Cuatro esculturas de Giacometti, en la sala XII del Prado, con «Las Meninas» al fondo
Cuatro esculturas de Giacometti, en la sala XII del Prado, con «Las Meninas» al fondo - ISABEL PERMUY

Paseo póstumo de Giacometti por las salas más nobles del Prado

Diociocho esculturas y dos pinturas del artista suizo, que nunca visitó el museo español, se miden con obras de Velázquez, El Greco, Zurbarán y Tintoretto

MadridActualizado:

El Museo del Prado ha sido, y sigue siendo hoy, lugar de culto y peregrinaje para los artistas. Por allí han ido desfilando, religiosa y casi devocionalmente, Manet, Degas, Courbet, Whistler, Picasso, Lucian Freud, Francis Bacon... Nunca vino a Madrid, y por tanto nunca pisó el Prado, Alberto Giacometti (1901-1966), uno de los grandes del siglo XX, quien, sin embargo, conocía el Louvre al dedillo. Sí visitó en verano del 39, en el Museo de Arte e Historia de Ginebra, una exposición con obras maestras del Prado. Las que fueron evacuadas de España y pusieron rumbo a la sede de Naciones Unidas en la ciudad suiza, huyendo de los bombardeos en la Guerra Civil. Regresaron a casa el 9 de septiembre de aquel año.

«El carro», de Giacometti, en la galería central del Prado, junto a obras de Tiziano
«El carro», de Giacometti, en la galería central del Prado, junto a obras de Tiziano - ISABEL PERMUY

Pese a no poner un pie en el Prado, éste ha querido en su bicentenario hacer un guiño rindiendo homenaje a Giacometti, que se da un paseo póstumo por sus salas de honor: la galería central, la Sala XII (sancta sanctorum del Prado, presidido por «Las Meninas»), El Greco y Zurbarán... Resulta emocionante ver sus monumentales figuras filiformes paseando, como unos visitantes más, por los espacios más nobles del Prado, o bien inmóviles, ensimismadas, frente a los antiguos maestros. Son dieciocho esculturas y dos pinturas (todas posteriores a 1945) las seleccionadas por Carmen Giménez, comisaria de la exposición.

«Las mujeres de Venecia», de Giacometti, junto a «El Lavatorio», de Tintoretto, en la galería central del Prado
«Las mujeres de Venecia», de Giacometti, junto a «El Lavatorio», de Tintoretto, en la galería central del Prado - ISABEL PERMUY

Las «Mujeres de Venecia» que Giacometti expuso en el pabellón francés de la Bienal de Venecia en 1956 (se exhiben siete de las nueve que hizo, una de ellas de la Colección Alicia Koplowitz, patrona del museo) se miden con uno de sus artistas predilectos, Tintoretto, de cuya obra se enamoró en un viaje a la ciudad de los canales. Cuelgan junto al teatral y cinematográfico «Lavatorio». Tintoretto fue para él «una cortina abierta sobre un mundo nuevo». Dos de sus cuatro monumentales mujeres (se reúnen las cuatro en la muestra), que semejan tótems o diosas primitivas, vigilan a ambos lados de la galería central. Una (ad)mira a lo lejos «La familia de Carlos IV» de Goya. La otra parece otear «Carlos V y el Furor» de Leone Leoni.

Dando la espalda al «Carlos V en la batalla de Mühlberg» de Tiziano (cuentan que el veneciano no se hallaba entre sus preferencias artísticas), un frágil y espléndido «Carro» (1950), cedido por la Kunsthaus de Zúrich, guiado por una escuálida mujer que parece poner rumbo a la sala XII. Sísifo y Ticio, dos de las furias de Tiziano que suelen flanquear este espacio, han dejado paso a sendos retratos de Giacometti, mucho menos feroces: los de su hermano Diego y el profesor de filosofía japonés Isaku Yanaihara, dos de sus modelos habituales. Este último posó para el artista suizo 228 días entre 1956 y 1961.

