO

El retrato de una cortesana como santa que pasó por las manos de dos cardenales

El Museo Thyssen ultima la restauración de una de las obras maestras de su colección, «Santa Catalina de Alejandría», de Caravaggio

MadridActualizado:

Si la vida de Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio, fue de novela, no menos apasionantes fueron sus geniales pinturas. Hacia 1598-99 dio vida a una Santa Catalina de Alejandría muy particular en un óleo sobre lienzo, de 173 por 133 centímetros, que fue encargado en Roma por el cardenal Francesco Maria del Monte, uno de sus principales mecenas. Hasta ahí, nada especial. Salvo porque la modelo elegida era Fillide Melandroni, célebre cortesana de la época, que formaba parte del círculo de amistades del pendenciero pintor y a la que retrató en más ocasiones: es la María Magdalena de «Marta y María Magdalena», del Detroit Institute of Arts; la Judit de «Judit y Holofernes», de la Galleria Nazionale d’Arte Antica de Roma, y la diosa Flora en una obra que ha desaparecido: fue destruida en Alemania durante la II Guerra Mundial.

La «Santa Catalina de Alejandría» fue vendida en 1628 para saldar las deudas de Uguccione del Monte, heredero del cardenal. De nuevo el retrato de la cortesana-santa pasaría a manos de otro purpurado, Antonio Barberini, cuya excepcional colección atesoraba otros Caravaggios. El barón Thyssen lo adquirió en 1934 en una galería de Lucerna. Hoy es una de las obras maestras del Museo Thyssen, que ultima su restauración.

Marcadas en rojo, las incisiones que hizo Caravaggio en esta parte del cuadro antes de empezar a ejecutarlo
Marcadas en rojo, las incisiones que hizo Caravaggio en esta parte del cuadro antes de empezar a ejecutarlo - MUSEO THYSSEN

Incisiones

Acudimos al taller del museo para conocer de primera mano los trabajos de un equipo que capitanea Ubaldo Sedano junto con Susana Pérez. Fillide nos mira desconfiada desde el caballete donde reposa el lienzo. A unos metros, obras de Manet, Tintoretto y Schiele aguardan para el preceptivo «chequeo» antes de salir del museo camino de varias exposiciones. El estudio técnico y la restauración del cuadro, patrocinados por Asisa, se iniciaron hace un año: rayos X, fotografías infrarrojas, con luz ultravioleta y en alta resolución, análisis de los pigmentos... Quedan los últimos retoques antes de que en noviembre regrese, ya remozada, a su sala, donde se exhibirá temporalmente en un montaje especial que incluirá su estudio técnico y audiovisuales sobre los trabajos.

Ubaldo Sedano explica a ABC los detalles de la restauración del cuadro de Caravaggio
Ubaldo Sedano explica a ABC los detalles de la restauración del cuadro de Caravaggio - GUILLERMO NAVARRO

Las radiografías desvelan, según Susana Pérez, pequeños cambios, muy sutiles: corrige la posición de los dedos de las manos, la postura de la santa, que antes estaba más girada; ejecuta la composición completa de la rueda para cubrir después algunas zonas... No se ha descubierto dibujo subyacente. «O es muy sutil y no se aprecia o trabajaba directamente sobre el lienzo. Hay pintores muy minuciosos como Durero que dibujan hasta la última pestaña. Otros, como Caravaggio, tienen muchos trucos, trampantojos. Su pintura es muy directa e inmediata», comentan los restauradores. Pero lo que sí hace Caravaggio son incisiones en sus cuadros para fijar la situación de la figura antes de empezar a ejecutarla. Se aprecia en las macrofotografías e incluso en las radiografías. Lo hacía con un instrumento punzante: un buril, la punta de atrás del pincel... La leyenda va más allá: ¿quizás hacía las incisiones con su espada? «Se non è vero, è ben trovato». Según Susana Pérez las lleva a cabo «tanto en el encaje de la figura original cuando está aún fresca la capa de preparación, como al final, cuando ya ha pintado la obra y decide raspar para crear volumen y relieve». Se aprecian dichas incisiones fundamentalmente en el brocado de la camisa a la altura del pecho de la santa. También en el rostro: los labios, la nariz, la barbilla...

