El patrimonio, San Jorge y los Ecce Homos

La intervención realizada, digámoslo ya, es una gravísimo error irreparable.

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La magnífica escultura de San Jorge de Estella ha sufrido un atentado; el Patrimonio Cultural ha sufrido una pérdida. La madera esculpida permanecerá, pero la epidermis de su policromía se ha perdido, sustituida irreparablemente por una piel multicoloreada que degrada su memoria, su percepción, su valor. La intervención realizada, digámoslo ya, es una gravísimo error irreparable. Se podría haber realizado una acción sencilla y respetuosa, que comenzara por el estudio de su historia y sus materiales compositivos, para pasar después a un diagnóstico preciso de sus daños. Y sólo después intentaríamos, modestamente, preservar la materialidad y el espíritu del objeto cultural.

Por desgracia, es un caso muy llamativo pero no único ni extraordinario. Los atentados y la falta de atención hacia el patrimonio son constantes. Y tienen una explicación compleja, multifactorial. Por un lado los españoles no parecemos estar convencidos de la necesidad de proteger nuestro inmenso Patrimonio Cultural. Y quizá por eso, la política no deriva energías suficientes para cumplir un encargo recogido en la Constitución. Las leyes son ineficaces o parciales, el intrusismo y la irresponsabilidad abundan.

No lo soportamos más. Intentaremos que no se produzca de nuevo, y que desde luego no se convierta en el circo de intereses cruzados en que se convirtió aquello del «Ecce Homo» de Borja. Habrá que pedir las responsabilidades que se conjuguen en este caso.

Por mucho que no seamos capaces de evidenciarlo, el Patrimonio Cultural forma parte esencial de nuestra vida, desde el individuo hasta la comunidad: es nuestra memoria (de los padres, de los abuelos, de los lejanos ancestros). Es aquello que heredamos como grupo y que estamos obligados a legar a nuestros sucesores; es algo que deberíamos proteger y defender, pero también de lo que sentirnos orgullosos. El ataque al patrimonio lo es sobre la propiedad comunal, sobre nuestra herencia, nuestra propiedad en suma. Y por tanto debemos responder con enfado ante esta actuación.

Los Conservadores Restauradores aceptamos con resignación la tosca broma que supuso el Ecce Homo, pero ya basta. Estamos enfadados, como es evidente.