En primer plano, «Paredón», de Equipo Crónica. Al fondo, «Ronda de noche con porras», de Eduardo Arroyo
En primer plano, «Paredón», de Equipo Crónica. Al fondo, «Ronda de noche con porras», de Eduardo Arroyo - MAYA BALANYÁ

El Reina Sofía muestra las dos caras del arte en la Transición española

No hubo consenso entre la visión que se ofreció en la Bienal de Venecia de 1976 y la contracultura de las tribus urbanas

MadridActualizado:

Si hace unos días eran el Congreso y el Senado los que dedicaban sendas exposiciones conmemorativas al 40 aniversario de la Constitución Española, con fondos del Reina Sofía, ayer era este museo el que se sumaba a la efeméride con una muestra centrada en la Transición, cuyo proyecto de investigación ha venido desarrollando en la última década. Bajo el título «Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la Transición», la exposición, que reúne 250 obras, fue inaugurada ayer por los Reyes, quienes estuvieron acompañados, entre otras autoridades, por los presidentes del Congreso y el Senado, Ana Pastor y Pío García-Escudero, respectivamente; y el ministro de Cultura, José Guirao. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, excusó su ausencia. El día después de las elecciones andaluzas no debió ser fácil de digerir para los socialistas.

La Transición ha pasado a nuestra Historia como un periodo de consenso, pero, al menos en el arte, no lo fue. Hubo no pocos desencuentros, como queda patente en esta exposición. Por un lado, se evoca la historia de la Bienal de Venecia de 1976, donde el arte español tuvo un gran protagonismo. La célebre cita artística italiana, que por entonces dirigía Carlo Ripa di Meana y que sufría una crisis de identidad, se proponía abanderar la causa antifascista.

Los Reyes, en la inauguración de la exposición, junto con Rosario Peiró, José Guirao, Manuel Borja-Villel, Ana Pastor y Pío García-Escudero EP
Los Reyes, en la inauguración de la exposición, junto con Rosario Peiró, José Guirao, Manuel Borja-Villel, Ana Pastor y Pío García-Escudero EP

La «Bienal roja»

Si dos años antes esta «Bienal roja», militante de izquierdas, había rendido homenaje a la resistencia chilena contra Pinochet, ahora decidía plantar cara al franquismo. Formaba parte de su Comisión de Artes Visuales Eduardo Arroyo, ideólogo de un plan: cerrar aquel año el pabellón español y encargar a una comisión de expertos una exposición en el pabellón central de la Bienal, el de Italia, que mostrase la evolución de las vanguardias artísticas españolas desde la Guerra Civil y sus relaciones con el marco social y político de la dictadura. Se inauguró el 18 de julio. Aquella «Comisión de los 10» estaba formada por Tomás Llorens, Valeriano Bozal, Oriol Bohigas, Alberto Corazón, Manuel García, Agustín Ibarrola, Antonio Saura, Rafael Solbes, Antoni Tàpies y Manolo Valdés. La muestra empezó a plantearse con Franco aún vivo, aunque se celebró tras la muerte del dictador.

Fueron muchas las críticas recibidas. Por un lado, quedaban fuera artistas importantes, mientras exponían sus obras los propios miembros de la comisión. Por otro lado, artistas y críticos cercanos al Partido Comunista Italiano exigían que se incluyera a Rafael Alberti, Vicente Aguilera Cerni y José María Moreno Galván. Protestó hasta La Pasionaria. No se llevó a cabo este proyecto alternativo, aunque sí se incluyó un programa paralelo multidisciplinar en el que tuvieron cabida la música, el cine, el teatro y la poesía, con la presencia de Cristóbal Halffter, Nuria Espert o Els Joglars. Y más frentes abiertos: los vascos reclamaban un pabellón propio. Como no lo hubo, retiraron las obras de Chillida y Oteiza. El polémico comité quiso hacer un guiño al pabellón de la República de la Exposición Internacional de París de 1937, incluyendo piezas de Calder, Alberto, Renau, Picasso... Se pidió el «Guernica». No viajó a Venecia.

Un hombre pasa ante obras de Alberto García-Alix y Víctor Mira
Un hombre pasa ante obras de Alberto García-Alix y Víctor Mira - MAYA BALANYÁ

Recuperación arqueológica

En la primera sala de la exposición del Reina Sofía –organizada con las Cortes Generales y Acción Cultural Española (AC/E)–, los comisarios (Rosario Peiró, codirectora del proyecto junto con Manuel Borja-Villel; Lola Hinojosa, Cristina Cámara y Germán Labrador) han hecho una recuperación casi arqueológica buceando en numerosos archivos: se ha reconstruido fielmente el espacio, incluyendo muchas de las piezas que se exhibieron en la bienal veneciana, como la monumental «Ronda de noche con porras», de Eduardo Arroyo (ha salido de su estudio por primera vez y ha habido que romper un muro del museo para que entrara); «Amnistía», de Ibarrola; «El abrazo» de Juan Genovés –después de la muestra volverá al Congreso–; «Paredón», de Equipo Crónica, y obras de Antonio Saura, Alberto Corazón, Alfaro o Sempere. También se exhibe abundante documentación.

«18 de julio. Iconografía de un dictador», de Alberto Corazón
«18 de julio. Iconografía de un dictador», de Alberto Corazón - MAYA BALANYÁ

Juventud y feminismo

Pero, frente a la visión patriarcal e institucionalizada que se ofreció en la Bienal de Venecia del 76 –la imagen oficial del arte en la Transición española–, había otra al margen de aquélla, antesala de la Movida madrileña: la contracultura de las tribus urbanas que toman las calles, los bares, los ateneos, los pisos francos, los festivales disidentes...

Cuestionan la autoridad, reivindican la juventud y el feminismo (artistas como Colita, Pilar Aymerich, Elsa Plaza, Mari Chordá, Lidia Falcón o Isabel Vilar), aunque también tienen cierta tendencia autodestructiva. La idea del vampiro como metáfora de las drogas está presente en las fotografías de Alberto García-Alix, los collages de Ceesepe, las pinturas de Víctor Mira y en películas como «Entre tinieblas», de Pedro Almodóvar. Utilizan sus propios materiales y formatos: fanzines y revistas como «Ajoblanco», fotos, grafitis, cómics, películas, pintadas, murales, performances, documentales... No se adaptan, como los anteriores, al «cubo blanco» del museo. Explica Borja-Villel que se abordan dos crisis. Por un lado, se pone en solfa el prototipo medio de hombre (el español bajito y con bigote), representado por José Luis López Vázquez en «La cabina», de Antonio Mercero. Por otro, el modelo de familia tradicional («Ni se compra ni se vende», de Carlos Pazos). La muestra acaba con una sala centrada en la Constitución del 78 y su referéndum.