Interior del Palacio Martinengo de Venecia, con Cecilia de Madrazo y su hija María Luisa
Interior del Palacio Martinengo de Venecia, con Cecilia de Madrazo y su hija María Luisa - MUSEO DEL PRADO

El Prado publica el epistolario del Archivo Madrazo

Ve la luz la biografía de Cecilia de Madrazo, esposa de Mariano Fortuny, a quien el museo dedica una gran antológica

MadridActualizado:
Cecilia de Madrazo y Mariano Fortuny (hacia 1867)
Cecilia de Madrazo y Mariano Fortuny (hacia 1867)- MUSEO DEL PRADO

Coincidiendo con la antológica que el Prado dedica a Mariano Fortuny, el museo ha editado, con el mecenazgo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, dos libros relacionados con el pintor. Son fruto de un convenio firmado entre ambas instituciones. Por un lado, el primer volumen del epistolario del Archivo Madrazo. En 2006 la pinacoteca adquirió un importante legado a un descendiente de la familia (Juan José Daza) con más de 300 dibujos, 34 agendas-diario, estampas, fotografías, documentos y parte de la biblioteca del patriarca, José de Madrazo. En 2012 hubo una segunda compra, esta vez a Elena de Madrazo, del archivo particular de la familia, que incluía 2.635 cartas de José de Madrazo y sus descendientes. Hasta la fecha solo habían visto la luz los epistolarios de Federico de Madrazo (en 1994) y José de Madrazo (en 1998). Ambos fueron directores del Prado.

El volumen que se edita ahora reúne las cartas remitidas por Mariano Fortuny (31 inéditas), su esposa, Cecilia de Madrazo (144), y los hermanos de ésta: Ricardo (145), Raimundo (33) e Isabel (30). En total, 383 misivas, fechadas entre 1863 y 1919 –dos terceras partes tienen como destinatario a Federico de Madrazo–, cuya transcripción íntegra, edición y anotaciones han corrido a cargo de Ana Gutiérrez Márquez y Pedro J. Martínez Plaza, ambos conservadores de pintura del XIX del Prado. Este epistolario, advierte Javier Barón en el prólogo del libro, arroja nueva luz sobre la personalidad artística y humana de Mariano Fortuny.

Subasta post mortem

Asimismo, se incluye la correspondencia de su esposa y sus cuñados tras muerte del pintor. Resulta interesante conocer los pormenores de la subasta de su legado en la sala Drouot de París en 1875: tanto sus obras como su colección de antigüedades y artes decorativas. Buena parte de ellas se exhibe en la muestra del Prado. Las cartas de Ricardo también aportan mucha y valiosa información. Le conoció muy bien. No en vano, vivió y trabajó con él los últimos seis años de su vida. Le acompañó en sus viajes a Roma, París, Granada y Portici.

Carta de Mariano Fortuny enviada desde Roma el 1 de octubre de 1873
Carta de Mariano Fortuny enviada desde Roma el 1 de octubre de 1873- MUSEO DEL PRADO

La segunda publicación es una biografía de Cecilia de Madrazo y Garreta (1846-1932), escrita por Ana Gutiérrez Márquez, bajo el título «Cecilia de Madrazo. Luz y memoria de Mariano Fortuny». Un título muy descriptivo, pues ilustra la incansable dedicación durante toda su vida a preservar la memoria de su esposo. Nieta, hija, hermana, sobrina, tía, esposa y madre de artistas, siempre estuvo a la sombra de todos ellos. Como explica José Luis Díez en el prólogo, tuvo una educación culta y cosmopolita (en su casa se reunía la intelectualidad de la época), así como una vida acomodada económicamente. Pertenecía a una de las familias más influyentes en la vida artística española del siglo XIX y comienzos del XX. Aunque vivió redeada de lienzos y pinceles, no le dio por el arte. Tenía inquietud musical. Solía tocar el piano en las veladas en casa.

Pero su matrimonio tan solo duró 7 años. Mariano Fortuny murió prematuramente a los 36. Quedó viuda a los 27 años y con dos niños pequeños a su cargo: María Luisa y Mariano, que sería un gran artista, escenógrafo y diseñador de moda. La joven Cecilia se vio obligada a gestionar el patrimonio familiar, lo que le llevó a la venta de la mayoría de los bienes. Acabó sus días recluida con su hija en el Palacio Martinengo de Venecia, adorando al marido-padre muerto. En sus últimas voluntades Cecilia de Madrazo dejó escrito: «He querido llevar bien el nombre de mi marido».