Una hilera de los libros que fueron sacados de la sala que sufrió las humedades, frente a un potente ventiladorFOTO: ABC

El Reina Sofía ventila su biblioteca

La filtración de agua en una sala de depósitos de libros del Centro de Documentación y Biblioteca del Reina Sofía tuvo como resultado, según el museo, sólo tres portadas humedecidas. Pero más de treinta libros han estado «aireándose» con ventiladores

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Llueve sobre mojado en Santa Isabel, 52. Cuando creíamos haberlo visto todo, el Museo Reina Sofía se supera de nuevo. Noventa y tres millones de euros gastados en una faraónica ampliación (de momento, porque los gastos prometen crecer) y el sistema de secado-aireado de libros consiste en un par de ventiladores. La ciencia adelantará que es una barbaridad, pero está claro que aquí se paró el tiempo. A Jean Nouvel ni se le pasó por la cabeza incluir en el proyecto un sistema de secado-aireado de libros... porque resulta difícil imaginar a cualquier arquitecto, por bueno que sea, que pudieran mojarse en un museo. Pero en éste todo parece posible. ABC publicaba el pasado 27 de abril que hubo filtraciones en los nuevos almacenes (aún vacíos por fortuna) y humedades en una sala de depósitos de libros del Centro de Documentación y Biblioteca. En esta ocasión, la sala no estaba vacía: custodiaba cajas de libros.

El museo explicaba así lo sucedido: «En la mañana del martes 25 de abril, en las rondas de vigilancia que de manera regular se realizan en el museo, se detecta que un humectador (sic) produce un elevado nivel de humedad en una de las salas de depósitos de libros del Centro de Documentación y Biblioteca, lo que provoca una condensación excesiva en el conducto de climatización. Al advertirse el hecho, se les comunica a los técnicos del museo y, como medida de precaución, se liberan los espacios de material y se comprueba que no se han producido daños». El Reina Sofía sólo reconoció que «se humedecieron las cubiertas de tres libros». Y así lo volvió a confirmar la directora del museo, Ana Martínez de Aguilar, al día siguiente: «Parece ser que las tres tapas afectadas no van a sufrir ninguna secuela -dice-. Son necesarias 72 horas para tener el diagnóstico definitivo. Pero no se aprecia ningún daño». En su opinión, fue «muy pequeño el alcance de lo ocurrido. No sé valorar si es normal o no, pero no es grave lo que está pasando». Es una forma de verlo.

Temor a las esporas y los hongos

Para ser sólo tres las portadas humedecidas, no se entiende muy bien qué hacía toda esa ristra de libros (a ojo se contabilizan más de treinta), con sus hojas meciéndose al aire de dos potentes ventiladores y bajo un papel tisú sintético, en una sala anexa a la afectada. La imagen que ilustra esta página, a la que ha tenido acceso ABC, es muy reveladora. La versión ofrecida ayer por el museo insiste en que sólo se humedecieron tres portadas de libros y que el resto de los que aparecen en la imagen se colocaron allí para airearlos como medida preventiva, por temor a las esporas y los hongos, ya que había subido la humedad relativa. Visto lo visto, a una le asalta la duda: ¿se utilizaría un secador de pelo con el cuadro de Juan Gris afectado por una gotera?

Pero no acaban aquí los problemas de la majestuosa biblioteca de Nouvel. El pasado mes de marzo se produjo un incidente relacionado con unas descargas eléctricas en las baldas de lectura de la biblioteca. Unos técnicos de la empresa Espelsa revisaron la instalación y detectaron derivaciones en los puntos de conexión de las baldas de las estanterías. En aquellas donde las derivaciones superaron lo permitido fueron desconectadas. De todo ello se informó a la UTE encargada de los trabajos de construcción y los electricistas comenzaron a revisar toda la instalación. Se detectaron numerosas variaciones de potencial. Parece que la obra de Nouvel va a seguir dando mucho que hablar.