La sala en la que se subastó el Hockney del récord, a la derecha de la imagen
La sala en la que se subastó el Hockney del récord, a la derecha de la imagen - AFP

Hockney se convierte en el artista vivo más caro de la historia

El artista británico supera a Jeff Koons después de que uno de sus cuadros emblemáticas se vendiera en Nueva York por 90,3 millones de dólares

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Hace casi un año, el Metropolitan Museum de Nueva York inauguraba su retrospectiva de David Hockney, uno de los acontecimientos artísticos del último invierno. La misma exposición estuvo antes en el Tate Britain, y rompió los récords de visitantes. Meses después, la feria de arte Frieze colocaba al artista británico en un lugar de privilegio, justo en la entrada de su pabellón principal. Eran tres muestras de su peso indiscutible en el arte contemporáneo, que ahora ha tenido su reflejo en el mercado: el jueves por la noche se convirtió en el artista vivo más caro.

El catálogo de la exposición del Met llevaba en su portada la obra «Retrato de un artista (piscina con dos figuras)» y se vendía por cuarenta dólares en la tienda del museo. La otra noche, en la sede de Christie’s en Rockefeller Center, ese mismo cuadro se subastó por 90,3 millones de dólares, el precio más alto alcanzado por un artista en vida. Hockney arrebata el honor a Jeff Koons, que había conquistado ese cetro hace cinco años con uno de sus perros hinchables, vendido por la misma casa de subastas por 58,4 millones de dólares.

El anterior precio más caro pagado por una obra de Hockney era menos de un tercio de lo que se desembolsó esta semana: 28,3 millones de dólares, en una subasta de mayo. El jueves por la noche, se esperaba que la obra, una de las más reconocibles del británico, se adjudicara por entre 70 y 100 millones de dólares. La mayoría de las previsiones la colocaban en alrededor de 80. El precio todavía fue más alto, porque hubo dos compradores que pelearon codo con codo por llevarse el cuadro.

Fue en una subasta que arrancó con algo de retraso, con los coleccionistas atascados en la inesperada tormenta de nieve que asoló el jueves a Nueva York. También fue inesperado que el famoso cuadro de Hockney –uno de los más reconocibles en una serie de obras con piscinas– se presentara en la subasta sin garantía para el vendedor y sin un precio mínimo establecido por la casa de subasta, algo raro en los tiempos actuales. El propietario de la obra –se cree que es el multimillonario británico Joe Lewis– tenía confianza en que el apetito del mercado por Hockney está ahora desatado, y no se equivocó. El subastador, Jussi Pylkkanen, abrió la puja en 18 millones de dólares, y en sesenta segundos su precio ya estaba en los 60 millones, con una tormenta de ofertas por la obra. En la recta final, los dos compradores que quedaban elevaron la obra hasta su precio final con incrementos de medio millón de dólares, en una puja que se alargó durante nueve minutos.

De momento, la identidad del comprador es un misterio. Igual que el mensaje del propio cuadro, que Hockney pintó durante un periodo de explosión creativa después de romper con su amante de entonces, Peter Schlesinger.