La «otra ampliación» del Prado
Un visitante observa una de las nuevas obras que puede contemplarse en el Prado /JAIME GARCÍA

La «otra ampliación» del Prado

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MADRIDActualizado:

Tras la ampliación del Prado llevada a cabo por Rafael Moneo con el edificio de los Jerónimos, el museo emprendió su «otra ampliación»: la reordenación y ampliación de sus colecciones. Una de las más esperadas fue la llegada a Villanueva de la pintura del XIX, oculta durante muchos años. Poco a poco se han ido presentando nuevas salas; hoy, las siete últimas, correspondientes a la pintura española del Románico al Renacimiento, patrocinadas por la Fundación AXA. Es una selección poco conocida de las colecciones del Prado, en buena parte porque no procede, como la mayoría de lo expuesto, de las colecciones reales. Entraron casi todas estas obras en el Prado a través de donaciones, legados y adquisiciones. En total, 120: algunas de ellas se muestran por primera vez. Es el caso de la «Virgen de la Leche», de Pere Lembri; dos tablas de Yáñez de la Almedina («San Onofre» y «San Francisco de Asis»); o el «Nacimiento de la Virgen», de Luis de Morales, última compra del museo.

Rafael Moneo

Vamos descubriendo a estos maestros olvidados, y sus obras más destacadas, recorriendo los nuevos espacios de la mano de dos mujeres que se conocen al dedillo esta colección y la enseñan con pasión, Pilar Silva y Leticia Ruiz. Cada sala está presidida por una o varias obras maestras: «Santo Domingo de Silos», de Bartolomé Bermejo -se ha recuperado la tracería gótica, con largueros del Museo Arqueológico Nacional-; el «Cristo bendiciendo», de Fernando Gallego, y un espléndido conjunto de cuadros de Berruguete; la «Crucifixión», de Juan de Flandes; «Santa Catalina», de Yáñez de la Almedina; la «Anunciación», de Correa de Vivar y la «Última Cena», de Juan de Juanes... Cierra esta colección Luis de Morales, «el Divino».

La sala más espectacular -y en la que la sabia mano de Moneo más se aprecia- es la 51c (antes pasaba inadvertida en el museo): se han restaurado los frescos de la capilla de Santa Cruz de Maderuelo (Segovia) -que adquirió el Estado en 1929 y en 1948 se instalaron en el Prado-, en colaboración con el Instituto del Patrimonio Cultural, y recobran su disposición original en un nuevo montaje, que recrea los espacios de la iglesia de donde salieron, las seis pinturas de San Baudelio de Berlanga (Soria), que España recuperó gracias a un intercambio con el Metropolitan. La Rotonda baja de Goya ha sido remozada. Luce espléndida en color terracota con una escultura en el centro («La apoteosis de Claudio») y bustos romanos alrededor.