«Mujer de pie», de Giacometti, ante cuatro monumentales obras del Greco
«Mujer de pie», de Giacometti, ante cuatro monumentales obras del Greco - ISABEL PERMUY

Pero, si no lo visitó, ¿por qué Giacometti en el Prado? «El gran arte no necesita justificación. Giacometti es un gran clásico, cuyas preocupaciones son la figura humana y el espacio que ésta ocupa», dice el director del Prado. «No somos un museo de arte contemporáneo, pero el Prado siempre ha mostrado interés por él», añade Falomir, quien no tiene intención de exponer obras de artistas vivos en el futuro: solo a artistas modernos cuya obra esté vinculada de un modo u otro con el museo. «Giacometti mamó el arte expuesto aquí. Están los artistas que más amó: El Greco, Tintoretto, Velázquez... Su hermano se llama Diego por Velázquez. Exposiciones de Giacometti ha habido muchas y muy buenas, pero ninguna como ésta. Es extraordinariamente bella y sugerente».

En el centro de la Sala XII se ha instalado una plataforma circular donde se exhiben cuatro obras maestras de Giacometti creadas en 1960 para un proyecto que nunca vio la luz en la plaza del Chase Manhattan Bank. Son:«Hombre que camina II», «Mujer grande III», «Mujer grande IV» y «Gran cabeza», todas cedidas por la Fundación Beyeler de Basilea, que además ha prestado para la muestra otras tres piezas. Ninguna mira directamente a «Las Meninas». Cuenta James Lord, buen amigo de Giacometti, que, al parecer, prefería «Las hilanderas» a las mismísimas «Meninas».

«El hombre que camina», de Giacometti, junto a «Las Meninas», de Velázquez
«El hombre que camina», de Giacometti, junto a «Las Meninas», de Velázquez - ISABEL PERMUY

El montaje de la muestra tiene un «fallo»: la plataforma circular, el gigantesco y excesivo «trono» de las «Mujeres de Venecia» y los paneles a lo largo de la galería central, todos en blanco y rodeados de cordones de seguridad, distraen demasiado. Hubiera sido preferible hacerle caso a Giacometti, que prefería ver sus esculturas directamente sobre el suelo. Habrían pasado más inadvertidas, como si fueran unos visitantes más del Prado. Pero a buen seguro los dueños de estas frágiles y costosísimas piezas (algunas superan los 140 millones de dólares en el mercado) habrán exigido taless medidas.

La exposición, que cuenta con la colaboración de la Fundación Beyeler de Basilea, la Comunidad de Madrid, la embajada de Suiza en España y el Grupo Mirabaud y que permanecerá abierta hasta el 7 de julio, continúa en las salas del Greco. Giacometti se mide con él en una sala en la que parece que ambos pugnan por ver quién estiliza y alarga más las figuras. Es un combate de altura. Ante cuatro excepcionales lienzos del cretense para el retablo del Colegio de doña María de Aragón («Bautismo de Cristo», «Pentecostés», «Resurrección de Cristo» y «La Crucifixión») se halla una delgadísima «Mujer de pie» de Giacometti que parece a punto de quebrarse en dos.

«Pierna» de Giacometti, junto a dos de «Los trabajos de Hércules» de Zurbarán
«Pierna» de Giacometti, junto a dos de «Los trabajos de Hércules» de Zurbarán - ISABEL PERMUY

En una sala cercana, que invita a la espiritualidad, cuelgan «Los trabajos de Hércules» que Zurbarán creó para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. En el centro, una «Pierna» de dos metros modelada por Giacometti. Tras la II Guerra Mundial el artista fragmenta el cuerpo humano: «No me era posible hacer una gran figura con sus diferentes partes bien terminadas y, sin embargo, deseaba definir un brazo, una pierna, un vientre. Solo me quedaba la posibilidad de realizar una parte del todo». Carmen Giménez asocia aún más esta pierna con el «Cristo Crucificado con un pintor», que se exhibe en la sala contigua y en el que Zurbarán se autorretrata como san Lucas.

Y muy cerca del Prado, en el vecino Museo Thyssen, se hallan las obras de Balthus, uno de sus grandes amigos.