Susana Pérez muestra los misterios que desvela la radiografía del lienzo
Susana Pérez muestra los misterios que desvela la radiografía del lienzo - GUILLERMO NAVARRO

Buen estado de conservación

Apunta Ubaldo Sedano que al cuadro se le hizo, no se sabe en qué fecha exacta, «una intervención bastante agresiva, con aplicación de excesivo calor y humedad para el secado de las colas que se aplicaban entonces y que a la larga altera los colores. Especialmente, en las zonas oscuras. En este caso, no mucho. El cuadro está muy bien conservado, tiene poquísimas pérdidas de pintura. Pero sí presenta algunas alteraciones. Seguramente, se amplió el formato, aprovechando que los bordes estaban muy deteriorados. Se adhirió una tela nueva en todo el perímetro –se añadió un centímetro y medio aproximadamente– para reforzar el soporte».

Las imágenes en alta definición permiten ver detalles imperceptibles: pinta de color azul el fondo de los ojos, que nosotros vemos blanco
Las imágenes en alta definición permiten ver detalles imperceptibles: pinta de color azul el fondo de los ojos, que nosotros vemos blanco - GUILLERMO NAVARRO

Gracias a la restauración y la eliminación de los barnices oxidados, los célebres claroscuros de Caravaggio (como en el cuello y en los nudillos de las manos de la santa) son ahora mucho más nítidos. La figura de Santa Catalina parece estar hecha en 3D, como si saliera del cuadro. Contrariamente a lo que es habitual en las obras de este artista, el foco de luz está a la derecha de la composición. Se cree que trabajaba usando espejos. Caravaggio solía mezclar colores para conseguir transparencias. En este cuadro hizo lo propio en los brocados de la tela con azules y violetas que se habían tornado verdosos. Y los blancos, antes de la restauración amarillentos, han recuperado su esplendor, lo que acentúa aún más el efecto del claroscuro con el fondo negro del lienzo.

No se ha modificado la datación del cuadro (1598-99), ni hay firma alguna. Solo se conoce una obra firmada por Caravaggio: «La decapitación de San Juan Bautista», de la Concatedral de San Juan de La Valeta en Malta. Firmó el lienzo en la sangre derramada del Bautista. Siempre tan trágico, Caravaggio. De su forma de trabajar, Sedano destaca «su increíble facilidad para pintar (el halo de la santa lo realiza con una pincelada de oro líquido) y su técnica envidiable. Además, usa buenos materiales.

En la pantalla se aprecia el antes y el después de la restauración en el rostro de Santa Catalina de Alejandría
En la pantalla se aprecia el antes y el después de la restauración en el rostro de Santa Catalina de Alejandría - GUILLERMO NAVARRO

Símbolos del martirio

Aunque en su día hubo algunas dudas sobre la autoría de esta «Santa Catalina de Alejandría» (se creyó que era un Gentileschi), hoy es aceptada por todos los especialistas como una de las obras capitales de Caravaggio. El Prado tiene una copia, que se halla depositada en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid. La santa posa con todos sus atributos: a la izquierda, una rueda dentada y quebrada con cuchillos, porta la espada ensangrentada con la que perdió la vida y, a sus pies, la palma, símbolo del martirio. Catalina de Alejandría fue una mártir cristiana del siglo IV. Para que renegara de su fe, el emperador Majencio ordenó que la torturaran con una máquina para descuartizarla, cuyas ruedas se rompieron. Finalmente, fue decapitada.

El equipo de restauración del Museo Thyssen, junto a la obra de Caravaggio
El equipo de restauración del Museo Thyssen, junto a la obra de Caravaggio - GUILLERMO NAVARRO

Aparte de la obra del Thyssen, hay un puñado de Caravaggios en colecciones españolas: «David vencedor de Goliat)(Museo del Prado), «Salomé con la cabeza del Bautista» (Patrimonio Nacional), «San Juan Bautista» (Catedral de Toledo) y «San Jerónimo» (Museo de Montserrat).

Los próximos en desfilar por el taller de restauración del Thyssen son «La partida de naipes» de Balthus (el próximo año la pinacoteca le dedicará al artista una gran monográfica) y «La Plaza de San Marcos en Venecia», de Canaletto. El 12 de junio el Thyssen puso en marcha una campaña de crowdfunding para recaudar los 35.000 euros necesarios para su restauración. En apenas cuatro meses se consiguieron 54.335 euros. Los trabajos empezarán en diciembre.