El «renacer» de la Fundación Tàpies
Antoni Tàpies, ayer junto a una de sus obras, en la Fundación que lleva su nombre en Barcelona /EFE

El «renacer» de la Fundación Tàpies

Arropado por familia, políticos y directores de museos, Antoni Tàpies vivió ayer una jornada entrañable, en la que inauguró su fundación del siglo XXI

MARÍA GÜELL | BARCELONA
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«¡Això fa molt de goig!» (esto es un placer). Esta frase tan catalana y tan explícita rondaba ayer entre los primeros visitantes de la «renovada» Fundación Tàpies. La familia del artista arropó literalmente al homenajeado, que se dejó retratar junto a varias de sus obras en compañía de los suyos. Fue una convocatoria orquestada por la representación de la plana mayor de la política -el alcalde, el president de la Generalitat y el conseller de Cultura-, y de la cultura barcelonesa -con el apoyo unánime de los directores del resto de museos y fundaciones de la ciudad e incluso del director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel-.

La Tàpies cerró sus puertas en 2008 para adaptar el edificio a las nuevas normativas de seguridad y hacerla accesible para las personas discapacitadas. Dos años después vuelve a nacer con más fuerza y con el alma encogida de ver a su protagonista con poca energía para afrontar el reto de esta institución que vela por la salud de su obra y por la difusión de la cultura contemporánea.

Respeto al artista Ante el artista, mucho respeto. Los amigos se acercaron a saludarle, los periodistas guardaron unos metros de distancia y las cámaras inmortalizaron una visita histórica. La reapertura se centró en tres focos: Antoni Tàpies, que se desplazaba con sigilo por le nave industrial que en su día albergó una editorial; el arquitecto Iñaki Ábalos, que reconocía que «hemos trabajado muy duro para abrir esta semana», y el famoso calcetín, que no quería dar la cara.

Las nubes que se han instalado en el «skyline» de Barcelona volvieron a empapar la ciudad y frustraron la foto del artista junto al pedazo de calcetín que diseñó hace veinte años para la Sala Oval del Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC). El «mitjó» está, pero hay que encontrarlo. Ni rastro de él en los diferentes niveles de la Fundación. Hay que salir al exterior -una recoleta terraza dentro de uno de los patios interiores del Eixample- para descubrir la gran escultura de acero inoxidable. El tamaño es menor del previsto, finalmente el calcetín mide 2,75 metros (¡estaba previsto que alcanzara los dieciocho metros!) Y otro de los cambios respecto a su original es que el público pudiese transitar por su interior, condición que es imposible en la actualidad por la reducción considerable de su tamaño.

Diálogo y contemplación

La directora del centro, Laurence Rusell, concretó que el nuevo local está pensado para la contemplación y el diálogo y anunció que 2010 viene cargado de un programa muy rico. «El museo se inaugura con la exposición «Los lugares del arte», que reúne obras de Tàpies de los últimos veinte años y algunas de mediados de los 40, que resume su obra». Con motivo de este segundo bautizo, la Fundación ofrece al público la oportunidad de descubrir una selección de obras que pertenecen a la colección privada del artista, entre las que destacan varias ediciones del Corán, películas de Georges Meli_s, esculturas, máscaras, jeroglíficos o tratados científicos. «Objetos cotidianos que invocan la magia y la transformación», puntualizó Rusell.

En este espacio diáfano y acogedor se respira un ambiente de taller. Borja-Villel, que conoció muy bien el nacimiento de esta Fundación, reconoce que con las nuevas obras se ha ganado mucho en calidad y se ha conseguido un espacio más polivalente: «Ahora responde más a las funciones de una institución de estas características». El director del Reina Sofía afirma rotundamente que «Tàpies es uno de los mejores artistas españoles del siglo XX; curiosamente, con los años él está más frágil y su obra más suelta, más libre...» Con mucho entusiasmo y apoyo de las instiuciones nace la nueva Fundación Tàpies.