Los pecados capitales de la Bienal de Venecia
Takashi Murakami, en la Bienal - AFP

Los pecados capitales de la Bienal de Venecia

La espiritualidad en el arte de nombres como Kapoor, Fabre o Vergara se hacen hueco entre el espectáculo y la banalidad de muchas propuestas

NATIVIDAD PULIDO
ENVIADA ESPECIAL A VENECIA Actualizado:

El artista de origen español Ángel Vergara (de Mieres para ser exactos) nos habla de los siete pecados capitales en una interesante propuesta en el pabellón belga, comisariado por otro artista, Luc Tuymans. Ello nos lleva a preguntarnos: ¿cuáles son los pecados capitales de la Bienal de Venecia? La soberbia la ponen comisarios, críticos y artistas-estrella (por cierto, nos topamos con Takashi Murakami en el hotel). La avaricia, los multimillonarios (véase Monsieur Pinault, que colecciona museos de arte contemporáneo en la ciudad -el Palazzo Grassi y la Punta della Dogana- como quien colecciona sellos), que atracan, ellos y sus amigos, sus superyates en los canales venecianos.

¿Pero de quién es el «Luna»?, nos preguntábamos todos. ¡Cuánta ostentación! Eso no es un yate, es una ciudad flotante. Pues de quién iba a ser, de Roman Abramovich, que parece comprarlo todo (yates, cuadros o equipos de fútbol) al peso. La envidia es de quienes nos tenemos que contentar con ver esos yates sin soñar siquiera con subir a ellos. Pereza, la que da recorrer los interminables pabellones, los interminables Giardini y el interminable Arsenale o aguantar las hordas de turistas que toman a diario la ciudad; la gula, la de no poder resistirse a una buena pasta en cualquier trattoria al acabar la agotadora y bochornosa jornada; la lujuria, la que (suponemos, mamá) habrá en las glamourosas fiestas (a las que, por supuesto, no estamos invitados) e ira, la que te entra al darte cuenta de que no lo estamos.

Espiritualidad

Y es que se respira espiritualidad por todos los rincones de la bienal. Solo en Venecia es posible que se codeen, en el cóctel de inauguración, lo más chic del mundo del arte con un padre benedictino. Y se les veía conversando, y posando para las fotos, muy animados. Suponemos que se trataba del abad de San Giorgio Maggiore, que ha cedido un Tintoretto para la muestra en el pabellón internacional. Por cierto, en esta maravillosa abadía diseñada por Palladio podemos ver una instalación «site specific» de Anish Kapoor, «Ascensión». Una columna de humo blanco asciende desde una base circular situada entre el transepto y la nave de la basílica. «Me interesa la idea de la inmaterialidad haciéndose objeto –dice el artista-. También está presente la idea de Moisés siguiendo la columna de humo, la columna de luz en el desierto». Claro que del cielo baja a la tierra en un segundo. También se presentan en la bienal unas tazas de café diseñadas por Kapoor para una conocida marca. Y todo eso junto solo puede pasar en Venecia. ¿Quién dijo que la espiritualidad tiene que estar reñida con el comercio? La bienal es un imán para las marcas publicitarias, que pugnan por tapar las obras de rehabilitación de los palacios con grandes lonas, o ser patrocinadores. Swatch se ha llevado el gato al agua para dos ediciones (la de este año y la de 2013).

Y seguimos hablando de espiritualidad en el arte, tras los pasos de Kandinsky. Cita obligada, la ya célebre instalación de Jan Fabre, «Pietàs». Hasta la Scuola Grande della Misericordia (en lo alto del Gran Canal) nos vamos en vaporetto (petado, pero al menos ya funcionan) para ver esta pieza extraordinaria. Hay que calzarse unas pantuflas para pisar la peana dorada (¿será pan de oro?) sobre la que han instalado cinco esculturas de mármol de Carrara, flanqueadas por sus insectos brillantes. Las cuatro primeras (cuatro cerebros sobre los que hay cruces, tortugas y un árbol) dan paso a su «sui generis» reinterpretación de la «Piedad» de Miguel Ángel. Una vez vista, no se entiende la polémica generada. Ya en el Barroco había piezas mucho más «heavys». Es un emocionante homenaje al maestro. A él le habría gustado.

AP 
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Pero como no solo de espiritualidad vive el hombre (y mucho menos en Venecia durante la Bienal), este es el mejor escaparate del mundo para ver y ser vistos. Por aquí pasan habitualmente muchas celebridades. De momento, este año ya se han dejado caer, además de Abramovich (y su barco-ciudad), Tony Blair, Jacques Chirac, Naomi Campbell, Leonardo DiCaprio, Salma Hayek –esposa de Pinault-... ¿A todos ellos les gusta el arte contemporáneo? Qué mas da... En la Bienal de Venecia eso es lo de menos.