Un trozo restaurado del «Altar de Pérgamo» - EFE

La octava maravilla de la Antigüedad reabre sus puertas en Berlín

El Altar de Pérgamo estará a disposición del público el próximo mes de noviembre

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La tradición oral berlinesa describe las lágrimas y amargura con que los vencidos, impotentes, vieron salir los camiones del ejército Rojo que transportaban rumbo a San Petersburgo las piezas del grandioso Altar de Pérgamo, como botín de guerra. Solo en 1957 alcanzaría la entonces Alemania oriental comunista, la RDA, un acuerdo de devolución con el Kremlin y los frisos considerados la mejor representación en pie de la cultura helenística, y por extensión de la cultura europea, pudieron regresar a la capital alemana. Desde entonces estuvieron ininterrumpidamente presentes y a disposición del público hasta el otoño de 2014, cuando los ambiciosos planes de renovación de la infraestructura cultural de Berlín obligaron a cerrar su exposición. Por eso el anuncio de la Fundación Cultural Prusiana, que avanza que podrán volver a contemplarse a partir de noviembre, ha sido recibida con alivio y satisfacción. La joya arquitectónica, considerada por muchos expertos la octava maravilla del mundo antiguo, se reabrirá en el interior de un edificio temporal que se levantará frente al Museo de Pérgamo. En esta construcción provisional se exhibirán unas 80 obras de la antigua metrópolis de Pérgamo, entre ellas, el friso de Télefo original que forma parte del célebre altar. Una instalación en tres dimensiones, además, ofrecerá a los visitantes una visión de conjunto de toda la obra.

«Tal vez se busca en los imperios del pasado la justificación para crear los presentes», escribió en sus cartas el arqueólogo alemán Alexander Conze, que en 1878 dirigió las excavaciones en suelo turco y que por orden de Bismark compró al Imperio Otomano los restos del templo por la suma de 20.000 marcos, «las guerras y la expansión de Pérgamo justifican quizá las decisiones tomadas por Europa, combatir para ellos se había convertido en una necesidad, así no solamente se salvaban sino que estaban seguros de existir». El hallazgo de miles de fragmentos, conservados gracias a que habían sido utilizados por el reverso como losas de suelo de viviendas y que serían ensamblados en Berlín posteriormente con ayuda de expertos italianos, ya permitió a Conze intuir que «el ciudadano de Berlín se identificará con el dolor reflejado en el friso, pues ha sido su propio dolor durante el periodo revolucionario». El tema de la obra con la que culmina la historia de la escultura griega, quizá incluso la historia de la escultura a secas, es la lucha entre los dioses y los titanes, la desesperada pelea de una civilización por imponerse que sigue representado los actuales esfuerzos europeos por preservar sus propios valores.

Fue erigido entre los siglo III y II a.C., durante la dinastía de los Atálidas, en un tiempo en que Pérgamo albergaba unos 60.000 habitantes y contaba con el teatro más grande del mundo, con capacidad para 10.000 espectadores. El altar con su gigantesca escalinata y su pórtico está rodeado un friso de 113 metros de largo por 2,3 de alto formado por 116 placas de relieve. Para albergarlo, tras la primera ubicación provisional, fue construido en 1930 el museo que lleva su nombre y que se encuentra en la llamada Isla de los Museos de Berlín. Las obras, que debían terminar en 2019, han sufrido un serio retraso a causa del descubrimiento bajo el museo de una gran estación de bombeo construida en hormigón armado de dos pisos, instalada entre 1910 y 1930 y que tenía que haber sido retirada al terminar los trabajos de construcción. Por algún motivo no se hizo, y el gigantesco artilugio cayó en el olvido. Ahora, para reforzar los cimientos, es necesario sacarla utilizando maquinaria pesada cuyas vibraciones podrían dañar el altar de Pérgamo, por lo que se ha pensado en unedificio exterior provisional que permita exhibir la obra y ayudar a financiar el proyecto, cuyo presupuesto se ha elevado desde los 261 millones de euros iniciales.

El plan de saneamiento del museo, obtenido en concurso público en 2000 por el fallecido arquitecto alemán O. M. Ungers y ahora en manos de un grupo de trabajo de varios arquitectos, prevé, entre otros arreglos, la construcción de una cuarta ala para el edificio. De hecho, esa cuarta ala figuraba en el proyecto original de inicios del siglo XX, diseñado por Alfred Messel y continuado a su muerte por Ludwig Hoffmann. La remodelación integral de la Isla de los Museos fue retomada tras la reunificación en 1990. Altes Museum, Neues Museum, Alte Nationalgalerie, Museo Bode y el Museo de Pérgamo acabarán formando un único complejo con acceso conjunto inspirado en la idea de Schinkel . La fecha prevista de apertura es 2025.