Los principales arquitectos del mundo le enmiendan la plana al Príncipe de Gales
REUTERS El Príncipe Carlos y su esposa, el pasado día 15 en Escocia

Los principales arquitectos del mundo le enmiendan la plana al Príncipe de Gales

EMILI J. BLASCO | LONDRES
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El Príncipe de Gales la ha vuelto a tener con los arquitectos, que esta vez le han salido en tromba. Arquitectos internacionales, entre ellos cinco ganadores del premio Pritzker, acusan al Príncipe Carlos de «usar su privilegiada posición» para saltarse los procesos «democráticos» de aprobación municipal de proyectos e imponer sus conservadores gustos estéticos en contra de edificios más modernos. El Heredero del Trono británico ha intentado convencer a la Familia Real de Qatar, propietaria de una promoción de edificios en unos antiguos cuarteles del barrio londinense de Chelsea, de la conveniencia de quitar vidrio y acero al aprobado proyecto de Richard Rogers y poner más ladrillo.

De esta forma, según el Príncipe de Gales, el nuevo complejo encajaría mejor en un entorno en el que se encuentra el Hospital Real de Chelsea, construido hace tres siglos por Christopher Wren, el arquitecto por excelencia del Londres neoclásico.

Coautor de la T4 de Barajas

En defensa de Rogers, coautor de la T4 del Aeropuerto de Barajas, han salido Norman Foster, Zaha Hadid, Jacques Herzog, Pierre de Meuron, Jean Nouvel, Renzo Piano y Frank Gehry. A la carta que ayer firmaron en «The Sunday Times» también se sumaron, entre otros, el director de la Tate, Nicholas Serota; el director del Museo del Diseño, Deyan Sudjic, y Richard Burdett, profesor de Arquitectura y Urbanismo de la London School of Economics.

No es la primera vez que el hijo mayor de Isabel II protagoniza una polémica sobre arquitectura. Ya tuvo una muy sonada en 1984, al calificar alguno de los proyectos que se habían presentado para la ampliación de la National Gallery como «monstruoso grano infectado en la cara de un elegante y muy querido amigo». Ahora, de todos modos, la reacción en su contra ha sido más rápida y unánime, sobre todo porque esta vez ha interferido directamente en relación a un proyecto que ya cuenta con una aprobación inicial y está en fase de información pública.

El Príncipe siempre ha defendido la arquitectura tradicional y la ha fomentado en sus dominios rurales, donde exige que las casas sean de piedra y ladrillo. También se manifiesta en contra del diseño moderno de mobiliario y a favor de la medicina alternativa, lo que le enfrenta continuamente con distintos grupos profesionales.

Sólo falta el dictamen final

«Si el Príncipe quiere hacer comentarios sobre diseño en relación a éste u otro proyecto, le urgimos a que lo haga a través del establecido proceso de consulta», indican en su carta los destacados arquitectos. «Es esencial en una democracia moderna», añaden en la misiva, «que los comentarios privados y por detrás de la escena no sean usados para torcer el curso del proceso abierto y democrático que está en marcha».

El Consejo de Distrito ya ha adaptado y cambiado aspectos del proyecto siguiendo observaciones realizadas por funcionarios implicados en llevar adelante el proceso. Igualmente, se han asumido algunos comentarios expresados en la consulta local. También la comisión gubernamental que supervisa las nuevas construcciones ha sido consultada. Ahora sólo queda un dictamen final del comité de planificación del distrito.

«Sus miembros deberían ser dejados solos a la hora de decidir si el plan de Rogers es una adecuada adición del siglo XXI en el tejido de Londres», advierte claramente la carta. Y añade con contundencia: «Los promotores han escogido cuidadosamente en la selección del mejor arquitecto para un proyecto sensitivo. Rogers y su equipo han jugado su parte en el proceso democrático. El Príncipe y sus consejeros deberían hacer lo mismo».

Richard Burdett, uno de los firmantes, se ha quejado de que el Príncipe Carlos, «alguien no elegido» para el puesto que ocupa, se haya saltado el largo proceso previsto por la normativa y haya escrito a la Familia Real de Qatar una carta en la que además «sólo habla de historia, en lugar de cómo con un moderno diseño poder mantener el desarrollo de la ciudad y el vecindario».