Philippe de Montebello, en una de sus visitas al Prado
Philippe de Montebello, en una de sus visitas al Prado - FRANCISCO SECO

Philippe de Montebello: «El hispanismo está en buena forma»

Con 81 años, afronta otro gran reto en su prolífica carrera: poner en el mapa a la Hispanic Society of America, que este año ha logrado el premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional

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Después de 31 años al frente del Metropolitan de Nueva York, en abril de 2015 Philippe de Montebello (París, 1936) recaló en la Hispanic Society of America. Lo hizo para presidir el Patronato de una institución que, después de más de un siglo promoviendo los valores de la cultura hispana en Estados Unidos, debe revitalizar su presente y asegurar su futuro. Una tarea nada fácil que se ha visto respaldada con la concesión del Princesa de Asturias de Cooperación Internacional, que mañana De Montebello recogerá, junto con el director de la institución, Mitchell Codding, de manos de Don Felipe.

¿Por qué una institución que atesora unos fondos de más de 18.000 obras de arte, entre ellas tres Velázquez, es tan poco conocida?

Durante muchos años tuvimos la mala suerte de tener demasiado dinero y eso hizo que la Hispanic Society actuara de manera muy cerrada, el público no interesaba… Hace treinta años, las cosas cambiaron y la institución se abrió, con préstamos a museos de todo el mundo. Fuimos más activos y ahora vamos a serlo mucho más.

Su labor al frente del Patronato es fundamental para conseguir fondos, lo cual no es nada grato…

Conseguir fondos es siempre difícil. Si usted tiene ideas, las apuntaré con gusto (reímos).

Mi pregunta es: ¿cómo se consigue financiación para un museo?

Mediante legados y donaciones. El número de visitantes no cambia nada en nuestro caso, porque la entrada es gratuita. Es cuestión de crear asociaciones, amigos del museo, darlo a conocer mejor para que nos ayuden.

¿Quiénes son los grandes mecenas del mundo, de dónde vienen?

Vienen del mundo de las finanzas y su interés fundamental es el arte contemporáneo. En nuestro caso, es una cima difícil de escalar.

¿Por qué el arte contemporáneo atrae siempre más que el antiguo?

No, no, eso es un poco una ilusión. El arte contemporáneo no atrae más público que el antiguo. Los visitantes del Louvre, del British, del Metropolitan, de los grandes museos de Europa y Estados Unidos, vienen para ver el arte egipcio, a Caravaggio… Es cuestión de publicidad, de énfasis. En los periódicos sólo se habla de arte contemporáneo. Es cuestión de los medios y de los grandes precios en las subastas. La realidad es que al gran público que va a los museos no le interesa tanto el arte contemporáneo, porque no lo comprende.

¿Deben museos como el Met o la Hispanic abrirse al arte contemporáneo? Se lo pregunto porque a finales de octubre el artista Cai Guo-Qiang va a inaugurar una exposición en el Museo del Prado.

Lo que va a hacer Cai Guo-Qiang en el Prado es una conversación entre un artista contemporáneo y el arte antiguo. Fue idea de Miguel Zugaza, y una muy buena idea. ¿Por qué no? Eso no quiere decir que el Prado vaya a convertirse en un museo de arte moderno. El arte contemporáneo no viene de nada, viene de haber visto muchas cosas. Todos los grandes museos plantean estos diálogos entre el arte nuevo y el antiguo, y deben hacerlo.

Es miembro de honor del Patronato del Prado y cuando estuvo en el Met el museo albergó las primeras exposiciones de Velázquez y Zurbarán en América. ¿De dónde viene su interés por el arte español?

No lo sé. Viene como viene el amor (ríe). Siempre me ha gustado el arte español. Me gustan también otros artes, pero el arte español tiene para mí un interés especial.

¿Cuál es su artista preferido?

Nunca hablo de artistas preferidos porque el arte que prefiero hoy habrá cambiado mañana.

En España ahora vivimos un momento de crisis y particular tensión social. El clima que viven en Estados Unidos no es más fácil, con Trump como presidente. ¿Es el arte el principal refugio en estos tiempos?

Es una pregunta muy difícil. Lo fácil sería contestar que sí, que en momentos difíciles como la América de Trump o los problemas de España y Europa, el gran refugio es el arte. Pero hay que tener mucho cuidado para no exagerar estas cosas. El arte es un refugio, pero no la solución. Esa es la gran diferencia.

¿Debe el arte ser político?

No sé si debe serlo, pero lo es. Se ve en el arte contemporáneo, que es muy político. Su base es lo social, lo político, contemplando el mundo de hoy, respondiendo a las crisis.

Por último, es indudable la importancia de la Hispanic en un momento en el que la cultura hispana lucha por mantener su presencia en todo el mundo. ¿Cómo valora la proyección hacia el futuro de lo hispano?

Yo nunca he sentido que haya descendido la importancia de lo hispano en el mundo. El mundo hispano es muy fértil y en ese sentido no ha cambiado mucho. El problema es político. Por ejemplo, ahora en Estados Unidos el problema tiene tintes raciales y es muy desagradable. Pero el hispanismo está en buena forma.