La Casa Guzmán, en una imagen de 1972
La Casa Guzmán, en una imagen de 1972 - ABC

El propietario de la Casa Guzmán: «Era fría, triste y me costaba una fortuna mantenerla, así que la tiré»

Enrique Guzmán indigna a los arquitectos al derribar un hito del Movimiento Moderno firmado por Alejandro de la Sota para hacerse una casa «más cómoda y barata de mantener»

Guillermo Elejabeitia
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«La casa era fría, triste y me costaba una fortuna mantenerla, así que la tiré y me he hecho una vivienda mucho más cómoda y más barata de mantener», explica a «Las Provincias»Enrique Guzmán Sagarminaga. El argumento parece inapelable, de no ser porque el edificio derribado era una joya de la arquitectura contemporánea española. La Casa Guzmán, obra maestra tardía de Alejandro de la Sota, había sido objeto de peregrinación durante décadas por parte de estudiantes y curiosos. «Mi padre tenía la mala costumbre de invitarles a entrar para que la vieran», reconoce el actual propietario. Cuestión de orgullo por una obra de la que se sentía coautor, y nada que ver con la actitud de su heredero.

Fueron precisamente unos alumnos de arquitectura que acudían a dibujar uno de los hitos del Movimiento Moderno en España quienes dieron la voz de alarma. El edificio había dejado de existir. En su lugar se levanta hoy un caserón de tres alturas, fachadas blancas, tejado de zinc y escaso valor artístico. El derribo ha provocado la reacción airada de la profesión, que ha llorado la pérdida con una mezcla de tristeza e indignación.

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